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Eibar 0–4 Celta: A Ipurúa le duele la cabeza con la música de Pione Sisto

logotipo de Goal.com Goal.com 24-09-2017

“Las puso con música”. Un célebre entrenador del fútbol profundo madrileño acuñó esa manida frase refiriéndose a un jugador que pone centros al área perfectos para que sus compañeros solo tengan que rematar cómodamente al fondo de las mallas. Pione Sisto se tomó al pie de la letra esta definición para marcar las diferencias en un partido de Ipurua que enfrentaban a dos equipos necesitados de puntos y que distan, en este inicio liguero, de las prestaciones exhibidas en temporadas anteriores.

Desde la banda izquierda colocaba el servicio a pierna cambiada. Todas ellas en jugadas a balón parado. Las dos primeras calcadas. Al bote de una falta. Primero Cabral y después Sergi Gómez se burlaban de la línea trazada por el conjunto eibarrés para entrar desde atrás y superar al vendido Dmitrovic. El argentino lo celebró con la grada y se llevó una tarjeta absurda para un defensa a los once minutos. El catalán se tiró en plancha y solo los analistas deportivos sabrán si tocó o no, lo cierto es que despistó al cancerbero serbio.

El tercer gol, el de la sentencia, fue diferente. Daniel Wass le tocó al danés en corto y éste vio a Pablo Hernández que, de media tijera y con su gorro de natación por los golpes, fusilaba al cancerbero del Eibar que llegó a tocar y que no pudo evitar, como lo hizo anteriormente en un derechazo de Hugo Mallo, que el cuero besara la red por tercera vez. No habían transcurridos ni 40 minutos y el encuentro estaba visto para sentencia. José Luis Mendilibar se pudo acoger a la heroica del único antecedente que se marchó al descanso con tres goles en contra en Primera. Fue ante Las Palmas y los guipuzcoanos empataron a tres. Pero ni por esas.

Al Eibar le faltó identidad. De hecho, por primera vez en la elite a los armeros les han marcado tres goles en jugadas de estrategia. Se vio en la reacción. La segunda parte fue un mero trámite, inhabitual en un equipo guerrillero que no arroja la toalla. Pero también en los detalles. Como las tarjetas de Dani García y de Escalante, ambos desquiciados por un Daniel Wass que no hacía más que viajar entre líneas y enlazar la salida de balón olívica. En la picardía, Fernández Borbalán señalaba falta cada vez que un jugador del Celta besaba el suelo, aparte de no ver un posible penalti sobre Kike García. Decisiones que enervaban al público, a los jugadores y a José Luis Mendilibar, que en el minuto 37 ya gastó un cambio relegando a Inui. Eran los instantes en el que el Tucu estaba más tumbado en el césped que corriendo por él.

También en la efectividad. Charles tuvo el empate a uno en sus botas nada más encajar su equipo el primer gol, pero su disparo se topó con la madera, al igual que un cabezazo de Paulo Olivera a la media hora. Justo antes de que Kike García, el que más se movió en vanguardia, picara ante la salida de Rubén Blanco. La pelota, llorando, no encontró el interior de los tres palos.

Los vigueses necesitaban esta dosis de confianza, en especial, Juan Carlos Unzue para reforzar un proyecto que comenzó con dudas sustentándose simplemente en los goles de Maxi Gómez (que marcó en el segundo tiempo pero en fuera de juego). Solo había ganado al Alavés y el empate del Getafe entre semana a cuatro minutos del final en Balaídos sembró muchas dudas. También se quitó la losa que suponía la racha de cinco derrotas consecutivas a domicilio en liga. El marrón se lo ha pasado a un Eibar que, goleado de nuevo, firma el peor arranque de su corta historia en Primera División con tan solo seis puntos encajando 14 goles en estas seis primeras jornadas. Este año se lo tendrá que trabajar sin colchón.

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El Celta, en la segunda mitad, no sufrió en exceso. El conjunto gallego es el que más puntos ha perdido tras ir ganando en la Liga esta temporada (ocho). Tenía claro que con el 0-1 no le servía y se apresuró en sentenciar para saber lo que es regular en una segunda mitad, aparentemente tranquila. Por si acaso, Daniel Wass aseguró el definitivo 0-4 en un contragolpe donde más que un campo de fútbol parecía una autopista para Hugo Mallo. Máxima goleada a domicilio en liga de los celtiñas desde que venció por 0-5 en Málaga.

John Guidetti tuvo su cota de protagonismo al volver después de su lesión de clavícula. Pero la figura fue Pione Sisto que quiso su golito e Iago Aspas se lo recriminó más de una vez. El danés quería consagrarse. Si no lo ha hecho ya al ser el primer jugador del Celta en dar tres asistencias en un mismo encuentro en Liga en el Siglo XXI, el primer danés en nuestra competición desde que lo lograra el mágico Michael Laudrup.

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