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El destino cíclico de Ricardo Gareca

Goal.com Goal.com 06-10-2016

Fue nombrado técnico de la Selección peruana y el 66% aprobó su designación. No ganó sus dos primeros amistosos y algunos empezaron a cuchichear sobre su falta de idoneidad. Ganó una medalla de bronce en la Copa América 2015 y el 95% respaldó su labor a pie juntillas. Perdió sus dos primeros partidos de Eliminatorias y los que son opositores a todo fueron preparando el festín. Logró su primer triunfo en casa ante Paraguay y los elogios reaparecieron. Sacó apenas un punto ante Venezuela y Uruguay y la palabra eliminación pasó a formar parte del glosario de los peruanos. Venció en dos amistosos ante inferiores selecciones centroamericanas y las críticas retrocedieron a la espera de un nuevo tropiezo. Derrotó a Brasil en la Copa América Centenario y el país enteró se convirtió en un carnaval brasileño. Perdió ante Colombia por penales e igual su aprobación rondó el 76%. Sucumbió ante Bolivia en La Paz y el tono morturio repareció. Le ganó a Ecuador en Lima y los titulares optimistas resucitaron junto al número de ejemplares vendidos.

Ese resumen burocrático, antojadizo y recortado de lo que ha sido la era de Ricardo Gareca a poco de enfrentar a Argentina no incluye conceptos como desempeño, coherencia y firmeza. Esos tres ítems exigen valoración. Y eso no cabe en el titular del diario tras la derrota.

1) El desempeño de la Rojiblanca pasó por varios picos, con evidentes mesetas, pero siempre con una búsqueda por la mejora. Más allá de errores puntuales, la sensación fue casi siempre la misma: así como juega Perú, al margen de la derrota, siempre se estará más cerca de ganar.

2) La coherencia se mantuvo inalterable. Tanto ante resultados alentadores surgidos de las dos últimas Copas América, como en los descalabros ocurridos en las Eliminatorias, Gareca no varió su discurso, ni su estilo de juego. Apostó por hacer de la Selección peruana un equipo competitivo y aplomado desde la escasez de recursos.

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3) La firmeza de Gareca es inobjetable. Sin recurrir al escándalo o a la lapidación pública, reconfiguró su lista de convocados a partir de la exclusión de los consagrados cuestinados por la edad, la falta de entregada, la ausencia de resultados y la indisciplina. En silencio organizó un plantel fiel y proactivo acorde con su propuesta futbolística.

Este jueves deberá enfrentará a Argentina, su país de origen, en un partido que no es definitorio, pero que podría dejar patente los avances logrados, pese a que aún son invisibles al ojo resultadista. Gareca llega a este punto con el respaldo de una hinchada que se debate entre el escepticismo y la ilusión, que olvida pronto y que recuerda lo necesario. Que tiene en la memoria histórica aquel gol suyo que le quitó a la Selección Peruana la clasificación a México 1986. Y que cree que su llegada a la Rojiblanca es un guiño tardío del destino, un mensaje encriptado de posible redención.

Treinta y un años después, Gareca vuelve a protagonizar un partido entre Perú y Argentina y esta vez no quiere estropearle a los peruanos el sueño de llegar a un mundial.

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