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Tu jefe es un pesado, pero lo llamaremos micromanager

logotipo de GQGQ 10-09-2018 Agustín Velasco
© Steve Jobs, ese hombre que nunca reconoció el trabajo de su equipo. / Copyright: © Cortesía de Unive...

Los micromanagers son gestores tan obsesionados con los detalles que a veces pierden la visión de conjunto y dedican el tiempo a tareas que debiera hacer su equipo.

En definitiva, lo que se esconde detrás de un micromanager es una falta de confianza en los profesionales que le rodean, un nulo espíritu de trabajo en equipo, y una visión absolutista de cómo deben ser las cosas, amén de una carencia de capacidad de liderazgo.

Los micromanagers nunca se muestran satisfechos con los resultados finales, a no ser que todo se haya realizado tal y como han pedido.

Necesitan saber dónde está su personal y en qué está trabajando en todo momento. Piden informes y ‘feedback’ continuo, reclaman ir en copia de todos los mails y que ninguna decisión, por mínima que sea, se tome sin su aprobación.

Están obsesionados con el control, y eso obstaculiza una dinámica fluida en el trabajo y merma ostensiblemente la productividad.

El mejor ejemplo de micromanager tóxico es sin duda el presidente de los EE.UU. Donald Trump, que demuestra una y otra vez que va por libre sin tener en cuenta a su gabinete, haciéndolos saltar al son de sus ideas y ocurrencias.

Trump no ha hecho más que aplicar las reglas de microgestión que ya empleaba en su emporio. Blanche Sprague, que fue su mano derecha hasta 1990, ha descrito el estilo de gestión de su ex-empleador como algo cercano a la compulsión.

"No soportaba ver que algo se veía mal", recordaba Sprague en recientes entrevistas. "Solía llamarme por la noche y decir: '¿Sabías que hay una botella de refresco frente a Trump Plaza?' Y tenía que asegurarme de que se recogiera de inmediato porque pasaría de nuevo para ver si había desaparecido”.

Consejos para sobrevivir a un micromanager

Si te ha tocado uno de esos jefes sabrás lo incómodo que se hace el tener alguien así supervisándote todo el día. Si no aprendes a lidiar con ellos no sólo entorpecerán tu trabajo, sino que una sensación de frustración y desmotivación empezará a calar en tu ánimo.

Sigue estos consejos para poner coto a la constante supervisión de un micromanager:

1. Abordar el tema directamente: déjale claro que sabes qué espera de ti y que eres capaz de hacer tu trabajo.

Eso se consigue con una conversación en la que te explique las razones de por qué está encima de ti. Hazle saber cómo te afecta que esté continuamente supervisando y pídele que defina cuál es tu espacio de autonomía en todo caso.

No se trata de una confrontación, sino de entender qué se espera de ti y ceñirte a ello. Abordar estos temas puede ser peliagudo porque tu superior puede sentirse juzgado y tener una reacción hostil.

Por eso es mejor una aproximación tipo “me he dado cuenta que estás muy pendiente de mi trabajo y quiero saber qué puedo hacer para que estés más tranquilo y no pierdas el tiempo conmigo”.

2. Poner sobre la mesa los efectos adversos. Hazle saber el coste en productividad que te supone su método de microgestión.

Ponle ejemplos de cómo su injerencia ha evitado que puedas hacer otras tareas concretas. Y pide que te deje cumplir con tus funciones un poco a tu aire y que se fije en los resultados.

3. Ten claro lo que debes y puedes hacer. Debes estar muy atento a las indicaciones y no improvisar.

Ante cualquier escollo la consulta a tu superior es pertinente y él sentirá que no eres de los que se salen del guion.

Respeta las normas y deja las soluciones creativas en casa. Si te ve atento a sus explicaciones, que tomas notas y que consultas dudas sobre la marcha, poco a poco asumirá que puede confiar en que harás las cosas tal y como él quiere, y dejará de supervisarte.

4. Evita que tenga que estar encima. Si tu jefe es un micromanager sin remedio, toma las riendas y se tú el que lo tengas al día con informes y todo tipo de información para evitar que sienta la tentación pedírtelo.

Este tipo de gestores suele pedir cosas que ya sabes que tienes que hacer, por el mero gusto de demostrar que mantienen el control. Así que anticípate y hazlas.

De esta forma irás ganando su confianza día a día hasta que no sienta la necesidad de ‘vigilar’ lo que haces.

Una idea proactiva es mandar un mail de ‘situación’ cada mañana, informando de lo que llevas realizado de los proyectos en marcha y qué piensas hacer durante el día y las siguientes jornadas.

5. Resígnate. En última instancia ten claro que es un defecto de carácter de tu jefe y que no tiene que ver con tu trabajo.

Revístete de paciencia y cierto pasotismo, porque si te cabreas solo conseguirás llevar el mal rollo de la oficina a casa.

Qué hacer si el micromanager eres tú

¿Pero y si eres tú el jefe? ¿Te has parado a pensar si estás cayendo en un modelo de microgerencia? ¿Te molesta que tus subordinados tengan iniciativa propia? ¿Delegas sólo lo que crees burocrático o sin importancia? ¿Te empeñas en demostrar a tu equipo cómo se deben hacer las cosas una y otra vez y siempre terminas con un “debo hacerlo yo para que salga bien”?

Si sientes que tienes que estar al cargo de todos los detalles, seguramente no será por incompetencia de tu equipo sino consecuencia de un estado paranoico que se ha instalado en tu cabeza.

Para superarlo sólo tienes que proponerte racionalizar la distribución de funciones y dar autonomía para conseguir objetivos.

Aquí tienes 5 consejos para dejar de ser un micromanager:

1. Trabaja con tu equipo las prioridades y actuaciones a llevar a cabo en función de los objetivos. Cuando lo tengas claro, sólo es cuestión de delegar con inteligencia. Pero delegar significa confiar en la competencia de quien asume la función o tarea.

2. Para quedarte tranquilo, apóyate del método SMART, definiendo objetivos específicos, medibles, alcanzables, realistas y asígnales un tiempo para lograrlos. Eso evitará la compulsión de querer saber en todo momento qué se está haciendo y cómo.

3. Reconoce y premia los logros de tu gente, y trata de sacar lecciones de los fracasos. Valora junto a tu equipo qué se puede aprender de los fallos y cómo se pueden evitar en el futuro.

4. Crea espacios de autonomía para tus subordinados, ya que no sólo te dará tranquilidad para abordar las que sean propiamente tus funciones y deberes, sino que fomenta el compromiso y la responsabilidad del trabajador para con el proyecto y la empresa.

5. Pide feedback de forma periódica, pero no constante, y pregunta si necesitan ayuda para realizar su cometido. Intenta que tus requerimientos sean percibidos de forma positiva.

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