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OPINIÓN: "Más que dos Copas"

Goal.com Goal.com 19-11-2016

"Cabros, no lloren, se perdió una batalla no más, les aseguro que vendrán muchas más oportunidades para que este grupo le dé algo al país". La voz de un joven Arturo Vidal en el caluroso camarín del Estadio Nacional de Toronto en 2007, una vez finalizada la semifinal del Mundial sub 20, fueron del todo proféticas.

Sí, porque esa noche un grupo de jugadores entre los que estaban Mauricio Isla, Gary Medel, Alexis Sánchez y el mencionado Rey Arturo, mordieron el polvo de la derrota ante una poderosa Argentina, con Di María, Agüero y varios más. La Albiceleste estaba acostumbrada a amargarnos no sólo esa noche que dejó a Chile con el sueño roto de acceder a la final, de hecho cansaría contar cuantas noches hizo lo mismo. Sin embargo, a estos muchachos los caracterizaba un denominador común: el hambre de gloria.

Apenas habían pasado la mayoría de edad, cuando fueron parte del proceso que le devolvió la posibilidad a Chile luego de 12 años, de jugar una Copa del Mundo adulta. Marcelo Bielsa disfrutaba mucho de ese joven equipo que corría y presionaba como a él tanto le gusta.

No se quedaron con eso, fueron por más, se ganaron la posibilidad de ir a los grandes equipos del mundo y junto a una nueva camada de compañeros, le dieron una nueva clasificación mundialista a Chile. Ahora de la mano de Jorge Sampaoli, vencieron al campeón vigente, eliminándolos del torneo. Lloraron la amarga derrota ante el anfitrión, Brasil, un grande que se encargó de sacarnos de las útimas citas planetarias (Francia y Sudáfrica), en forma cómoda, como siempre fue.

Sin embargo, esta vez, fue diferente. Un agónico 1-1 que tuvo a Pinilla estrellando su remate en el horizontal en el minuto 118, cuando el 90% del público que estaba en el Coliseo, se quedó petrificada. La ruleta de los penales, fue para la verdeamarela.

Vidal no necesitó armar un par de frases como lo hizo siete años antes en Canadá. En el Mineirao, había bronca, no se vieron imágenes con Iván Zamorano abrazado a Ronaldo riendo luego del 1-4 como en Francia, no, vimos a Gary Medel lleno de vendas, había bronca, amargura, rabia, impotencia. El equipo pensaba que sí le podía ganar a un gigante, y sacarlo de su propio Mundial. La profesía del King, tenía que seguir esperando.

Y apenas pasaron 13 meses. Chile ganó su primera Copa América en 2015. Soñada, disfrutada, heróica, maravillosa, merecida, usted le puede dar el calificativo que quiera. Esa ruleta adversa del Mundial, se transformó en aliada cuando La Roja venció a penales a Argentina, pudiendo por fin, meter un trofeo de verdad al vacío estante de copas que exise en el edificio de la ANFP.

Un año después, y pese a la difícil transición de Sampaoli a Pizzi, otra vez Chile logró la Copa América. Esta vez en Estados Unidos, con un inicio dudoso y con un partido atípico: 7-0 sobre México. Pasó Colombia en semis y otra vez Argentina, ya no nos asustaba como antaño, era, es y será una gran Selección, con el plus de tener al mejor del mundo, pero eso, a este grupo les da lo mismo. Otro 0-0 y Claudio Bravo, entra en la historia grande al convertirse en héroe por segundo año consecutivo.

Chile ganó dos Copas, sí. Pese a sus 100 años de historia, y de haber realizado actuaciones dignas, como la del Mundial de 1962, una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos, varios subcampeonatos de América, y uno que otro lugar en mundiales de categorías menores, no importando si había jugado bien, regular o mal, no había ganado nada, dato irrefutable y además, siempre fue presa fácil para los grandes del continente, los abusadores del barrio.

¿Qué pasó? La Roja no sólo contabiliza dos Copas, que al lado de la vitrina brasileña, argentina o uruguaya, sigue siendo pobre, pero, más allá de esos logros, tiene una camada de jugadores comprometidos con su Selección, y gracias a ese hambre de gloria ya enunciado antes, lograron un respeto y por qué no decirlo, hasta un miedo de los rivales. Ya no es tirar y abrazarse.

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Uruguay, ganador de 15 trofeos continentales. Doy el dato no porque lo busqué en Google, o porque soy un estudioso de las estadísticas, no, sé por la cantidad de memes emanados de los hinchas charrúas enrostrando su gloria pasada, luego de caer categóricamente 3-1 en Santiago. Es decir, de ser la Cenicienta del barrio, los "pobres chilenitos", pasamos a ser un rival de verdad, por algo les molesta tanto perder con nosotros, por algo sus jugadores declaran como declaran. Un chico jamás incómoda a un grande. El asunto, problema y pugna, es entre pares, y eso es lo que está pasando ahora.

La guinda de la torta, es el anuncio de la AFA: el partido Argentina - Chile se jugará en La Bombonera. Estadio famoso por la presión que ejerce la hinchada local sobre sus rivales. Escenario difícil, como si la Roja llevara a los Che, a jugar a la altura de Calama para intentar una ventaja. Otra vez procede lo mismo que nos preguntamos antes ¿tanta importancia le dan a un equipo chico como ellos nos dicen?

Bien Chile, más que dos Copas, obtuviste algo mucho más difícil de conseguir, respeto.

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