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Por qué el experimento de Gallardo no funcionó

logotipo de Goal.com Goal.com 09-08-2017

¿Habrá sido la presión de poner en el campo de juego sí o sí a Enzo Pérez, la incorporación estrella del mercado de pases? ¿O tendrá que ver simplemente con una idea de juego diferente a la que se siguió en las últimas temporadas? ¿O por qué no le tiene demasiado fe al acompañante de Alario? No termina de quedar claro. Lo único cierto es que el experimento de Marcelo Gallardo en el partido de vuelta de los octavos de final de la Copa Libertadores, ante Guaraní, no funcionó.

Tan bien le salía el 4-3-3 (o 4-3-2-1) a Gallardo que parecía extraño que tuviera cambiar. La línea de mediocampistas, evidente: Ponzio en el centro de campo, cada tanto se metía entre los centrales. Rojas como el distribuidor principal. Sin arriesgar demasiado, pero con una entrega casi perfecta. Nacho Fernández como rueda de auxilio. Arriba, Pity Martínez por un costado, sumándose a la línea de mediocampistas cuando el equipo no tenía la pelota. Driussi, como atacante libre con menos responsabilidades. Y Alario, el centrodelantero que pivotea y da juego de espaldas al arco.

Sin Driussi y con Enzo Pérez, Gallardo eligió romper el esquema que tan bien le funcionó. Apostó a un sistema con tres mediocampistas (Rojas, Ponzio y Pérez), dos jugadores algo más adelantados (Nacho Fernández y Pity) y dejó a Alario entre los centrales de Guaraní. Pero el cambio de ambiente terminó de perjudicar al funcionamiento de River.

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De espaldas al arco en muchos momentos del partido, Fernández se ahogó entre la marca, la lucha y la incapacidad de jugar a uno o dos toques o saber diferenciar cuándo acelerar y cuándo frenarse. Desde la derecha, Enzo Pérez no atacó nunca a los espacios, por lo que River se quedó sin sorpresa. En la izquierda, Rojas hizo lo de siempre y Pity Martínez se perdió entre la consciencia defensiva de integrarse a la línea de cinco y la libertad para atacar. Arriba, Alario terminó por resolver todos los problemas de juego: hizo todo bien.

Con un mediocampo repleto de pasadores, River se quedó sin receptores. Ni Casco ni Moreira supieron atacar con sorpresa, entonces los movimientos ofensivos quedaron en pases cortos e intrascendentes, todo lo contrario a lo que acostumbraba la versión de la temporada pasada.

Cuando Nacho Scocco ingresó por Enzo Pérez, el ataque se liberó un poco y encontró espacios que antes parecían imposibles de encontrar. Pero ya era tarde. La sensación fue que no era una jornada de brillo, todo lo contrario. Fue un experimento que no funcionó.

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