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Ruggeri: "Cada uno en su puesto nos sentíamos Maradona"

Goal.com Goal.com 29-06-2016

Pasaron 30 años de ese mediodía sofocante en el DF de México. Las casi 115 mil personas, incluido ese puñado de argentinos que viajó para apoyar a una Selección argentina poco prometedora en la previa, nunca olvidará lo que vio en el estadio Azteca. El cabezazo del Tata Brown, la corrida espectacular de Valdano, esos seis minutos tétricos que sembraron pánico con el empate y el 3-2 final de Burruchaga después de ese pase mágico de Maradona. Argentina era campeón del mundo después de ocho años. Nunca más se ganó un Mundial. Nunca. Y la leyenda de ese equipo se agiganta. "Pasa el tiempo y te das cuenta que no era simple. Nos costó mucho", le dice a Goal el Cabezón Ruggeri, con orgullo y algo de nostalgia.

El teléfono no para de vibrar, como si estuviera recién llegado de México a los 24 años. Como si todavía jugara en River. Como si México '86 hubiera sido ayer. Los campeones más reconocidos reviven sus días de gloria recibiendo agasajos multicolores. Lo merecen y lo disfrutan. Quizá, como dijo "su capitán", porque ya están más grandes, se ponen "boludos y viejos" y no hay motivo para disimular la lágrima.

-¿Les jugó a favor no ir a México como favoritos?

-Es que cuando nos fuimos de acá no nos saludó nadie. Allá tuvimos una reunión fuerte todo el grupo y de ahí empezamos a darnos cuenta que podíamos hacer algo interesante.

-¿Cómo se prepararon?

-Fuimos los primeros en llegar a México y los últimos en irnos. Estuvimos 60 y pico de días. Bilardo decía: “Es muy feo ver la final por televisión. Si vemos la final por televisión es porque hicimos todo mal”. Bilardo no festejó en el vestuario con la Copa porque Alemania nos había hecho dos goles de cabeza.

-¿Viste la foto de los jugadores de la Selección en el vestuario después de ganarle a Estados Unidos?

-¡Y nosotros hacíamos la cola! Cuando Diego estaba con el teléfono, ese día no hablaba nadie, olvídate. Una vez que lo agarraba, fuiste. Entre nosotros estábamos atentos a ver cuándo lo largaba y ahí podíamos usarlo.

-Cuando Bilardo les daba día libre, ustedes se quedaban pateando penales o haciendo juegos con la pelota. Hoy parecía imposible, ¿no?

-Pasa que hoy tienen muchas cosas, es diferente. Nosotros le pedíamos ropa al utilero y nos armábamos unos picados mortales. ¿A dónde íbamos a ir? Y Bilardo no quería que nos quedáramos, eh. Antes no teníamos todas las actividades que tienen estos chicos ahora; nos íbamos a una habitación y estábamos todo el día hablando de los partidos o de los rivales. Además, no íbamos mucho a hoteles porque Bilardo no quería que nos aisláramos en las habitaciones y sólo nos viéramos para comer. En los predios era diferente, te encontrabas con los demás todo el tiempo. Las cosas han cambiado.

-¿En qué por ejemplo?

-Es que nosotros no teníamos ropa ni siquiera. De hecho, 16 dormían en el club América en habitaciones de lujo y a otros seis nos tocó dormir en un quincho donde nos armaron habitaciones de cartón con techo de chapa. Llovía e íbamos moviendo las camas para no mojarnos. Encima las camas eran cortitas y habían puesto unos cajones para alargarlas para que entren los talones. Passarrella y Brown estaban en una con la cama y la parrilla; en otra, Trobbiani y Valdano; y en la última, Almirón y yo. Y Bilardo, obvio. Nos hablábamos de habitación a habitación, del baño a la habitación. Estaba todo abierto. Si llegan a ver ese baño, ¡mamita! “La isla”, le habíamos puesto a ese sector. Si hoy pasara, se van todos.

-¿Cuál fue el partido bisagra?

-Uruguay fue chivo. Tenía una selección de respeto, nos conocíamos mucho. Ahí nos dimos cuenta que estábamos para algo serio. Nos dimos cuenta que éramos una selección complicada y teníamos al mejor.

-¿Cómo viste los goles de Diego a Inglaterra?

-Fui un privilegiado. Estaba paradito ahí atrás. El primero no lo vimos y pensamos que le había ganado de cabeza al arquero. “Este hijo de… capaz que le gana al arquero, que va con las manos”, pensamos con el Tata (Brown). ¡Diego nos decía a nosotros mismos que había sido de cabeza! Un crack cómo salió gritándolo. “Festejen y abrácenme”, pedía. Un genio. Nosotros lo festejamos allá atrás con el Tata porque no teníamos permiso de Bilardo para ir a festejar arriba porque son piques de 80 metros en la altura con calor.

-Protestaron poco los ingleses.

-Sí, muy poco. Imaginate si hubiese sido al revés. Estamos corriendo al árbitro todavía.

-Y en el segundo, quisieron voltearlo y no pudieron…

-Una bestia. No lo podían parar. El enano estaba armado, fuerte, duro, estaba bien. Quería salir campeón. Nosotros encontramos al mejor del mundo con ganas de salir campeón. Y nosotros lo acompañamos bien. Diego en el vestuario era uno más.

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-¿Volviste a encontrarte con alguno de los ingleses?

-Sí, con (John) Barnes, que entró en el segundo tiempo y nos pegó un baile bárbaro. Me lo crucé en Sudáfrica 2010. El Negro nos rompió por ahí. Nos tiró un par de centros que no nos empataron de p… Le dije: “Negro, todavía me despierto y te recuerdo. Lo puteaba, ja”.

-¿Guardás las camisetas?

-Teníamos poquitas y llevaron un único juego. Con Uruguay jugamos con la suplente y cambiamos algunas y después cuando tuvimos que volver a jugar con la azul contra Inglaterra, el juego estaba incompleto y tuvieron que salir a comprar por México. Las chicas que nos hacían de comer les pegaron los números brillosos a las camisetas la tarde previa al partido.

-Hablame de tu Copa. Ni siquiera te amonestaron.

-Es que yo estaba muy bien, muy concentrado. Bilardo me había metido en la cabeza. “Si vos marcás al 9 y el 9 no la toca, tenemos medio partido ganado”. Y yo me sentía más que Maradona. No hubo delantero fácil de marcar. Eran batallas.

-Hasta hiciste un gol contra Corea.

-Creía que iba a salir goleador, ja. “¿Cómo no voy a hacer goles de cabeza todos los partidos si me tiran centros Burruchaga y Maradona?” Después me costó. Cada uno en su puesto nos sentíamos que éramos Maradona, que eramos los mejores del mundo. Yo estaba con la cabeza en el tipo que tenía que marcar y no me salía de ahí. Y cuando recuperábamos, había que dársela a Maradona o Burruchaga.

-¿Es lindo sentirse reconocido, no?

-La verdad que sí. El que diga que no, no le creo. Pasa el tiempo y te das cuenta que no era simple. Nos costó mucho. Son siete partidos, ¿cómo puede ser tan difícil?

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