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¿Por qué los grandes bancos están creando sus propias monedas virtuales?

logotipo de Pulso Pulso 01-09-2016 Cinco Días

El anuncio del Banco Santander de unirse a UBS, BNY Mellon , Deutsche Bank y el bróker ICAP para crear una moneda virtual destinada a liquidar pagos usando la misma tecnología en la que se basa la moneda virtual bitcoin ha podido sorprender a muchos consumidores y usuarios, pero no es para nada una iniciativa nueva por parte de los bancos. Las entidades aspiran a poder lanzar su moneda, el USC (Utility Settlement Coin), en 2018, y están en conversaciones con los bancos centrales para conseguir sus objetivos.

Pero como hemos mencionado esta iniciativa no es nueva. El mayor banco de Japón, Mitsubishi Tokyo-UFJ, ya anunció hace meses su propia moneda, el MUFG, que ya está en fase de desarrollo, con una clara ventaja, Japón ha sido el primer país que en el 2014 aprobó un marco normativo para las monedas digitales. En los próximos meses veremos todo un aluvión de proyectos destinados a crear nuevas monedas digitales bajo el paraguas de la banca.

¿Por qué lo hacen los bancos?

Los bancos esgrimen dos grandes ventajas en la creación de las monedas virtuales: tiempo y dinero, al que hay que añadir otro, un mayor control de las transacciones. A diferencia de otras monedas virtuales como el bitcoin, en el que uno de sus puntos fuertes es el anonimato, con estas monedas centralizadas hay un registro de las operaciones y por supuesto de las contrapartidas que generen cuando se cambie a cualquier divisa o depósito. Esto da seguridad pero a través de una gran trazabilidad de las operaciones.

Es cierto que las monedas virtuales permiten el intercambio entre usuarios, es una de las grandes diferencias con los monederos virtuales, por ejemplo, que sólo los puede usar la persona titular, pero en el momento en el que se realice una transacción queda constancia de la misma.

En ahorro en tiempo se debe a que muchas de las operaciones y liquidaciones que tardan días en realizarse se podrían efectuar casi en tiempo real. Esta mayor eficiencia implica además ahorro económico en costos de transacción. El problema está en saber cómo se trasladarán estos ahorros al usuario final, si los bancos serán capaces de establecer nuevas tarifas que les diferencien de las operaciones financieras tradicionales, y todo ello dependerá del grado de aceptación final de estas monedas.

Perdurarán en el mercado sólo unas pocas

© PULSO

Después del boom del nacimiento queda la etapa más complicada, la consolidación. Al igual que ha pasado con otros productos o servicios y va a ocurrir por ejemplo con los sistemas de pago por móvil como los Wallets, habrá una reordenación. Ahora mismo existen ya más de 600 divisas digitales, de las cuales unas 150 están cotizadas. Este boom no ha acabado aún, seguirán creciendo y exige sin duda una reordenación.

El proceso dependerá del grado de aceptación del cliente pero se antoja complejo. Si al final un usuario se encuentra con que en su día a día tiene un número elevado de monedas virtuales, los costos y complejidad pueden superar a los beneficios.

Por todo ello, la divisa digital tardará en ser una realidad palpable para la gran mayoría de los usuarios. Estamos en plena fase de lanzamiento, posteriormente serán los usuarios más avanzados los que empiecen a operar con ellas para hacer una criba que lleve a una fase de consolidación, la cual dependerá el futuro de este tipo de monedas.


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