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American Apparel: la 'fábrica de escándalos' sale a concurso

logotipo de El Mundo El Mundo 07-10-2015

© Spencer Platt, Getty Images Ni un cambio de consejero delegado, ni una publicidad menos agresiva, ni siquiera que la todopoderosa Taylor Swift vistiera sus prendas han evitado que la empresa de moda American Apparel se haya declarado en bancarrota. La deuda, la caída de las ventas y los continuos conflictos judiciales han hecho que en los últimos meses la compañía se haya hundido hasta anunciar hace unas horas una reestructuración empresarial para poder sobrevivir. El escándalo ya no es rentable.

Los anuncios sexistas o los que presentaban a modelos con aspecto de niñas en situaciones demasiado sexualizadas le han pasado factura a esta compañía, que tras meses de esfuerzos no ha podido recuperar su reputación ni sus ventas. Los rumores sobre una posible bancarrota ya amenazaban a American Apparel desde hace meses, pero no ha sido hasta hace unas horas cuando su consejera delegada, Paula Schneider, lo ha hecho oficial ante la corte federal de Delaware (Estados Unidos). El pasado septiembre, la empresa tuvo que ser suspendida de cotización en Bolsa después de que la compañía anunciara en agosto que no tenía recursos para continuar con su actividad 12 meses más.

Las claves

Estas son las claves de la bancarrota de la que ha sido mucho tiempo la 'fábrica de escándalos' de la industria de la moda.

Marcados por el escándalo. Desde su creación, American Apparel jugó una baza complicada, la de la provocación, que ha acabado por estallar en sus cuentas en forma de bajada de las ventas y aumento de la deuda. El uso de modelos de aspecto aniñado en posturas provocativas ha hecho que instituciones como la Advertising Standards Authority (la agencia británica de control de la publicidad) hayan tenido que censurar muchas veces sus anuncios. Las imágenes que degradan a la mujer han hecho que su prestigio caiga en picado junto con sus ingresos.

El polémico Dov Charney. Su fundador y CEO, Dov Charney, fue despedido el pasado diciembre por la compañía que fundó en 1989. Sus polémicas campañas y un escándalo sexual que le llevó a los tribunales hicieron que a finales de 2014 decidieran prescindir de él. La elección de una mujer como directora ejecutiva, Paula Schneider, y la promesa de una publicidad más respetuosa no ha funcionado. Era demasiado tarde. La pérdida de prestigio era ya irreversible. Además, el propio Dov Charney ha demandado a la compañía para forzar su reincorporación.

Una deuda inasumible. En la actualidad, la compañía tiene una deuda de 300 millones de dólares, una cantidad desorbitada a largo plazo. Por eso, tras declararse en bancarrota, Schneider ha anunciado un proceso de reestructuración que pretende reducir la deuda hasta los 135 millones de dólares en solo seis meses. Aún así, la CEO asegura que estos cambios no afectarán a los consumidores ni a la red de 230 establecimientos que la marca tiene por todo el mundo.

Crónica de una quiebra anunciada. Los titulares sobre el incremento de las pérdidas y la bajada de las ventas era una constante. En sus últimos resultados presentados en septiembre, American Apparel anunció unas pérdidas de 19,4 millones de dólares y un nuevo descenso de ventas del 17 por ciento.

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