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Analistas polemizan sobre aseveraciones del ministro Valdés y su llamado a reducir la tasa

logotipo de Pulso Pulso 27-12-2016 Miriam Leiva P.

Discrepancia causó entre los economistas la tesis del ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, de que el shock de confianza que mantiene débil la economía es un problema de demanda que debe contrarrestarse con una baja de tasas. “Los shock de confianza son un ejemplo completísimo de un shock de demanda, y la política macroeconómica debe hacerse cargo”, indicó la autoridad a PULSO sin mencionar abiertamente, pero dejando entrever la necesidad de reducir la tasa de política monetaria (TPM) situada en 3,5% hace un año.

Este análisis fue respaldado por los economistas Patricio Rojas de Rojas y asociados y George Lever, director del Centro Economía Digital de la Cámara de Comercio de Santiago, versus la reacción de los analistas Alejandro Fernández de Gemines, Aldo Lema y Luis Eduardo Escobar, quienes consideran que el shock actual es de oferta y que un descenso en la TPM no producirá ningún efecto en los consumidores ni en las empresas. 

“Discrepo totalmente del ministro. El problema de la economía responde a una combinación de factores, de demanda y de oferta debido al menor ahorro e inversión provocado por la reforma tributaria, y que se manifiesta con claridad en la reducción tan significativa del crecimiento potencial en tan poco tiempo”, indicó Fernández. 

Por ende, recalcó que el cuello de botella de la débil actividad no se resuelve con una reducción de la TPM que ya está en niveles históricamente bajos: “creo que el shock de confianza no se verá alterado por cambios en la política monetaria, la gente no quiere gastar y no porque baje la tasa van a empezar a consumir”. Su solución pasa por un cambio de gobierno que esté más enfocado en el crecimiento y no en una pronta baja de tasa: “Están pasando muchas cosas a nivel internacional para pronunciarse, el Banco Central (BC) debería irse con cuidado”.

Asimismo, Escobar recordó que la política macroeconómica no soluciona los problemas de confianza y recordó el caso de Bolivia que después de la hiperinflación mostró equilibrios macros “envidiables” y con nulo crecimiento. “Es cierto que no hay que sentarse a esperar, pero hay que tener medidas concretas que impulsen a los privados a invertir. Acá tenemos un excelente mix de política fiscal y monetaria y eso nos ha llevado a crecer 1,5% este año”, acotó.

Recordó que la tasa de interés ya es muy baja (0,6% real), y no ha generado un aumento en la inversión, y si ésta se desciende podría afectar el dólar en medio de una alta volatilidad. Por ello sugirió esperar más evidencia: “No basta con bajar 25 punto base para que un proyecto se vuelva tremendamente atractivo de la noche a la mañana. Si uno cree que habrá problemas con los derechos de agua, una baja en la TPM no va a llevar a invertir en regadío”, manifestó.

Una opinión similar mantuvo el economista Aldo Lema: “No todo shock de confianza amerita políticas más expansivas. Hay que distinguir entre shocks cíclicos de demanda, y shocks estructurales de oferta, que fue impactado por las reformas y sus efectos en la inversión y el crecimiento potencial”. 

Bajar la tasa. En el otro lado de la balanza, Rojas concordó con Valdés en actuar a través de la política monetaria, aunque aconsejó elegir el momento para que la decisión sea eficiente. “En la medida que tiene espacio claramente el BC tiene algo que decir. El asunto es cuándo, porque la tasa no es el problema de la economía entonces debe elegir el momento correcto cuando tenga un impacto en las expectativas con un discurso adecuado”, observó. 

Explicó, por ejemplo, que si hubiese reducido la TPM en diciembre no habría tenido ningún impacto porque la Fed se reunía al otro día; y en enero asume Donald Trump en EEUU, por lo tanto su efecto también sería acotado. “La autoridad monetaria debe tratar de afectar las expectativas para adelantar decisiones de consumo e inversión, sin contaminarse con otra noticia. Bajarla 50 puntos de una vez tendría más impacto que hacerlo en 25 puntos consecutivamente”, acotó.

Si bien Lever se mostró de acuerdo con que la política monetaria debe actuar, comentó que ésta tiene menos espacio hoy que hace unos trimestres atrás porque ahora está enfrentada a la diferencial de tasas con EEUU, donde se espera un alza de la menos 75 puntos el próximo año. “Hoy el ritmo de actividad y la menor inflación apuntan a una política más expansiva y hace sentido las opiniones del ministro, pero se pierde grado de libertad por la incertidumbre externa y no saber qué pasará con el tipo de cambio”, afirmó. 

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