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Mundial de 48 equipos: pierde el fútbol

logotipo de Goal.com Goal.com 10-01-2017

Gianni Infantino tomó el cetro de máximo dirigente del fútbol casi por descarte. Caído el imperio de Joseph Blatter por las acusaciones de corrupción -caso que arrastró también a Michel Platini, el primero en la lista de sucesión- el suizo de origen italiano apareció como una cara nueva que venía a "restaurar la imagen de la FIFA".

Por supuesto que Infantino no era un paracaidista. Ex secretario general de la UEFA, y hombre de confianza de Platini, confirmó su candidatura sólo cuando se conoció la sanción al francés (seis años sin poder participar de actividades ligadas al fútbol por "pago desleal). Desde esa posición inicio su campaña política con viajes y promesas y consiguió adeptos en África y Asia para quedarse con el sillón presidencial en febrero de 2016. La Conmebol, arrasada toda su cúpula dirigencial por los casos de corrupción, también cerró filas detrás del suizo.

Este martes, tras el anuncio de la FIFA de elevar de 32 a 48 la cantidad de selecciones que disputarán el Mundial 2026, Infantino comenzó a pagar los favores. Más selecciones en la Copa del Mundo significa más apoyo, y así cimienta su poder para gobernar durante varios años.

Pero más allá de la necesidad de incrementar las bases de su poder, y del negocio que implica una mayor cantidad de partidos al momento de vender los derechos de televisión y la publicidad, la idea de Infantino falla en el aspecto más importante para el público común: el espectáculo.

Un incremento importante (33%) en la cantidad de selecciones que participan del Mundial conlleva irremediablemente en una baja en el nivel de los partidos de la primera fase. Más teniendo en cuenta el formato planteado, con 16 grupos de tres. Esto significa que habrá 16 cabezas de serie contra los ocho actuales. Así, no habrá choques en primera instancia entre los supuestos 16 mejores equipos del torneo. Esto sumado a que las selecciones que se sumarán serán de mediana jerarquía para abajo. Por su lado, las Eliminatorias perderán gran parte de su atractivo ya que las grandes selecciones estarán virtualmente clasificadas.

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Otro punto en contra de los grupos de tres equipos (clasifican dos) es su definición. El seleccionado que juegue los dos primeros partidos estará en desventaja ante los otros dos de su zona, que jugarán sabiendo el resultado que necesitan para clasificar. Esto puede acarrear amaños de partidos, ya que sabiendo el resultado que necesitan, las dos selecciones que jueguen el último choque del grupo podrían arreglar el partido. Mientras, el tercero en discordia mira por televisión si sigue o no en el torneo...

Tampoco queda claro cómo serán las sedes. Difícilmente un país organizador tenga 16 estadios en 16 ciudades para albergar un torneo de esta jerarquía. Brasil y Sudáfrica sufrieron las consecuencias de haber puesto un dineral para remodelar o hacer estadios de cero que luego del Mundial no se utilizaron más. Esto agobió las economías de ambos países, que aún hoy sufren sus consecuencias, y no trajo los beneficios que la FIFA siempre prometió. El Estadio Mané Garrincha de Brasilia y el Soccer City de Johanesburgo son ejemplos de estas gigantescas obras de infraestructura que hoy están prácticamente en desuso. ¿Qué países contaría con una economía y una infraestructura adecuada para organizar un evento semejante? Apenas un puñado.

Párrafo aparte para la idea de definir por penales los partidos que terminen empatados en la fase de grupos. Pero esto es apenas un asterisco de una mala idea en general que atenta, claramente, contra el espectáculo.

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