Estás usando una versión más antigua del navegador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Probamos el Pole Dance

logotipo de Women's Health Women's Health 19/06/2017 María Gijón

"Un top y un pantaloncito y nada de cremas corporales, así conseguirás hacer grip –agarre– entre la piel y la barra. ¡Ah! Y, por supuesto, ganas de disfrutar. Eso es todo lo que debes traer”, me indica por teléfono Mini Martí, directora del centro B-Polemic la mañana de mi estreno como pole dancer. Debo confesar que, al principio, la idea de contornearme sensualmente ligerita de ropa en una sala llena de desconocidos no me entusiasmaba. Sin embargo, apenas bastaron unos minutos en la escuela para hacerme cambiar de opinión de forma radical. Así que si eres de las que piensan tal y como lo hacía una servidora, que se quedó anclada en los años noventa, cuando una joven Demi Moore en tanga se marcaba una acrobática coreografía en la barra mientras estrellaba su carrera contra el firmamento con la película Striptease, debes aterrizar urgentemente en pleno siglo XXI.

Aparca los miedos y el ‘qué dirán’. Insisto, no, no debes calzar tacones de aguja ni hacerte llamar Sascha o Candy para practicar pole dance. Estamos hablando de uno de los deportes que más está creciendo en los últimos años y que más números tiene para convertirse en olímpico. ¿A qué esperas para abrir tu mente? Esta disciplina te aportará fortaleza, seguridad y un control físico y mental espectacular. Te lo asegura esta novata que pisó su primera clase con altas dosis de escepticismo y que después de disfrutar con esta actividad y ser testigo del compañerismo y buen ambiente que hay entre sus practicantes solo puede animarte a probar una sesión. Pssst, pssst, querrás repetir. Yo lo hice.

La clase está a punto de empezar. La directora de la escuela me recibe con la mejor de sus sonrisas y enseguida me presenta al que será mi grupo, formado por otra profesora, con la que codirigirá la sesión, y tres alumnas que llevan aproximadamente un año de práctica. “Cada entrenamiento dura 75 minutos y consta de cuatro partes: calentamiento, trabajo específico de ejercicios en barra, creación de una serie coreográfica y artística y, por último, cold down o estiramientos”, me cuenta Mini mientras me indica dónde cambiarme. La escuela está situada en el centro de Barcelona y, aunque apenas cuenta con una sala de práctica con barras y espejos, tiene todo lo necesario para ejercitarte de forma cómoda y en un entorno que transmite confianza y seguridad. Miro los shorts y el sujetador deportivo que tan poco convencida había echado en la bolsa y lo que unos segundos antes me parecía un modelito propio de una spice girl ahora me resulta incluso favorecedor. ¿Será que todavía no he tocado la barra y mi confianza ya está empezando a crecer?

El primer video de instrucción lo realizó Fawnia Dietrich, bailarina que también abrió la primera escuela de pole dance en Las Vegas, ciudad considerada hoy como el paraíso de esta disciplina. A partir de entonces, empezaron a aparecer más centros y su práctica se fue extendiendo. Aunque este boom a nivel mundial se dio hace unos 17 años y en nuestro país –sorpresa– vamos con ocho años de retraso, la cifra de españoles que día a día se atreven con la barra no deja de aumentar. Y es que este deporte no entiende de sexo, edad ni condición física. Así lo explica María Contreras, vicepresidenta de la Federación Española de Pole Sport (FEPS): “Cada vez hay más gente interesada y poco a poco se va perdiendo el estigma. Con el pole dance en poco tiempo se moldea el cuerpo y se adquiere una gran fuerza y flexibilidad. Además, la satisfacción del proceso de aprendizaje, unida al aumento de la autoestima que se experimenta, resulta adictivo para todo el que lo prueba”.

Esto se traduce en que en los últimos cinco años hemos pasado de tener seis escuelas en territorio español a más de 90, según indica Contreras, que además de formar parte de la FEPS es fundadora de la escuela barcelonesa Pole Dance Factory. Al preguntarle qué le diría a aquellas personas que están deseando probarlo pero que no lo hacen por timidez, no se lo piensa dos veces: “Que en la vida una se arrepiente de las cosas que nunca ha intentado y que practicando pole dance se le irá toda la vergüenza”. Se puede decir más alto, pero no más claro.

