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El fútbol da lecciones

Que Pasa Que Pasa 29-06-2016 Danilo Díaz

En menos de un año Chile fue dos veces campeón de América, más allá de la polémica estéril por el nombre y el valor de la corona. En estos casi doce meses, vivimos la hecatombe de la caída del corrupto Sergio Jadue y su pandilla, la partida de Jorge Sampaoli, el advenimiento de un nuevo directorio y de Juan Antonio Pizzi al mando de la selección nacional. Demasiado para un lapso tan breve, que en medio trajo las victorias sobre Brasil y Perú en el inicio de las eliminatorias para Rusia 2018, el empate frente a Colombia y la derrota ante Uruguay, que marcó la amarga despedida del nuevo técnico del Sevilla.

© Agencia Uno

En ese contexto, Pizzi se hizo cargo de la Roja. Debió asumir como bombero para los partidos con Argentina en Santiago y Venezuela en Barinas. Derrota y victoria fue el saldo inicial. El análisis serio no podía sacar grandes conclusiones. La Copa América Centenario debía establecerse como el parámetro del entrenador que obtuvo el título con Universidad Católica en 2010, el último torneo largo en nuestra Primera División. Y recalco que el escenario era el campeonato que acaba de concluir en Estados Unidos y no los amistosos.

Pero la inmediatez, los clicks en las páginas web y los memes no son parientes cercanos de la reflexión y la prudencia. Entonces los enjuiciamientos llegan sin calibrar consecuencias. Por eso la derrota con Jamaica, en el amistoso en Viña del Mar, y la caída ante México en San Diego provocaron un clima espeso antes del estreno con Argentina.

Las voces especializadas reportaron que el partido con los aztecas era lo mejor que hizo la selección en el ciclo de Pizzi, recobrando el buen nivel exhibido en la Copa América y en los dos pleitos iniciales del camino a Rusia. Pero no fueron escuchados. Es entendible que los medios de información general y los aficionados tomaran como bandera a quienes presagiaban la caída del Imperio Romano. Es más entretenido y es polémico. El debut con Argentina y un categórico 2-1 en contra abonó estas opiniones.

El triunfo justo sobre Bolivia (2-1, con un penal a favor que no fue) sirvió para calmar las aguas en un equipo que no estaba acostumbrado a perder. Después vino la clara victoria sobre Panamá (4-2), la noche soñada e inolvidable con México (7-0), la consolidación en la semifinal con Colombia (2-0) y el éxtasis frente a Argentina en la definición por penales, después de empatar sin goles en 120 minutos.

Lo que no había ocurrido en un siglo sucedió en menos de 12 meses. La tarea era compleja, porque existían dudas. Sampaoli se va porque ya no veía respuestas individuales y grupales a su rigurosa metodología. El núcleo duro de la selección había crecido, tenía plena conciencia de su poder y el desgaste para el entrenador y su cuerpo técnico era evidente. Lo sostenían incluso ellos. Por sus decisiones y formaciones, nos habíamos convencido que no se disponía de más de 15 futbolistas aptos para la arena internacional.

Es en este punto donde empieza a notarse la mano de Pizzi. Porque una cosa es llevar 20 jugadores de campo y otra muy distinta pensar en usarlos. Uno de los mayores méritos del santafecino es transformar un gran equipo (11 y los tres cambios) en un buen plantel. Ahí se dio un paso gigantesco y necesario. Se requería ampliar el espectro.

© Agencia Uno

Un segundo factor estuvo en la seguridad defensiva. Pocas veces se vio a Claudio Bravo enfrentar delanteros mano a mano, los rivales en general tuvieron muy pocas opciones. Eso refleja una mejoría. Ya casi no vimos a los defensores rojos corriendo hacia su portería con muchos metros por cubrir o apostando por el uno contra a uno en el fondo.

En el ciclo anterior se tomaban más riesgos y funcionó casi siempre. Hoy la mano es distinta y en la medida que pasaron los partidos el sistema se fue afianzando. En la zona de los volantes es quizás donde hubo un mayor cambio. Toco y voy; voy y vuelvo fue la consigna, abandonando la opción de un enganche o un pasador más adelantado, como sucedía con Jorge Valdivia. Los laterales siguieron yendo al ataque, pero con mayor control. Primero defendían y después avanzaban.

La presión en todos los sectores del campo distinguió al elenco de Pizzi. México lo sufrió dos veces, Colombia igual y con Argentina se aprendieron las lecciones. Retroceder detrás de la línea de la pelota y desde ahí comenzar su recuperación es otro aspecto que puso en marcha el nuevo comando técnico. Destacable también su mesura y conducción desde la banca. Esa tranquilidad que nace de los jefes se notó. Los jugadores no respondieron a las patadas llenas de frustración de mexicanos y colombianos, o a las planchas para amedrentar de los zagueros argentinos.

Antes, el equipo prendía con agua. Arturo Vidal “se llevó” a Marcos Rojos. Esto es nuevo.

TOMAR AIRE

Chile disfruta de un grupo de jugadores excepcionales. Nadie cuestiona a esta altura que Alexis Sánchez, Arturo Vidal y Claudio Bravo están entre los mejores de nuestra historia. En la Roja refrendan los que hacen cada semana en la súper elite. Sumo a Charles Aránguiz, el más grande de nuestros futbolistas anónimos.

Vienen exigencias duras. Los 18 puntos en disputa entre septiembre y noviembre marcarán el derrotero de las clasificatorias a Rusia. Hay que acelerar la búsqueda de nuevos jugadores. Se sumaron como opciones para competir a José Pedro Fuenzalida, Edson Puch y Pedro Pablo Hernández. Enzo Roco, Erick Pulgar y Nicolás Castillo parecen encaminados a dar el salto. Se espera la recuperación de Matías Fernández, Felipe Gutiérrez y Marcelo Larrondo. Sería muy bueno que Pizzi dispusiera de los jugadores del medio local para un proceso de entrenamiento en enero, con un par de partidos (lo mejor se hizo en 2008, con la gira de Marcelo Bielsa por Japón y Corea del Sur) y Chile volviera al “Esperanzas de Toulon”.

La Copa Confederaciones y las eliminatorias para Rusia son los dos próximos pasos. Complejos y motivantes. La Roja posee una impronta, aunque nunca se debe olvidar que los niveles individuales son los que marcan el destino de los equipos. El fútbol, como siempre, nos entrega una nueva lección: no se puede emitir juicios a la primera de cambio.

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