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Un rebelde eterno que se jura volver a callar a todos

logotipo de Goal.com Goal.com 25-05-2017

Entró al vestuario con algunas fotocopias, recortes de diarios y fotos. Eran imágenes, datos y cifras del recorrido de un jugador de divisiones inferiores. En novena, 26 goles. En octava, ni un partido porque el entrenador no lo quería. En séptima, 13 goles. En sexta, 14. En cuarta, otra vez: ni un partido. No dio ningún salto de categoría. De prenovena a tercera, año a año, mes a mes, día a día.

Algunos pibes de General Rodríguez se reían cuando les decía que iba a ser jugador de Primera. Pero él les dio la espalda a todos. Los ignoró. Los dejó que se burlaran. Calló. Y cumplió con su objetivo. Jugó en Vélez, Racing, Argentinos, San Lorenzo, Newcastle, de Inglaterra. Hizo 96 goles. Se tropezó y volvió a levantarse, aunque muchos pensaron que estaba rendido, muerto.

Probablemente los jugadores de Alem se imaginaban que el pibe de los recortes era él, pero no quiso decir nada. Demostró el caso como uno más dentro del mundo del fútbol, dentro de la selva, como él lo llama.

El Lobo Cordone se ve a sí mismo como un obstinado, un pibe -hoy, un hombre- que nunca se conformó con un 'no'. Un antisistema que no precisó de nadie para sentirse alguien. Un tipo que silenció a muchos: "A mi plantel le quise mostrar que cuando sos de barrio y te proponés algo, lo podés lograr. Les conté las trabas que tuve cuando era chico. Y si un niño lo pudo superar por ser cabeza dura, cómo no lo va a lograr un hombre".

A los 43 años, es el entrenador de Alem, un humilde club de la D que llegó a jugar un par de veces en la B (tercera división), la categoría más alta en la que estuvo. Y que este domingo, de su mano, consiguió un nuevo ascenso a la Primera C. Cordone, acostumbrado a recorrer la jungla sin ser el león, no se rinde.

"Mi sueño es dirigir en la A. Cuando decía que iba a jugar en Primera, muchos no confiaron. No tuve la suerte de retirarme y agarrar un equipo en Primera como otros. A mí me tocó en la D. Como hice en las inferiores, pienso que lo voy a hacer como técnico. Ya me pasó esta que se me reían, pero no estoy pendiente de eso. No sé si lo voy a lograr, pero voy a hacer todo", le decía hace casi un año Cordone a Goal, sentado en un banco desgastado, en el centro del campo de juego de la cancha de Alem.

Cordone, recién bañado después de la práctica, con el pelo largo y rubio como en su época de jugador, los aros dorados en las orejas, coqueto, preocupado por la estética, se ve a sí mismo como un tipo duro: "El fútbol es una selva, ¿entendés? No queda el animal más hábil, sino el más fuerte. Y yo fui fuerte. Así como me ves, con aritos, rubiecito, yo subsistí en esa selva".

Cómo ser mejor en la D

"¡Tenelo en cuenta cuando le pegás tres dedos! ¿Escuchaste? ¡Seis kilómetros van a correr! ¡Tres dedos! ¡1 a 1! ¡Pero acordatelo, eh! ¡Si no, no va a servir, monstruo!"

La voz de Cordone está a punto de quebrarse. Mientras grita, desaforado, gesticula. El silbato que lleva en la mano derecha vuela para todos lados. Los más de 30 jugadores del plantel de Alem hacen silencio.

"A los jugadores de Alem les cuesta pararla con la suela o pegarle con los tres dedos. Cuando publicaron el video mío en el entrenamiento, justo salió la parte en la que decía que ni Messi podía pararla así, pero en realidad él lo puede hacer como quiera. Pero no es acorde a un jugador de la D. En esta categoría, no le sobra nada a nadie, entonces hay que tratar de hacer lo mejor posible cada jugada", comenta Cordone, que atraviesa el segundo ciclo como entrenador del Lechero y su tercero como director técnico, donde también estuvo en Argentino de Merlo.

-¿Qué diferencia hay entre un jugador de la D y uno de la A?

