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Los musulmanes quieren "consumir musulmán"

EFE EFE 04-07-2014 EFE

Los musulmanes quieren "consumir musulmán"

Meknés (Marruecos), 13 sep (EFE).- Igual que hay quien busca la etiqueta de "orgánico" o de "denominación de origen" antes de comprar un alimento, cada vez es más corriente entre las personas de religión islámica buscar la que lo identifique como "halal", o sea, lícito para un musulmán.

Hoy abrió en la ciudad marroquí de Meknés el primer Salón Internacional Halal, para poner en contacto a productores de conservas alimenticias, cosméticos y bebidas sin alcohol, y para presentar la nueva etiqueta "halal" que acaba de ser reconocida por el gobierno marroquí.

Los productos "halal" son aquellos que no contienen alcohol, ni grasa o carne de cerdo y que, cuando tienen sustancias cárnicas, deben proceder de animales sacrificados según el rito musulmán (animales degollados por un matarife musulmán y totalmente desangrados).

Actualmente es posible encontrar champán sin alcohol (de marca "Night Orient", mortadela sin cerdo y salchichón de vaca, todos con su correspondiente etiqueta "halal", que también se aplica a los bombones sin brandy, a los champús y jabones sin grasas animales e incluso a las leches preparadas para bebés.

"Es normal, los musulmanes quieren consumir como los demás, porque han desarrollado hábitos de consumo, principalmente en Europa, pero demandan que las cosas que comen sean acordes con su religión", explica Kamel Kabtane, rector de la Gran Mezquita de Lyon, presente en la feria.

La mezquita lionesa se ha convertido en uno de los principales organismos del mundo que expiden certificados "halal", hasta el punto de que ha hecho de esto un negocio que se expande por toda Europa y Asia (Malasia, Indonesia, Brunei), lugares ambos donde los musulmanes conviven con otras religiones y buscan la forma de proteger su identidad.

Solo en Francia, el volumen de negocios de los productos "halal" ya supera los 5.000 millones de euros al año, tres cuartas partes de esta cifra gracias a la exportación y el resto vendido a los más de 6 millones de musulmanes franceses.

"Hace solo veinte años -razona Kabtane- teníamos la carne "halal" escondida en el último estante de un supermercado, al lado de la carne de perros, mientras que ahora disponemos de enormes vitrinas para todos nuestros productos: las empresas lo han entendido muy bien".

Uno de los países más presentes en esta feria de Meknés es Bélgica, país donde los exportadores de productos para musulmanes han creado un "club halal" de empresarios en todas las ferias del sector, desde Singapur hasta Marruecos.

"Este es un mercado en plena expansión porque los musulmanes han adquirido progresivamente consciencia de su identidad. Antes consumían "halal" sin saberlo; pero la globalización y el aumento de nivel de vida hizo crecer la demanda de productos exteriores y las preguntas sobre su licitud" razona Marc Deschamps, coordinador de la delegación belga.

En Marruecos, el gobierno acaba de oficializar su "etiqueta halal": por una cantidad aproximada de 12.000 dirhams (1.100 euros), una empresa solicita la visita de dos expertos, uno del ministerio de Asuntos Islámicos y otro del de Comercio e Industria, quienes pueden expedir el certificado en un solo día si las condiciones están conformes, según explican fuentes del Instituto de Normativas IMANOR.

La "etiqueta halal" no es obligatoria, pero supone un "plus" para los personas más devotas a la hora de elegir uno u otro producto en una tienda, y se ha convertido casi en una necesidad para los empresarios que quieran exportar a países como Pakistán, Malasia o Arabia Saudí, según esas fuentes.

En España, según explicó por teléfono Hafiz Escudero, del Instituto Halal (con sede en Almodóvar del Río, Cordoba) hay cada vez una mayor oferta islámica para el millón largo de musulmanes residentes, pero "aún falta para que el mercado madure".

Según Escudero, el instituto cordobés tiene ya como clientes a 180 empresas españolas, no solo productoras de alimentos, sino incluso de logística o de servicios de ocio u hospitales; casi un tercio de ellos dedicadas a la exportación.

Los musulmanes de España, al igual que sus 1.700 millones de correligionarios en un mundo que ya es casi en su cuarta parte musulmán, representan ciertamente un mercado creciente en un momento histórico marcado por las cuestiones identitarias.

Javier Otazu

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