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Nunca más en el piso

logotipo de Goal.com Goal.com 31-12-2016

No bastó con una. La generación dorada de la selección chilena ganó, en Estados Unidos, su segunda Copa América consecutiva.

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La hazaña se materializó luego de un inicio lleno de dudas. Ante Bolivia y Panamá, el nivel futbolístico no fue el esperado. Las expectativas del medio y de la gente eran demasiado altas y las cosas no se estaban dando.

Todo cambió en la fase final. Goleada a México, un triunfo inapelable -y eterno- ante Colombia y una definición que no se alejó demasiado de la de 2015, esa donde Alexis Sánchez se hizo leyenda.

El rival era el mismo, el trámite también. Ante Argentina, tuvimos los dientes apretados los 120 minutos y tras los penales encontramos el desahogo de un estresante mes donde la pelota no dejó de rodar. Cayeron lágrimas.

Los títulos te validan y te llevan a más oportunidades. Copa Confederaciones, una invitación a la China Cup, enderezar el rumbo en el camino a Rusia. Todo se fue dando después de esa noche mágica.

Los 18 millones de chilenos durmieron felices ese 26 de junio. Bocinazos, locura, alcohol, excesos, fiestas por doquier y, por cierto, la Plaza Italia colapsada y teñida del color que nos emociona. Ganar nunca fue fácil para Chile.

Francisco Silva pasó a la historia. El Gato, suplente de Aránguiz, Vidal y Díaz, se ganó el cariño de todos los que lo valoraban como uno más del grupo. Su remate levantó a un país que, a punta de argumentos pesados, se dio cuenta que en el deporte que más gente convoca ya tenía un nombre. Fue un capítulo más de una selección respetuosa y respetada, que nos dejó a todos en el aire, sin ganas de pisar la superficie.

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