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Real Madrid, expreso de medianoche ante un Barcelona que descarrila

logotipo de Goal.com Goal.com 16-08-2017

LA INTRAHISTORIA

© Proporcionado por Goal.com

Cualquier crónica que se precie debería comenzar hoy con un “Supercampeón” de cuerpo 22. No será ésta. Y es que el Real Madrid no sólo es supercampeón de España, sino mucho más. No sólo ganó un título más este miércoles, sino que demostró estar a mucha distancia del aspirante que tuvo enfrente, el Barcelona, hasta hace unos años dominador mundial del fútbol y máximo rival de los blancos. Ya no lo es. Ni una cosa, ni la otra. Y esta serie de Clásicos lo dejó bien patente, pese a tratarse sólo de una supercopa en agosto: la diferencia a día de hoy entre Real Madrid y Barcelona es muchísimo mayor de lo que indicó la clasificación de la pasada Liga, y de la consecución de este título que sirve de aperitivo de la temporada. Los blancos caminan sobre las aguas, mientras que los blaugranas se hunden y no saben ni dónde está el flotador al que tienen que agarrarse. No hubo mejor victoria que ésa para el Real Madrid en estos Clásicos.

El equipo del intocable Zidane apenas tardó dos minutos en ponerlo de manifiesto. Si alguien pensaba que el 1-3 del Camp Nou hace tres días pudo ser fruto de la casualidad o de la fatalidad, le duró bien poco ese espejismo en el imaginario. Le duró lo que tardó Marco Asensio en reventar la portería de Ter Stegen desde 30 metros. Indescriptible lo de este chico. La reacción de Zidane en el banquillo lo decía todo: “Si es que nos sale todo”. Y bien que les salió todo además. Por el resultado, los goles, el fútbol y las sensaciones.

Al equipo culé no le ayudó ni la alineación ni el sistema, dicho sea de paso, pero es que el Real Madrid no sólo quería ganar su cuarto título del 2017, sino que quería destruir al Barcelona. Y lo hizo antes del descanso con todo a su favor: los jugadores, el dibujo, la confianza, la forma, el juego... No se recordaba un baño igual por Concha Espina desde antes de que llegara Guardiola a Can Barça. Y el mejor ejemplo no sólo fue el gol de Benzema, con Umtiti de espectador neutral, sino los diez minutos que precedieron a ese 2-0, donde en cada zona del campo había un jugador blanco con el balón y regalando filigranas ante unos jugadores blaugranas que parecían benjamines.

En la segunda parte, el equipo blanco levantó un poco el pie del acelerador, pero el Barcelona no pudo ni con ésas. Hasta Messi y Suárez se toparon con la madera de Keylor Navas en un par de ocasiones con todo a su favor. Síntoma del estado de ánimo culé. Ni el fondo de armario ni los cambios de Valverde posibilitaban una revolución o una llamada a rebato. Casi al contrario. El Real Madrid ni se inmutó, intentara lo que intentaran los culés. Parecían tener una suficiencia tal que si hubieran necesitado marcar tres goles, sabían que lo habrían logrado. No les hizo falta más. Al contrario, Zidane pudo hacer debutar a Theo Hernández y a Dani Ceballos. Sí, el jugador por el que suspiró el Barcelona este mismo verano. De aquellos barros, estos lodos. Es tiempo de disfrute en la Casa Blanca. Es tiempo de reacción urgente en el otro lado del puente aéreo.

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