¿Volvemos a la práctica? Después de un calentamiento que no tiene absolutamente nada que envidiarle al de cualquier gimnasio (ese día tocaba uno centrado en la zona abdominal) y que me deja con las pulsaciones por las nubes, llega el momento de los ejercicios en la barra y, como si de una metamorfosis grupal se tratara, las tres alumnas pasan a convertirse en unas sensuales acróbatas de esas a las que no puedes dejar de mirar. “Mini, yo quiero hacer eso”, le digo ojiplática, a lo que ella me responde: “Poco a poco. Tú vente a esta barra conmigo, que primero debes aprender a hacer grip con zonas clave, como la corva de la rodilla y la sangría (parte opuesta al codo). Luego te enseñaré a escalar en la barra y a hacer giros”. La sesión promete.

© Motorpress Rodale

Este mundo está en constante cambio y día a día aparecen nuevos estilos y corrientes. Los hay para todos los gustos, desde el más atlético y deportivo, el pole sport, a la creatividad del pole art, la sensualidad del pole exotic, el cardio del pole fitness, pasando por el interpretativo pole theatre, explica Mini, “aunque existen muchos más y todos ellos te permiten hacer un ejercicio muy completo, que supone un reto técnico, pero que se realiza de forma divertida”. Aunque si algo subraya la experta es el cambio mental que se produce con la práctica: “Supone descubrir que puedes romper límites que tú misma te habías puesto”. Precisamente por eso este deporte se ha convertido en una herramienta perfecta para tratar a aquellas personas que necesitan un refuerzo físico y, sobre todo, psicológico.

“B-Polemic es la única escuela de pole dance social de todo el mundo”. ¿Eso qué significa? “Tratamos de empoderar a colectivos de mujeres socioeconómicamente vulnerables (como internas de centros penitenciarios o de campos de refugiados) o con la feminidad estigmatizada (como víctimas de un cáncer ginecológico o de violencia de género y agresiones sexuales). Eso sí, el objetivo es realizar todo en un ambiente normalizado, junto a compañeras que, aunque no tengan ninguna necesidad específica, escogen nuestra escuela por la calidad de los servicios”.

El ambiente aquí es como el de una gran familia, en la que cada miembro celebra los avances ajenos como si fueran propios. De hecho, mis compis por un día fueron las primeras en animarme cuando Mini me propuso hacer mis primeras inversiones y seguro que sin sus “¡tú puedes!” y sus “a todas nos han temblado las piernas al hacer eso, es normal” no habría conseguido atreverme a hacer posturas como el escorpión. En ese momento, boca abajo, estirando una pierna y haciendo grip con la corva de la otra, lo primero que se me pasó por la cabeza fue bajarme de un salto y besar tierra firme. Sin embargo, tras el segundo de pánico, enseguida me di cuenta de que tenía a las dos profesoras vigilando para que no me resbalara. Y al mirarme al espejo y ver la figura que estaba dibujando con mi cuerpo, los miedos se convirtieron en euforia.

RUMBO A LA OLIMPIADA

Para muchos, el sinfín de posibilidades y beneficios que ofrece el pole dance todavía está eclipsado por escenas como la ya mencionada de Demi Moore (o la de Ana Obregón en la versión made in Spain en la serie Ana y los siete, emitida por La 1). Por eso desde las escuelas y estudios que componen la FEPS, que está afiliada a la Federación Internacional de Pole Sport (IPSF), se está peleando duro por conseguir que tenga más repercusión y popularidad a través de eventos como el campeonato nacional Pole Challenge –que el pasado abril celebró su segunda edición– e iniciativas como la de convertir el pole sport en deporte olímpico.

Como explica la vicepresidenta de la FEPS, Contreras: “Las negociaciones con el Comité Olímpico Internacional para quese incluya este estilo de pole dance, que cuenta con un reglamento propio, son constantes”. No sabemos si algún día llegaremos a ver a los mejores pole dancers de cada país compitiendo en unas Olimpiadas, pero lo que ya es un hecho es que detrás de cada giro, de cada grip y de cada acrobacia hay una persona valiente que ha conseguido subirse a su podio particular, ya sea haciéndose con el oro por superar sus miedos, la plata por poner su granito de arena en la lucha contra los prejuicios que envuelven al pole dance o el bronce por demostrarse a sí misma que si quiere, ¡puede! Yo llegué a casa con mi metal y, aunque al día siguiente me desperté con agujetas, tengo ganas de volver a volar. ¿Lo hacemos juntas?

Más en MSN:

¿A qué hora salgo a correr? Pros y contras del 'running' de día o de noche

6 hábitos diarios que son tan malos como fumar

Más de Women's Health

image beaconimage beaconimage beacon