-El fútbol es parecido en todos lados. A mí me costó adaptarme a la A, después le encontré la vuelta. En Alem, en la C, me pasó lo mismo. Lo distinto es el entorno: concentraciones, hoteles, canchas, cantidad de gente, periodistas. En el ascenso, las canchas son más chicas, los terrenos no están tan buenos, los compañeros no son tan buenos como los de la A. Soy de los que piensan que cada uno juega en donde tiene que jugar. El tiempo que estuve en la A, me consideraba un jugador de la A. Cuando estuve en la C, por algo estaba en la C.

-Algunos dicen que a Messi le costaría brillar en el fútbol argentino porque tendría menos espacios y no lo dejarían jugar...¿es así?

-Le costarían los primeros partidos porque lo irían a buscar demasiado. Con el tiempo, haría la misma cantidad de goles que hizo en Barcelona pero en la mitad de tiempo. En el ascenso, le costarían los compañeros o la cancha, pero una vez que le agarre la mano...puede jugar en cualquier lado.

Fútbol no es felicidad

El Lobo quedó encantado con un caño que un pibe de la cuarta le tiró a un profesional. En el medio de un campo de juego desgastado por las lluvias, con barro en varios sectores, patinoso, el pibe amasó la pelota, la llevó hacia atrás y luego hacia adelante. El caño es limpio, perfecto. "¡Exceleeeente! ¡Muy buena, papá! ¡Pim, pam, pum!", se relame Cordone.

Las reglas del entrenamiento están claras. Los más grandes tienen permitido pegar un poco de más. La jugada va a seguir. A los más chicos les queda bancar los golpes y las desventajas, bajar la cabeza y no reaccionar ante nada. Mostrarse buenos jugadores en la inferioridad. "¡Dale, monstruo, levantate que no pasa nada!", le grita el Lobo a un lateral derecho con buena técnica que recibió una patada bastante dura.

El entrenamiento es puro vértigo. Los jugadores, a mil revoluciones. Caen al piso por el barro, se apuran para jugar y cometen errores infantiles. Se percibe la presión. A Cordone, que mira todo desde muy cerca, parece gustarle imponer ritmo. "Siempre soy gritón. A cada plantel que dirijo, lo aclaro de antemano. Si hay alguien que le molesta que grite, sólo tienen que avisar y yo lo controlo. Como nadie levanta la mano, supuestamente me dejan la vía libre para hacerlo", dice.

-¿Qué importancia tiene la diversión en el fútbol?

-Creo que el fútbol es cada vez menos divertido. Hay tantos compromisos que la diversión quedó en un segundo plano. Te divertís con amigos o cuando jugás estando en vacaciones. En la D, deja de ser divertido cuando perdés un par de partidos y te sacan el sueldo. Entonces, no es un juego, es de vida y muerte. Es si comés o no comés, es muy difícil divertirte.

-¿Entonces qué sentido tiene jugarlo?

-Cuando llegás a ser profesional lo pensás de otra manera. Yo nunca me divertí en forma profesional jugando a la pelota. Me transpiraban las manos, la frente, me imaginaba 200 mil jugadas por segundo, a la noche no podía dormir antes de los partidos. Después de los partidos, tampoco. Pero sí o sí quería estar. ¿Me divertía? No tanto. Pero vivía pensando en fútbol, quería mover y que me vieran de La Rioja o Santiago del Estero. Las 24 horas pensando en el fútbol, no me importó estudiar, por más que esté mal...me podés decir un actor de una novela y yo te pregunto de qué juega.

-¿Qué te pasa cuando perdés?

-Quedo abatido. Tirado en casa sin ganas de nada, la dejo a mi señora que vea las novelas que quiera. Quedo tan arruinado que a las ocho de la noche puedo estar durmiendo. Todo eso dura hasta al otro día. El proceso lo hago desde que termina el partido hasta el otro día. Cuando era jugador, me permitía estar un día más mal, pero hoy soy yo el que levanto a todos. Puedo llegar a perder todos los partidos, pero voy a venir siempre con la cabeza levantada.

Un dolor que no termina

El Lobo Cordone no tiene representante. Y, aunque está seguro que no contar con un agente que ponga su nombre en la mesa de clubes que buscan candidatos le juega en contra, no parece muy preocupado.

