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El año agridulce de San Lorenzo

logotipo de Goal.com Goal.com 31-12-2016

El 2016 de San Lorenzo tuvo de todo con una enorme alegría para la identidad del club y de todos sus hinchas y con una decepción muy grande en la parte futbolística porque siempre dio la sensación de que el equipo estaba para lograr más cosas.

El año comenzó con la llegada de Pablo Guede para tomar las riendas del club tras la partida de Edgardo Bauza, el entrenador de la Copa Libertadores. El llegado desde Palestino de Chile comenzó con el pie derecho su nuevo desafío al conseguir la Supercopa Argentina en febrero tras darle una verdadera paliza a Boca por 4-0 en Córdoba. Sin embargo, el andar irregular en el juego del equipo, la temprana eliminación de la Copa Libertadores en la fase de grupos tras quedar por detrás de Toluca y Gremio al haber conseguido cuatro empates y dos derrotas pusieron al DT en el ojo de la tormenta.

La pelea de Guede con el Pichi Mercier hizo que nunca pudiese entrarle al grupo de lleno y sin embargo juntos lograron acceder a la final del Campeonato tras ganar la Zona 1, pero la inestabilidad en el vestuario y en la cancha quedó evidenciada en el partido por el título ante el imparable Lanús de Almirón. Fue 4-0 para el Granate en el Monumental y la sensación de que el Ciclón nunca tuvo ni la más mínima chance de siquiera plasmar dificultad alguna a los del sur del Gran Buenos Aires.

A sólo seis meses de su arribo, Guede decidió pegar el portazo por diferencias con la dirigencia del club que decidió renovarle el contrato a Mercier desoyendo la recomendación del DT. El balance arroja que el técnico disputó 24 partidos con San Lorenzo donde ganó 11, empató ocho y perdió cinco. Sacó un 56% de los puntos en disputa y sin embargo nunca logró identificarse con el club, sus jugadores y el hincha.

Matías Lammens y su dirigencia se movieron rápido y en junio contrataron a Diego Aguirre como el sucesor de Guede. El uruguayo fue elegido por su vasta experiencia como DT y por estar más aparentado con Bauza que su predecesor.

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Rápidamente la mano del charrúa se vio plasmada: rearmó el equipo, logró la confianza de sus dirigidos y con un plantel “grande” demostró que podía competir en los tres frentes (Campeonato, Copa Argentina y Copa Sudamericana).

El Ciclón tuvo un derrotero imparable bajo el ala de Aguirre que a pesar de estar etiquetado como un técnico “defensivo” logró demostrar un juego asociado y de alto vuelo, con Fernando Belluschi como abanderado. Pudo sacar los mejor de la dupla de atacantes Martín Cauteruccio y Nicolás Blandi, sostuvo y mejoró a Sebastián Blanco y encontró en Franco Mussis el equilibrio perfecto en el mediocampo para que Néstor Ortigoza pueda quedar más liberado para armar juego junto al santafesino.

Sin embargo, la campaña de Aguirre en estos primeros seis meses dejó un sabor agridulce al quedar eliminado en cuartos de final de la Copa Argentina con un equipo con menos responsabilidades como Gimnasia, y en la misma semana despedirse de la Copa Sudamericana al caer en semifinales con el novato Chapecoense. Para colmo una semana más tarde cayó con Boca en el Nuevo Gasómetro y el puntero parecía alejarse aunque luego logró reponerse y cerrar el año entre los equipos que pelean en los primeros puestos.

Por el lado institucional, el club tuvo una de las alegrías más grandes de su historia: tras pelearla por mucho tiempo la dirigencia, con Matías Lammens y Marcelo Tinelli a la cabeza, logró firmar el 14 de diciembre el boleto de compra-venta de los terrenos linderos a la sede social con la empresa Carrefour. Y es quizás el mejor regalo que le pudieron dar al hincha, porque no hay trofeo que logre igualar el sentido de pertenencia y la recuperación de un lugar que hace a la identidad de San Lorenzo de Almagro.

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