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Los arrabales se convierten en un atractivo turístico en Nueva Delhi

EFE EFE 04-07-2014 EFE

Los arrabales se convierten en un atractivo turístico en Nueva Delhi

Nueva Delhi, 20 jul (EFE).- Los arrabales se han convertido en atractivo turístico en Nueva Delhi, donde por un precio módico el visitante puede apreciar en todo su calado el arte de sobrevivir entre excrementos, enjambres de moscas y toneladas de basura.

La capital india se suma así a la lista de ciudades con visitas guiadas por los localmente llamados "slum", un negocio que se disparó en Bombay tras el éxito a fines de la década pasada del film "Slumdog Millonaire" en los Oscar de Hollywood.

El responsable del proyecto es Yoga Shiva, que se define como "un profesional del entretenimiento" y que de la mano de la ONG norteamericana "Proporcionando educación a todos" se ha embarcado en una iniciativa con tintes benéficos pero también empresariales.

"El objetivo -dice Shiva, que hasta hace poco estaba especializado en la organización de bodas, fiestas, banquetes y conciertos- es que una parte de las ganancias se inviertan en mejorar la vida en los 'slum' construyendo escuelas".

"La idea me la dieron algunos empleados en mi empresa de entretenimiento que viven en un 'slum'", explica.

Shiva afirma que desde enero, cuando se inició el programa de visitas, "hemos traído a entre 30 y 40 turistas al mes, sobre todo norteamericanos, holandeses, alemanes, franceses e israelíes, a quienes les movía la curiosidad por saber como se vive aquí".

"Entre nuestros clientes -asegura- hay algunos que están cómodamente alojados en hoteles de gran lujo, de cinco estrellas, de los que cuestan 600 o 700 dólares por noche, pero que no quieren irse sin ver con sus propios ojos lo que han visto en televisión".

Por los casi seis dólares que le cobra Shiva, el turista puede sumergirse en el mar de chabolas -algunas de barro, otras levantadas con ladrillos, hojalata, plásticos y cartón-, que se extiende por el oeste de la ciudad con el nombre de Baba Faridpuri.

El área -que en su conjunto acoge un millón de personas, según Shiva-, está habitada por emigrantes llegados de todo el país y que se ganan la vida como peones, con la chatarra, la venta ambulante o a golpe de pedal de rickshaw o bicicleta con cabina para pasajeros.

La zona no es de las peores de Nueva Delhi, cuya mancha urbana tiene una población cercana a 20 millones de personas.

En contraste con los habitantes de otros asentamientos informales de la ciudad, los de Baba Faridpuri tienen acceso a la red eléctrica, aunque con conexiones precarias, y se aprovisionan de agua en cisternas comunales que son abastecidas regularmente.

El arrabal carece, no obstante, de servicio de recogida de desperdicios, y en las chabolas no hay letrinas.

Así, las deposiciones se producen al aire libre, y con el calor del verano las partículas fecales en suspensión se unen a los gases que desprenden los numerosos vertederos para formar una invisible, asfixiante y pestilente nube tóxica.

De 28 años, Lelita comparte con su marido Vijay y los cuatro hijos de ambos una barraca situada frente a un erial del área.

Los cinco viven del centenar de dólares que viene a sacar al mes Vijay como jornalero y, aunque su chabola es de barro, tienen una foto del panteón hindú como todo ornamento y sólo la componen una alcoba y la cocina, Lelita no se queja de su suerte.

"Quisiera vivir en una casa de verdad", admite.

Pero a renglón seguido declara: soy feliz", una afirmación que fue interpretada de manera distinta por Shiva y por un visitante europeo que el promotor turístico llevó esta semana a conocer la barraca y que era la primera vez que viajaba por la India.

Para Shiva, "los habitantes de este lugar al final del día son felices por estar con su familia. Más felices que una familia rica que tiene miles de dólares. Porque para ser feliz no se necesita dinero, lo que se necesita es amor y a ellos no les falta".

"El dinero importa, pero no lo es todo en la vida", agrega.

Tras mirar a derecha e izquierda, el visitante holandés Aarwin Berns expresa una opinión diferente, y después de subrayar que "es un lugar sucio, donde los niños andan descalzos", anota que "esta gente viene de sitios como éste, no conocen otra cosa".

"Nunca han vivido mejor", apunta el turista europeo, que concluye: "creo que eso es lo que explica su felicidad".

Alberto Masegosa

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