"Cuando fui jugador, que en ese tiempo se me acercaban todos, no lo necesité porque era fácil conseguir club, me lo ganaba solo. Tuve un representante, Horacio Rodríguez, que era un tipo de confianza pero no muy conocido. Cuando me fui de Primera, después del doping, se terminó la relación y ya no tuve más representante. Como anduve por ligas menores, no lo necesitaba", dice.

-¿Y por qué te dejó tu representante?

-No lo hablé con él, pero creo que cuando me dio el doping todos pensaron que se me acababa el fútbol. Todos lo pensaron, menos yo.

Cordone dio positivo dos veces. La primera, jugando para San Lorenzo, tras el empate 1 a 1 ante Gimnasia, el 4 de abril del 2003. La segunda, luego de la victoria por 2 a 0 ante Chacarita, el 14 de febrero del 2004. Por el primer episodio, sufrió una pena de tres meses de inactividad. Por el segundo, dos años. ¿La sustancia? Marihuana.

-¿Todavía te genera dolor lo del doping, no?

-Sí, me genera dolor. No me gusta charlar de eso. Pasaron 12 años. Cada vez que lo hablo me produce el mismo dolor. Quizás un poco menos porque el tiempo cura. Pero me da pena, vergüenza, no me gusta. No va de acuerdo a mi carrera, no va de acuerdo al fútbol...Pero si tuve que pagarlo para lograr lo que logré en Mendoza (en Independiente de Rivadavia jugó en el 2006 y ascendió a la B Nacional) y Alem (del 2010 al 2012), estoy tranquilo. Capaz que ese cachetazo me sirvió para darle mucho más valor al fútbol.

-¿Muchos te dieron por retirado antes de tiempo?

-Cuando salió el doping, llevaba 48 goles, y terminé con 96…cuando todos pensaban que estaba muerto, recién iba la mitad. Me quedaba cuerda...quizás no en Primera, pero para mí el fútbol era uno solo.

-¿Con el periodismo estás enojado?

© Proporcionado por Goal.com

-El periodismo nunca me significó nada, nunca jugué para ellos, ni quiero jugar, ni quiero nada…Cuando jugaba bien, era el Lobito. Cuando andaba mal, era otra persona. Todos los periodistas que ahora están en TyC Sports los conocí de chiquitos, cuando eran bien humildes y nunca fui amigo, ellos sí querían…Yo juego para mi gente, el periodismo lo único que tiene que hacer es informar sobre el partido, y no decir si otro salió o qué hizo. A ellos no los juzgan por si son maricones o si usan pantalones chupín con sacos de cebra. Ellos se fijaban si usaba campera rolinga, o las Topper o zapatos. Decían el 'jugador rockero', pero lo asociaban con lo malo.

-A la distancia, ¿lo del doping era algo que se podría haber evitado?

-Hubiera sido totalmente solucionable, fue una pavada mía, una chiquilinada…si volviera el tiempo atrás, ese problema no lo tendría. Con los periodistas y un técnico, quizás sí…pero lo otro no. Crecí, en ese momento no pensé que me iba a perseguir por el resto de mi vida. Por ahí que hoy tenga que aguantar el chiste boludo de la platea que me grita cualquier cosa.

-¿Qué chistes?

-Todos los chistes que se te puedan ocurrir con respecto a la falopa...Chistes viejos: "¡Eh! ¿Vas por la línea?". Estás a disposición que gente grande se haga la chistosa con algo jodido que no conoce. Quedar a merced de esa gente..no lo volvería a hacer…no estoy para que me esté cargando cualquier salame.

Eleva el ritmo, sube el tono de voz, comienza a gesticular mucho más, casi tanto como cuando se la agarró con su jugador que le dio con tres dedos y entregó mal un pase. Cordone, con ganas de demostrar que todavía está en la selva, que todavía no lo vencieron, que todavía tiene que resistir en la jungla, no olvida: "A ellos que hoy me cargan me gustaría decirles…la mala no la quisiera tener. Me quedaría con la de hacer goles. Pero esta persona que ves vos le hizo goles a todos".

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