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2017: comienzo del nuevo régimen

logotipo de Pulso Pulso 03-01-2017

Si 2016 fue un año convulsionado para los mercados, no pareciera que 2017 dará demasiado respiro. En BlackRock somos de la opinión del comienzo de un nuevo régimen, que se manifiesta en varios frentes. En primer lugar, por el lado económico y después de varios años de ajustes a la baja, las proyecciones globales empiezan a reflejar un punto de inflexión, tanto en mayor crecimiento como inflación, aunque sea en un entorno de largo plazo donde los promedios históricos aún se mantienen en niveles bajos. En EEUU, el mayor dinamismo del mercado laboral está llevando a un sostenido crecimiento de salarios, mientras que en China y Europa los fantasmas deflacionarios empiezan a disiparse. A la luz de mejores precios de materias primas, los mercados emergentes también muestran signos de recuperación.

En el frente de las políticas económicas, el cambio de régimen surge a partir de constatar que la labor de los mayores bancos centrales desde la crisis financiera está, definitivamente, llegando a su fin, ya sea por decisión propia (Reserva Federal), o por darse cuenta de que sus medidas ya no son efectivas o producen consecuencias indeseadas, como posiblemente le ocurre al Banco de Japón. Al mismo tiempo, vuelve el foco a las posibilidades de que los estímulos fiscales -a través de recortes de impuestos y aumento de inversión en infraestructura pública, como es el caso de EEUU- se articulen como generadores de crecimiento. Sin embargo, este cambio no estará exento del efecto de mayores percepciones de incertidumbre en torno a los nuevos regímenes políticos que también muestran sustanciales cambios, como fueron Brexit y Trump en 2016 y que posiblemente se extiendan este año.

Por último, y producto de los cambios descritos, los mercados financieros también experimentan profundas modificaciones. Quizá la más importante sea el efecto que los rebrotes de inflación y los mayores estímulos fiscales -que se traduce en un mayor déficit y, por ende, en un mayor endeudamiento público de los países que recurran a ellos- están produciendo en los mercados de renta fija. Después de una caída en las tasas de interés -que se extiende ya por casi 35 años y que incluye la bizarra experiencia de tasas negativas-, se esboza el comienzo de un período de rendimientos a alzas y curvas de tasas más empinadas. Ello, a su vez, afectará la evolución en el precio de otros activos, como acciones o alternativos, que se habían ajustado al entorno de bajísimos retornos de renta fija. Aún persisten muchos desafíos estructurales -poblaciones más envejecidas o menores niveles de productividad-, por lo que el movimiento al alza de las tasas de intereses, al igual que el crecimiento y la inflación, será limitado. En BlackRock miramos con buenas perspectivas estos cambios, incluso si vienen acompañados de incertidumbre y volatilidad.

Al mismo tiempo, los refugios del pasado no conservarán ese rol, como ya se ha evidenciado en las correcciones recientes en el precio de mercado de los instrumentos de renta fija, impactando estrategias de inversión comúnmente consideradas conservadoras. Ante este cambio de régimen, nuestra estrategia de inversión prefiere sobreponderar bonos de menor duración, tanto de emisores gubernamentales como corporativos de grado de inversión, dado el riesgo del aumento en las tasas de largo plazo.

En cuanto a bonos de alto rendimiento, la preferencia es por emisores de mayor calidad de crédito y de mayores niveles de liquidez de mercado. En renta variable, vemos una oportunidad interesante en la rotación cíclica que tiene lugar, donde se produce un cambio de flujos de entrada de acciones de valorizaciones más atractivas -donde destacan emisores del sector financiero, con la excepción de Europa- y salidas desde acciones de menor volatilidad, así como aquellas que han tenido un comportamiento similar al de bonos, donde los altos niveles de dividendo sustituían los bajos rendimientos de renta fija. Anticipamos un 2017 moderadamente positivo para activos de mercados emergentes, que han visto correcciones en los últimos meses, reaccionando a los temores irremisibles de una ola anti-globalización y a la fortaleza del dólar. Sin embargo, la reaparición de la inflación y la mayor inversión en infraestructura que contemplan las políticas de estímulo fiscal, nos llevan a ser más positivos en algunos mercados emergentes más expuestos a lo anterior, tanto deuda como acciones. Ello, aun cuando estos activos puedan verse afectados por mayores niveles de volatilidad, dada la incertidumbre política de los desarrollados.

En ese contexto, los activos peruanos deberían tener un buen desempeño. A la recuperación en el precio de las materias primas -propio del nuevo régimen de mayor inflación e inversión-, podría sumarse el impacto de las expectativas de cambios políticos del nuevo Gobierno, cuyos efectos ya se sintieron fuerte en 2016.

Sin embargo, es importante no perder de vista las abundantes fuentes de incertidumbre: la posibilidad de que aparezca una versión menos amistosa de Trump con los mercados; el riesgo populista-nacionalista en Francia, que podría amenazar a la UE; el peligro de una creciente inflación, que pueda tornarse en estanflación en un entorno global que aún ofrece bajos niveles de crecimiento; un aumento excesivo de las tasas de largo plazo que pueda causar una corrección significativa en los mercados bursátiles; o el preocupante aumento del crédito en China, entre otros factores. A la luz de esto, concluimos que 2017 llama a ser un año de optimismo, pero con cautela.

*El autor es director de estrategia de inversión para América Latina e Iberia de BlackRock.

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