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Bauza y el esquema de Boca

Goal.com Goal.com 05-10-2016

Facundo Sava propuso esa idea contra Boca en la Copa Libertadores: Oscar Romero por la derecha, Lisandro López por izquierda, Roger Martínez y Diego Milito por adentro. El 4-2-4, en Avellaneda, en un equipo que venía manteniendo resultados como 6-3 a favor sonaban lógicos. Pero no funcionaron. El entrenador rival, Guillermo Barros Schelotto, superpobló la mitad de cancha, tomó el control de la pelota y terminó venciendo 1-0. Pero como si fuera un pase de posta extraño, el director técnico de Boca, al cambiar la temporada, trajo dos centrodelanteros -Darío Benedetto y Walter Bou- y redefinió el lugar para Carlos Tevez, fastidioso de ser nueve en un ataque de tres punteros. Entonces, apeló al 4-2-4 con Centurión y Pavón como extremos. Edgardo Bauza, guiado en esa línea, puso contra Perú la misma forma y padeció lo mismo que los otros dos colegas.

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Argentina puso a Matías Kranevitter y a Javier Mascherano a pastorear en un campo difícil de controlar. Con todavía algo más difícil: al estar ubicados en el espacio de la cancha donde se gesta el juego, en muchos casos, estos dos volantes de marca tenían que moldear el juego del equipo. No es que lo hayan hecho mal: es que entre Nicolás Otamendi y Gonzalo Higuaín faltó equilibrio, aunque sea un término muy utilizado por el técnico. Los celestes y blancos fueron cuatro que atacaban y seis que defendían y el traspaso entre esos dos grupos se daba entre pelotazos largos más que difíciles de controlar.

Durante el primer tiempo, fue una ventaja los ratos de alta técnica de Ángel di María o de Paulo Dybala. Incluso la defensa estuvo un paso más adelante y recuperó más cerca del arco rival como para repetir más veces las secuencias de ataque. En la repetición obtuvo faltas y córners y así llegó el gol de Ramiro Funes Mori. Pero la historia marchó más difícil a medida que el tiempo fue pasando y el equipo cansándose: perdió forma, careció de sociedades, obligó a Higuaín a retroceder cada vez más y en las contras costaba llegar. Ahí se gestó el gol de Perú, que podría haber sido una jugada antes u otra después.

Bauza, de todas maneras, eligió el vértigo. Palo y palo. Apuntó la idea, todavía más, al sacar a Dybala y poner a Ángel Correa, a hacer la misma función, buscando un nuevo desequilibrio que permitiera ganar el partido. La magia siempre es algo que huele rico para cualquier entrenador argentino, incluso si no está sobre el césped Lionel Messi. Que ya que se nombra, vale aclararlo: con el 10, todas estas líneas se asocian más cómodas por sus maravillas. Si no, el 4-2-4 es una decisión muy difícil.

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