Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

A tres meses del voto: UE está a la espera de que Londres decida futuro del Brexit

logotipo de Pulso Pulso 20-09-2016 Marcela Vélez-Plickert, desde Fráncfort

En los pasillos de los bancos, en las plazas y en los cafés de Fráncfort es tema obligado de conversación: hay que apurarse en comprar un departamento, porque los precios van a subir por el Brexit. “Todos los banqueros se van a venir a Fráncfort”, es el argumento de rigor. En la ciudad alemana ya se está sintiendo el impacto del “no” del 51,9% de británicos, que el pasado 23 de junio votaron por separarse de la Unión Europea.

Poco y mucho ha pasado estos tres meses. Gran Bretaña tiene nuevo primer ministro, la UE ha lanzado una campaña para revivir su alicaída imagen, los pronósticos más pesimistas sobre el futuro de la economía británica se han disipado, el mercado ha recuperado sus pérdidas. Pero, aún existe incertidumbre. 

No se sabe cuándo el gobierno de Theresa May invocará el Artículo 50, la legislación que permite iniciar el proceso de separación. Según Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, May habría adelantado que solicitarán formalmente el Brexit entre enero y febrero próximos. Tampoco se sabe cuál será la relación que la UE mantendrá con su ex miembro, una vez concluido el divorcio. ¿Extraños o socios preferenciales? En la respuesta a esa pregunta se juega el verdadero impacto que el Brexit tendrá sobre UK como en la UE. “El peor escenario es que haya una separación rápida, porque eso solo sería posible, si es que decide que la relación con el Reino Unido se regirá simplemente bajo las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC). El impacto económico sería mayor”, afirma Stefan Kooths, del Instituto para la Economía Global, con sede en Berlín. 

Impacto económico en duda

Antes de la votación, las proyecciones eran devastadoras. La salida de la UE significa que el país debe renegociar por su propia cuenta unos 50 tratados de libre comercio, incluyendo sus vecinos continentales, que consume la mitad de sus exportaciones. A esto se suma el que bancos y empresas británicas no podrán operar en igualdad de condiciones en los países de la UE, como lo hacen hasta ahora. 

Economistas advierten que la confianza del mercado es excesiva y que los pronósticos a largo plazo siguen siendo negativos ante un Brexit. Ante un escenario optimista, esto es que UK adquiere un estatus especial en su relación con la UE y sigue gozando de los beneficios del bloque económico, el promedio de las proyecciones prevé que la economía perderá 2,74% del PIB hacia 2030. En el escenario pesimista, es decir que no haya una relación especial y rijan las reglas de la OMC, la pérdida del PIB sería de 6,5 puntos porcentuales.

“El mayor efecto se verá en las inversiones. Fuera de la UE, la economía británica será menos atractiva para las inversiones directas, más aún mientras dure la incertidumbre respecto a su posición después de su salida”, explica Kooths. 

Expertos del think tank Open Europe en Londres destacan que también habrá un impacto para la UE, que será, como mercado, 15% más pequeño. Mientras, Londres podría negociar, incluso con mayor libertad, sus tratados de libre comercio. Eso sí, la clave, afirman, sería mantener el libre comercio con la región. 

De visas y contratos

Según el Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW), la economía de la UE necesitará dos años para que se disipen los efectos del Brexit. Pero hay un área en que el efecto será más duradero: lo social. Al igual que inversiones y exportaciones, lo que está en juego en la decisión del gobierno de Theresa May, es qué pasará con los 2,2 millones de europeos que viven y trabajan en Gran Bretaña; y con los 1,2 millones de británicos que residen en otros países de la UE. Las preguntas centrales de los “expats” van desde qué pasará con sus cotizaciones previsionales, el pago de impuestos, hasta cuán difícil será buscar trabajo fuera de las fronteras británicas. 

Siemens, una de las empresas alemanas con mayores operaciones en UK pidió la semana pasada que se aclare cuanto antes cuál será el tratamiento para las firmas extranjeras y si se requerirá de visas de trabajo. La ministra británica del Interior, Amber Rudd, planteó que se requerirá de un permiso laboral, que será “muy bien escrutado”. Después de todo, uno de los grandes motores detrás de la campaña del Brexit fue frenar la inmigración. “UK necesita de migración. Pero, libre ya de las políticas europeas, puede implementar un sistema más selectivo, que promueva una migración calificada, similar a lo que hacen Canadá y Australia”, plantean Stephen Booth y Vincenzo Scarpetta de Open Europe.

Aún no está claro cuál sería el planteamiento de los países europeos para con los trabajadores británicos. Si pesa el principio de reciprocidad, deberían también estar sujetos a requerimientos de visado y permisos laborales.

No se trata solo de las contrataciones. Rudd también advirtió que los ingleses deberían prepararse para pagar por una visa para entrar a la UE. Incluso estimó que podría costar 60 euros. Desde Bruselas, solo apuntan a que es muy temprano para hablar de medidas de ese tipo. Sin embargo, analistas apuntan a que el escenario más probable es similar a la relación que existe hoy entre la UE y EEUU, en que sus ciudadanos no requieren visa, pero sí llenar un formulario antes de viajar, aclarando los intereses de su visita.

La nueva City de Londres

Mientras los políticos en Londres tratan de decidir si y cuándo concretarán el voto del referéndum, en el continente europeo ya hay ciudades peleando por reemplazar a la City. Fráncfort, sede del Banco Central Europeo, quiere convertirse en el nuevo hub financiero de Europa. “Londres va a continuar siendo relevante, pero un poco menos que ahora. Fráncfort ofrece la mejor oportunidad para ser el socio de los bancos ingleses en el continente”, afirma Michael Kemmer, gerente de la Asociación de Bancos Alemanes. Para ello, demanda Kemmer, los políticos alemanes deberían ser más activos, tomando en cuenta que París ya está haciendo una activa campaña. Pero también hay otros competidores. Dublín ofrece la ventaja de la cercanía con Londres y el uso del mismo idioma; mientras Luxemburgo ofrece una regulación más simple, especialmente para la banca de inversión.

El problema es especialmente complicado para los grandes bancos estadounidenses, como Goldman Sachs o JPMorgan, que gracias al EU-Pass, o permiso europeo, pueden ofrecer desde Londres sus servicios en toda la UE. Si Gran Bretaña pierde este derecho, los bancos se verían obligados a abrir nuevas sociedades en otro país del bloque. Según la consultora inglesa, Synechron, el costo de la mudanza sería de 66.000 euros por trabajador.  En Fráncfort, se estima que unos 30 bancos deberán buscar una nueva sede para sus operaciones, tras el Brexit.

Al igual que con el comercio bilateral, lo que pase con el sector financiero depende del acuerdo entre Londres y Bruselas. Los bandos están divididos. Hay analistas que creen que se debería “castigar” a UK negándole el acceso preferencial al mercado europeo. Se es socio o no se es. Tras esta premisa aparece el temor a que otros países quieran seguir el ejemplo y opten por su propia ruta de salida, renunciando a sus obligaciones con la UE, pero manteniendo las ventajas económicas. “Existe el riesgo, pero creo que para ninguna otra economía un escenario de salida es atractivo, porque ya han visto los beneficios de estar dentro de la UE”, afirma Kooths.

Más de Pulso

image beaconimage beaconimage beacon