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¿Colusión política?

logotipo de Pulso Pulso 20-09-2016

Son tan conocidas como numerosas las denuncias e investigaciones de casos de colusión que venimos escuchando los últimos años, desde que estalló el emblemático caso de los precios en farmacias en 2008, hasta el último del papel tissue. Con justa razón, todos causaron indignación en la opinión pública, medios de comunicación, autoridades y parlamentarios.

Sin embargo, no hemos visto el mismo accionar de nuestra ciudadanía ante actos similares a la colusión que podrían estar dándose entre los políticos. Una muestra de esto es que hoy se denuncia que no existe voluntad de avanzar en la tramitación del proyecto que permite elegir intendentes mediante elección popular, porque los partidos y los parlamentarios no están dispuestos a ceder cuotas de poder local.

Sin perjuicio de que este proyecto es considerado, por muchos, una mala idea por su dificultad de ejecución, lo preocupante es que no avance porque los parlamentarios no quieren perder poder. Eso es colusión. Al contrario, si avanza sólo para cumplir un programa de gobierno y aprobar una medida que se ve bien ante la galería, pero es mala para el país, también es colusión.

Recordemos que la colusión es una confabulación o pacto que produce un posible daño o perjuicio a terceros. Y en este caso, los terceros somos todos los chilenos, que nos vemos afectados por decisiones que se toman sin pensar en el bien común, sino en el bien de la coalición gobernante, de la oposición, del pacto, del partido o de la autoridad en el cargo. Un actuar mezquino, que deja fuera el bien de quienes los han elegido para representarlos.

Lamentablemente, casos de este tipo hay muchos, y sólo unos pocos parlamentarios se han atrevido a denunciar. El redistritaje, consecuencia del término del binominal, es de esas decisiones que no se han tomado con criterios técnicos, sino políticos. Esto es tan cierto que nadie puede explicar lógicamente por qué tal o cual distrito elige mayor número de parlamentarios, más que el criterio de los parlamentarios en ejercicio. Para qué hablar de los proyectos que ponen fin a las reelecciones indefinidas o el recién propuesto por algunos senadores que obliga a los parlamentarios a someterse a control de drogas.

Al menos el fin del binominal terminará con los acuerdos en virtud de los cuales candidatos eran protegidos y elegidos sin competencia. Ahora bien, en las municipales todavía es complejo competirles a candidatos protegidos en comunas donde está asegurado el triunfo de un sector; por ende, se “unge” desde los partidos al futuro alcalde. ¡Bien por los valientes que se atreven a desafiar a ungidos, vitalicios y apernados!

No obstante, la colusión que parece más grave es la que nace cuando se votan y sacan adelante proyectos sin priorizar el bien de la ciudadanía o sin que prevalezca el bien común, por razones o pequeñeces políticas. Comunicacionalmente es mucho más fácil estar a favor de cualquier reforma laboral que evaluar si efectivamente es mejor o no para los trabajadores. Hay que ser valiente y arriesgar bastante para estar a favor de las AFP, aunque miles salgan a la calle, por la convicción técnica de que son buenas para los chilenos.

Hoy la pelota está en la cancha de los electores. Pese a que muchos manifiestan total desinterés en participar de los procesos eleccionarios, es clave comprender que el primer paso para que esto cambie es que comencemos por elegir a políticos honestos y justos, que busquen el bien común antes que su bien particular. Asimismo, es de esperar que la sociedad civil organizada y los medios de comunicación sigan exigiendo transparencia, seriedad y coherencia a políticos y dirigentes. La denuncia ya está hecha. Ahora, la sanción debe venir de parte de la ciudadanía.

*La autora es directora de Asuntos Públicos de Burson-Marsteller y ex subsecretaria de Carabineros (@CarolCBown).

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