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El crack que le robó luces a Messi y se le apagó el talento

logotipo de Goal.com Goal.com 28-07-2017

Era siempre el jugador más chico de la cancha. Poca fuerza, muy bajito. En el cuerpo a cuerpo casi no tenía chances. Carecía de potencia. Afuera de la cancha no llamaba la atención. Pero, cuando agarraba la pelota, Leandro Depetris le hacía entender a quien lo viera que no sólo era un muy buen jugador: tenía destino de grandeza. Una zurda endiablada, pero no del que puede rematar con precisión o dar una buena asistencia: del que se saca tres o cuatro de encima como si fuera fácil. Así jugaba, con un entendimiento del juego y una facilidad para moverse fuera de lo normal para un chico de 10, 11 o 12 años.

Newell's parecía un panteón de futuros cracks. No iban sólo los padres o los amigos cercanos a la familia a ver los partidos de los chicos. Las canchas de Malvinas, fútbol siete con mucha tierra y poco pasto que el conjunto leproso usaba para sus divisiones inferiores, se llenaban. Curiosos que cazaban los rumores de que había pibes que la rompían. Gente del barrio que se había acostumbrado a disfrutarlos. Entrenadores o empresarios que escuchaban las descripciones y necesitaban comprobarlo.

En la categoría 87, repleta de cracks, jugaba un tal Lionel Messi. En la 88, Depetris. Los dos tenían características parecidas. Zurdos, muy chiquitos, habilidosos y con un estilo de juego nacido desde el polvo de los potreros de Rosario.

Pero, en esa época, a muchos les llamaba más la atención el pibito de la 88 que el de la 87.

Casi 20 años después, uno se posiciona hace demasiado tiempo como el mejor jugador del mundo. El otro lucha por seguir viviendo del fútbol. Donde sea. Como pueda.

Pensó bastante esta semana en Claudio Echeverri, el chico de 11 años de River que le hizo cuatro goles a la Juventus en un torneo amistoso y sacudió al mundo por la diferencia que marcaba. "Yo a esa edad hacía las cosas que hacía este chico o algo mejor también, pero pasaron un montón de cosas en el medio y como que no...no sé, no me sale la palabra", le dice Depetris a Goal. A los 29 años, se prepara para debutar el próximo viernes en Trebolense. Del Milan, hace veinte años, a un club amateur de la Liga Departamental de Fútbol de San Martín, en la provincia de Santa Fe.

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El talento se puede apagar

"No había margen para errrarle, eh, pero le terminamos errando", dice Depetris. Hace ya varios años que vive con la idea de que fue mucho menos de lo que se perfilaba, pero probablemente no sea lo que más lo ata, a lo que le da vueltas una y otra vez. Por cómo habla, por la forma en la que describe la historia, por los detalles y la autocrítica, la pregunta que parece perseguirlo es siempre la misma: ¿qué pasó? ¿Cómo pudo haber salido esto 'mal'?

"La primera vez que jugué en el San Siro, en un preliminar de Milan contra Juventus, había 70 mil personas. La rompí. A los 11 años con la pelota pensaba mucho más rápido que un chico a esa edad. Simplemente ellos no lo podían hacer", comenta Depetris, el único jugador de Trebolense que vive exclusivamente de su sueldo del club.

Desde los 11 hasta los 14, Depetris vivió en Milán al menos tres veces al año. El club italiano le pagaba a él y su familia los pasajes, además de darle todo lo que necesitaban para vivir por unos 20 días allá. El argentino participaba de los entrenamientos del plantel, jugaba algún torneo amistoso. A los 14, cuando el equipo que dirigía Berlusconi aceleró para ficharlo, todo salió mal. Desde el entorno de Depetris pidieron bastante más que un lugar para vivir y la comida. El trato no funcionó y el jugador regresó definitivamente a la Argentina, a jugar a la novena división de River .

