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El líder que no necesita palabras

Goal.com Goal.com 17-06-2016

No había manera: la rompía y era el extranjero más joven en debutar en la Primera División del fútbol argentino. Los medios querían saber quién era, cómo llegó, cuál era su historia. Pero él no quería saber nada, pretendía pasar desapercibido.

El crack de Colombia tiene el don de jugar ante miles de personas y asumir la responsabilidad futbolera de un país. Pero, cuando se acerca un periodista con un micrófono, aparecen las dudas que adentro de la cancha no existen. Algunas palabras que se repiten, una idea que está en la punta de la lengua pero no se termina de concretar. James Rodríguez, una de las grandes estrellas del fútbol, es tartamudo.

No es una casualidad que adentro de la cancha le salga todo tan bien. Cuando era chico, se acostumbró a meterse a un campo de juego, olvidar lo que había alrededor. Y resolver todo lo de afuera ahí, con una pelota . Nació en Cúcuta, pero a los tres años tuvo que mudarse cuando su mamá, Pilar, se separó de su papá, Wilson James Rodríguez. En Ibagué, su padrastro, Juan Carlos Restrepo, lo llevó a una escuelita de fútbol. Tenía sólo cinco años.

La tartamudez crónica, que suele durar para siempre, se puede dar por un acontecimiento estresante o de forma natural. La historia de James, más allá de la separación, no encuentra eventos traumáticos. Su mamá, que hoy figura cada dos por tres en entrevistas, lo envolvió, lo protegió. "Sea el primero en el entrenamiento, no trasnoche viendo televisión, aprenda todo lo bueno. Dios lo bendiga", le decía ella cuando él se hacía un lugar en Banfield. Tuvo una infancia normal: un alumno regular, un jugador de fútbol excepcional.

Juan Carlos, el padrastro que hizo de papá, habla con ternura y sesgo sobre la tartamudez de James: "De pronto lo que él hace es que piensa muy bien la pregunta, la sopesa bien para no entrar en los clichés de todos los deportistas. Es lo que le hemos dicho desde pequeño: ‘No te encasilles en las respuestas, piensa la pregunta, analiza el entorno y las circunstancias en las que te las están preguntando y en las que vives'".

A James le sale más fácil reírse y bailar que hablar. Casado con Daniela Ospina, hermana del arquero de la Selección Colombia, tienen una hija de tres años, Salomé. Lo del 10 de Real Madrid es la mesa chica. Estar con los que quiere, no abrirse al mundo demasiado.

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Los que lo conocen dicen que, en la intimidad, James no tiene problemas para hablar. Con los suyos, es uno más. Con desconocidos tiene mínimas limitaciones, pero la versión de hoy es mucho más sólida que la de hace unos años, cuando ni siquiera quería dar entrevistas. El colombiano hizo tratamientos con logopedas para dejar de lado el trastorno. Y mejoró mucho.

En Colombia es el que se encarga de la pelota. No arenga ni motiva pero, cuando el equipo necesita que se haga cargo, él pone el pecho. Pekerman le dio la cinta a fines del 2014, después de su tremendo Mundial. "Demostró que tiene mucha madurez pese a ser joven. Asumió todas las responsabilidades que tiene como capitán y resolvió bien todo lo que logró en el Mundial", dijo el DT de la Tricolor. Nunca se la volvió a sacar. Durante la fecha de Eliminatorias, en marzo, el entrenador argentino hizo foco en dos conceptos: "Se dicen muchas cosas sobre James, pero por talento y compromiso es un verdadero líder".

Talento y compromiso. "Con la Selección juego hasta cojo" , dijo después del partido de Paraguay, en el que la rompió.

Se expresa a su manera. Así lo entienden sus compañeros, su entorno, su entrenador en la Selección. Así lo admira un país. Es el líder que no necesita palabras.

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