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¡Ay, por Dios!

logotipo de Pulso Pulso 18-10-2016

Cierto revuelo -en especial en el microclima digital- generó el proyecto que busca suprimir la invocación a Dios en la apertura de las sesiones de la sala y en las comisiones presentado por la diputada comunista Camila Vallejo.

Se vuelve así a la ya lata discusión conceptual entre laicos, laicistas, ateos, creyentes, dios-ilusionados, fanáticos, ultraconservadores y otros cócteles tan o más coloridos como los que nos ha regalado la Ideología de Género, donde el malentendido de la libertad y el respeto han hecho trizas la cordura e impuesto el tener que escribir y hablar de puntillas.

De pasada y sin meter mucho ruido, la iniciativa de la parlamentaria comunista erradica también la invocación a la Patria y busca dar inicio a toda sesión en nombre del “pueblo de Chile”. Una apuesta sin Dios y sin Patria, pero con esa semántica llena de resbaladizos pliegues a la que el partido del martillo y la hoz es adicto.

Lo de Vallejo no es más que una etapa en el camino ya recorrido por tantos países y que termina con la prohibición de las más mínimas manifestaciones de religiosidad, una sociedad “moderna” en la que se aplaude a quien dice a viva voz si se mete a la cama con un varón que nació mujer pero que pese a todo se siente por momentos lesbiana, mientras se critica a quien usa a diario alzacuellos, lleva en la cabeza una kipá o en su pecho un escapulario.

Es un hecho que nuestros hijos tendrán que defender el que una imagen de la Virgen María corone la ciudad bautizada en honor al apóstol Santiago desde un cerro que lleva el nombre de San Cristóbal.

Preocupados de los problemas reales de la gente, ciertos parlamentarios se especializan en este tipo de iniciativas pirotécnicas, siguiendo una agenda tácita de extirpar con tolerancia -vaya contradicción- todo credo trascendental de la sociedad.

Vallejo ha insistido en que su iniciativa no apunta a ningún credo en particular, pero irónicamente en el documento que presenta la modificación las referencias son exclusivas al catolicismo.

La verdad es que la institución más longeva de la humanidad comenzó con una docena de miembros e incluso uno de ellos traicionó al equipo. Y ahí sigue, en todo el mundo. Iniciar o no las sesiones de la Cámara con una fórmula u otra no evitará que un puñado de legisladores miembros de distintos credos siga haciendo su trabajo en el nombre de Dios.

Convengamos, además, que la conducta de buena parte de los honorables tanto en el hemiciclo como en las comisiones legislativas -cuando asisten- tampoco es muy digna de ser capitaneada por el nombre de Dios.

La iniciativa de la ex dirigente estudiantil quizá hasta sea un alivio para quien nos mira desde las alturas.

*El autor es académico Universidad de los Andes (@albertopedro).

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