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¿Educación mixta, diferenciada o ambas?

logotipo de Pulso Pulso 29-09-2016

La semana pasada se conoció el caso de una niña de once años que quería ingresar al Instituto Nacional, liceo que sólo recibe a estudiantes hombres. Surgió con ello un debate respecto a si los colegios públicos deben o no permitir la diferenciación por sexo. Sin embargo, el problema que deja ver este caso es otro: no existen suficientes alternativas de educación pública de calidad como el Instituto Nacional y los liceos de excelencia. Frente a eso, poner el foco en si niños y niñas se educan juntos o separados resulta absurdo. Y más lo es obligar por ley a que los colegios sean mixtos, tal como algunos parlamentarios ya están sugiriendo.

Imponer la inclusión por ley tiene algunos riesgos. Hay cierta evidencia de que los niños aprenden mejor cuando la enseñanza se ajusta a su nivel (teaching to the right level) e incluso cuando dentro de un mismo curso se los divide en grupos (tracking). Esto, pues permite a los profesores optimizar sus métodos de enseñanza, adaptándolos a las necesidades de sus alumnos. Bajo esta lógica, si hombres y mujeres tienen ritmos diferentes, la educación diferenciada podría incluso facilitar la labor docente. Pero a falta de evidencia concluyente, lo fundamental es que cuando se trata de personas no hay una regla. Cada niño es diferente, y no hay por ello una única receta ni un único modelo educativo exitoso.

Por ello, no se deberían restringir de antemano ciertas opciones educativas, sino que promover que la oferta se adecúe y reconozca las diferencias y necesidades de cada niño. Mixto o diferenciado, lo importante es que no sea una decisión que se imponga desde arriba, sino que sea la comunidad educativa, es decir, las familias y el colegio, la que decida. La verdadera inclusión no se da por obligar a los colegios a mezclar a hombres y mujeres en una misma sala de clases, sino que en la medida en que el proceso de enseñanza se adapta a ellos y los integra realmente en los aprendizajes, ya sea juntos o separados.

Por último, no se debe perder de vista que la educación de un niño no ocurre sólo en la escuela. Las instancias de aprendizaje se dan en el hogar, con la familia, en el barrio, etcétera. Las relaciones humanas se deben educar y fortalecer en cada uno de esos escenarios.

*La autora es investigadora Programa Social Libertad y Desarrollo (LyD). @MPArzola

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