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Messi enamora a los argentinos

Goal.com Goal.com 31-08-2016
© Proporcionado por Goal.com

Los Avengers quisieron ponerlo en jaque. Marvel recicló los personajes y enamoró nuevas generaciones, que empezaron a vestirse de Capitán América. Spiderman, entonces, fue el gran contrincante. Pero a Lionel Messi, de rubio y con los brazos tatuados y los botines coloridos, le sobra a este siglo: apenas en el comienzo de esta era, puso la escala muy alta para el que quiera imitarlo hasta como ídolo. Porque la agarra y tira un caño, porque apenas le alcanza con mover de un lado al otro el botín zurdo para dejar parado al rival, porque clavado a la raya parece inabarcable, porque toca la pelota con la punta del taco, porque le pega con el alma y abre la garganta para llenarse de gol.

Mendoza tiene a un superhéroe. De un miembro de Marvel, lo diferencia, al menos dentro de lo científico, no ser un mutante. Siendo humano, en el punto máximo de humanidad que mostró en su carrera como futbolista, puso la cara contra el césped del Met Life, en Nueva Jersey, y lloró muchísimo por perder la final contra Chile de la Copa Centenario. Salió y le dijo a la prensa que renunciaba. 47 días de dolor. Hasta que se sentó con Edgardo Bauza y se convenció de no haberse ido.

Javier Mascherano, quien lo elige como "su mejor amigo del fútbol", dice lo que cualquiera piensa: "Sería injusto que él y la gente se perdieran de verlo en la Selección". Barcelona sugirió que no jugara producto de una molestia. Messi decidió que sí. Que jugaría de titular. Y se cargó el partido, en el Malvinas Argentinas, en el hombro. Una vez más, explicó por qué es líder futbolístico que, en definitiva, es lo que importa y de eso se trata.

"Prefiero perder con vos que perderte a vos", dice una bandera. La nostalgia late hasta que se vuelva creíble que está de nuevo. Pero quién puede asegurar que fue real lo que pasó. Si Messi, que estaba afuera, apareció, ahora, rubio, como si fuera un superhéroe, corriendo por toda la cancha, regalando fantasías, incontrolable, igualando la expulsión de Dybala y haciendo que Uruguay y Argentina jueguen parejos, dándole una palmada en la cabeza al propio Dybala para que se quede tranquilo.

Porque ahí está Messi, a pleno esplendor, con el brazalete en el hemisferio izquierdo, discutiendo con el árbitro, como si la energía no se lo hubiera consumido. Como si la magia no se hubiera acabado. Como si lo peor no hubiera sucedido. Porque, menos mal, moviendo los tobillos, con el rival de pie delante, su presencia lo vale todo: que ni compitan los Avengers.

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