"Hemos hecho todo mal...las decisiones de mi padre fueron equivocadas, irme a Italia solo de muy chico fue malo...nunca tuve probemas de alcohol, drogas o mal comportamiento...estoy lejos de ser un Centurión...a lo mejor necesitaba un acompañamiento psicológico o de mis padres y cometimos errores...", dice.

¿Puede fallar un jugador como el crack de River que bailó a Juventus? ¿Es posible que un talento como Messi quede en el camino? ¿Pasa que un chico como Depetris no termina de explotar?

Sí.

A los 14 años quería agarrar la pelota en la mitad de la cancha y eludir a todos los rivales como lo hacía a los 11. No le salía. A los 15, consideraba que ya tenía que estar en Primera. Lo frustraba. El cuerpo le empezó a cambiar. Dejó de ser rapidito y explosivo. El gimnasio le engrandeció los músculos, le durmió las fibras rápidas. Perdió agilidad. El quiebre no se dio de un día a otro, el desgaste se sintió con el tiempo. En un momento, percibió que ya no había vuelta atrás. Había dejado de ser definitivamente el jugador que se perfilaba para conquistar el mundo . En séptima división no jugó más de enganche, lo pasaron a la banda izquierda para que en la posición de 10 se ubicara un compañero que era de físico parecido: Diego Buonanotte.

A esa altura, Depetris había perdido todo lo que lo hacía diferente: desfachatez, agresividad en el mano a mano, explosión y ganas de pasar a todos por arriba. Sin darse cuenta, la presión empezó a jugar en su cabeza como una enfermedad que le fue devorando sus grandes virtudes. Su mamá era docente, su papá tenía buenos trabajos y sus hermanas mayores iban camino a ser profesionales. No, él no tenía que 'llegar' para salvar a una familia. Pero la necesidad de ser el mejor, de demostrar siempre, terminó por apagar el gran talento.

"Yo a los 11 años era más famoso que Messi. Iba a una cancha y había 2000 personas que me iban a ver a mí. A los 12 me sacaban fotos, no me dejaban caminar, notas de acá y allá...sentía una presión de demostrar...y necesitaba un cuidado especial para mi cabeza", comenta con un tono melancólico, pero también sereno, como del que analizó muy bien todo.

"Con Messi jugamos varias veces en contra en entrenamientos. Éramos muy parejos en esa época. Con Newell's hicimos una gira en Perú, con la 87 y la 88, en la que Messi no pudo ir, y yo jugaba para mi categoría y la más grande...y muchas veces hasta jugaba mejor con los más grandes", dice. Y agrega: "Ojo, eh, no me llena nada eso...".

Juega todos los días con una ambigüedad: por un lado, la espina de no haber sido más. Por el otro, el disfrute que representa ser jugador de fútbol profesional (pasó por Brescia, Independiente, Gallipoli, Chioggia, Sportivo Belgrano, Triestina, Alvarado, Tiro Federal y Sportivo Patria, entre otros). "Obvio que es divertido...si estás bien de la cabeza...¿cómo no va a ser divertido? Jugás a la pelota, entrenás tres horas por día, te pagan un montón. En mi nivel es otra cosa, obvio, pero es linda la vida porque seguís entrenando las tres horas...si en la Primera te pagan 100, acá te pagan dos...y tenés que rezarle a Jesús para que te paguen...".

Pero, como en todo, hay arrepentimientos, deseos de haberlo hecho de otra manera, ideas de 'qué hubiera pasado si...". "Me arrepiento de no haber disfrutado un carajo...de haber perdido la desfachatez, la de que no te importa nada...a lo mejor necesitaba ayuda de un profesional", comenta. Y cierra, otra vez, con la sensación que nunca pudo llegar a sentir. La certeza de formar parte de un grupo selecto. Él mismo vuelve a comparar su camino con el del compañerito de la categoría 87: "Messi hizo lo que yo tendría que haber hecho eso. Él se quedó en Barcelona y apostó a eso, se la jugó...yo no fui...Eso no quiere decir que si hubiera hecho eso iba a estar a esa altura, eh".

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