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Román, el pibe que fue lo que quiso ser y no lo que querían que fuese

Goal.com Goal.com 24-06-2016

Su viejo iba a jugar y él lo acompañaba. Tenía seis años. Se fueron al entretiempo y llegaba el momento glorioso para cualquier nene: ir a patear hasta que los grandes decidan volver a ocupar sus puestos.

¿Este pibito quién es?

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Era un domingo cualquiera, en José C. Paz. Jugaba la Sociedad de Fomento del barrio y Jorge fue a ver el partido. La mamá lo llamó a comer, porque había que almorzar en familia, y volvió a la casa. Pero se tenía que sacar esa duda. Y volvió, pero el pibito no estaba más. Sólo quedaba el Tano , que manejaba el buffet, y no sabía bien qué era lo que quería Jorge, pero le dio los datos poco precisos que tenía: el equipo se llamaba San Jorge, de Villa de Mayo o Polvorines.

Jorge partió en búsqueda de ese club que nunca existió. Ya era lunes, cerca de las siete de la tarde, y relacionó todo: San Jorge era una villa que él había recorrido cuando estaba en el ejército, en Don Torcuato. Sin pensarlo dos veces, allá fue. Caminó entre la vía y las construcciones precarias, cabeza en alto y sin preguntarle nada a nadie. Hasta que llegó al fondo y encontró a unos chicos jugando a la pelota. A esos sí les preguntó.

- Che, ¿hay un equipo que se llama San Jorge acá? - Sí, el equipo de los grandes. - Y hay un pibito que juega bien, que la rompe. ¿Es hijo de uno de ellos? - El hijo de Cacho... Juega re bien ese. - ¿Y cómo se llama? - Román.

Ahí lo volvió a ver. Román no respondía. Con cara de nada y un apego a los suyos que no le permitía alzar la voz ante un desconocido . Que, encima, no sabía para qué lo buscaba. Jorge habló, sin saberlo durante media hora, con el padre de la tímida criatura. Le dibujó la situación, le habló de Ferro y tibias promesas que eran mentira: lo quería para su club de baby.

Era imposible separarlo del padre. Le costaba despegarse, salir de su entorno y meterse en otro. A Jorge Rodríguez le costó tres años entrar en confianza con él. Iba a jugar una vez sí, otra no. Era introvertido. Demasiado introvertido. Amigo sólo de sus amigos y muy compañero de su familia.

Fue saliendo de a poco y empezó a desplegar todo ese barrio que tenía en la cancha del club. Esa desfachatez que tenía para jugar se traducía en simpleza fuera de la cancha. Era un pibe puro . Se hizo querer con sus compañeros. Todos lo aplaudían, lo terminaron llevando en andas en La Carpita. "Siempre fue una buena persona. Protegía a los suyos, siempre fue así. Él es lo que dice ser", contó Jorge, quien hizo un trabajo bien fino para moldear esa personalidad que no iba acorde al mundo del fútbol, en una familia que tampoco le interesaba la plata, los lujos. Y que también lo moldeó para que el pibe de oro fuera lo que tenía ganas de ser y no lo que otros querían que fuese.

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