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Qué pasó con el bebé más famoso de 1994

Goal.com Goal.com 08-06-2016

"No, que no se entere por los periodistas. No se puede enterar por los periodistas"

Denise cayó al piso y se imaginó lo peor. No le importó que le llevaran la cartera, que le arrebataran algunas joyas. Pensó en su hijo, se imaginó a su marido. Sintió a Matheus en la panza y tuvo miedo por su vida. Semana 34 de embarazo. Mientras caminaba por las calles de Río de Janeiro, la asaltaron. La secuencia fue violenta: terminó en el suelo, golpeada y lastimada.

No había Internet ni teléfonos celulares. La comunicación era mucho más difícil. La ayudó Mónica, la entonces mujer de Romario. Ella tenía el contacto de un hombre de seguridad del plantel de Brasil. Al fin, habló con Bebeto.

-Quedate tranquilo, no pasó nada-, llegó a decirle.

Pero Bebeto, una de las piezas clave de la Selección de Brasil en el Mundial de 1994, en la concentración del equipo y a ocho días del primer partido, ante Rusia, no podía tranquilizarse.

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Unas semanas antes, en mayo, lo habían tildado de "cobarde". En la última fecha de la Liga de España de ese año, Deportivo La Coruña necesitaba ganarle a Valencia en su casa para ser campeón. En el último minuto, el árbitro le dio un penal al Depor. El serbio Djukic se hizo cargo, pero contuvo el arquero González. Al final, el partido terminó 1 a 1 y el título fue para Barcelona. Las miradas no apuntaron al que falló, sino al que desapareció. ¿Por qué no le pegó Bebeto, si era la figura del equipo? Muchos lo acusaron de no haberse animado. Fueron tiempos duros, de mucho estrés.

Bebeto se toma todo el tiempo del mundo, como si tuviera ganas de cargar al arquero. Gambeteó a Ed de Goey como si él estuviera en patines y su rival estancado en arenas movedizas. A los 18 minutos del segundo tiempo, el delantero de Brasil con la 7 en la espalda puso el 2 a 0 parcial ante Holanda, en los cuartos de final del Mundial. Más de :60 mil personas deliraban ante su obra de arte, en el estadio Cotton Bowl, en Dallas. Él corrió hacia un córner y, desde el alma, le salió lo que se iba a convertir en uno de los festejos más famosos de la historia del fútbol: los bracitos para un lado y otro, como si estuviera meciendo a un bebé. A él se sumaron Mazinho y Romario.

Dos días antes, el 7 de julio, había nacido su hijo, Mattheus, el bebé más famoso de 1994. Prematuro, se anticipó tres semanas a su fecha de parto. Como si ya no aguantara más tiempo en la panza de su mamá, como si quisiera salir a darle felicidad a su papá, como si pretendiera darle orden a todo. Bebeto, que en esa época tenía 30 años, vio a su mujer a través de la televisión. Denise apareció en Globo justo después de dar a luz, con su hijo en brazos.

A partir de ahí, surgió una promesa. Él le prometió a ella que haría un gol para su hijo. Y cumplió.

"Todo se dio en pleno Mundial, con la emoción a flor de piel. En España, donde vivíamos, todos querían saber sobre nuestro hijo, todo el mundo repetía la forma de celebrar de mi marido", dijo Denise en 2014, en una entrevista con UOL.

"Fue un gesto espontáneo, lleno de amor, de ternura. Un gesto tan simple, tan espontáneo, venido del corazón. Era un homenaje para mi esposa y mi hijo. Y sinceramente, no sabía que iba a tener tanta repercusión", analizó Bebeto, muchos años después.

Mattheus está algo cansado de hablar del festejo, pero no evade las preguntas. "Hoy, adonde voy, cuando las personas se enteran que soy el hijo de Bebeto, me hacen el gesto y me piden que lo repita", le comentó a AFP. Y agregó: "Es realmente simpático".

Tiene 21 años, es zurdo, juega de mediocampista en Estoril, de Portugal, y, por ahora, está muy lejos de acercarse al nivel de su papá. Aunque en algún momento fue enseñado por la prensa brasileña como un verdadero crack, con clips de algunas buenas jugadas en su época de jugador, Bebetinho todavía no pudo explotar.

Empezó las inferiores de Flamengo cuando tenía 10 años. Debutó en la Primera en 2012, pero nunca terminó de consolidarse. Jugó 20 partidos y no hizo goles. En el 2013, algunos medios lo asociaron a Juventus y hasta Real Madrid, pero se estancó en el equipo carioca. Deambuló en el plantel superior sin terminar de convertirse en un jugador importante. Tiene habilidad y técnica, pero le falta pasta. Su juego termina siendo intrascendente. En el 2015 pasó a Estoril, de Portugal. Ahí jugó 27 encuentros e hizo cuatro goles.

Hace unos años, antes de la Copa América 2011, Bebeto habló sobre la relación que tiene con su hijo con respecto al fútbol: "No me gusta nada perder al fútbol contra él. Incluso a veces, cuando empieza a amagarme con la pelota en los pies, lo tomo del brazo y le digo: 'Eh amigo, más respeto porque además de tu padre, yo soy Bebeto'".

Pero Mattheus va, sigue. Con la carga de ser el hijo del festejo de Bebeto, todavía sueño con fabricar su propio camino: “La historia de mi papá fue muy grande; yo recién estoy comenzando y busco escribir la mía”.

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