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Antonio Frey: "La marginalidad no es un problema de recursos, sino de un rediseño urbano y social"

logotipo de Pulso Pulso 02-09-2016 Daniel Fajardo Cabello

Más de 300 nuevas cámaras HD de última generación acaban de ser instaladas en 177 puntos de la comuna de Santiago, como parte de la Actualización y Reposición del Sistema de Cámaras de Teleprotección, que mejorará la seguridad de vecinos y trabajadores de esa zona. Y justamente fue el mismo Subsecretario de Prevención del Delito, Antonio Frey, uno de los que lanzó el proyecto.

Pero la seguridad y la prevención no están definidas por complejos sistemas informáticos o cámaras modernas. Y ese es uno de los mensajes que quiere entregar la actual administración. “La clave está en crear entornos amigables y que los mismos vecinos de la ciudad sean parte de una renovación que termine por erradicar o disminuir la delincuencia”, comenta Frey.

La PDI acaba de mostrar un informe donde identifica más de 152 bandas organizadas en Santiago...

-Exactamente. Uno de los grandes desafíos tiene que ver con la desarticulación de bandas que están organizadas criminalmente. Usan armas y son multivariables en términos de delito. Atacan supermercados, roban cajeros automáticos, trafican droga, etc. Tratan de conquistar ciertos espacios de la ciudad y tienen a los vecinos en situación de amenaza permanente y de ocupación del espacio público. Tenemos los casos típicos de La Legua, pero hay otros como la población Parinacota o La Pincoya. Hay varios lugares de la ciudad donde evidentemente el crimen organizado ha tenido una proliferación.

¿Cómo ha ayudado al respecto la nueva Ley de Armas promulgada hace dos años?

-Esta ley amplía facultades, pero además permite sumar penas, lo que ha ayudado bastante. Sin embargo, aparte de  la entrega voluntaria, hay muchas armas que se extravían y o se roban, lo que genera un gran problema. Pero asociado a la entrega de armas y la nueva ley, está también nuestra programa de Intervención en Barrios de Alta Complejidad.

¿Qué barrios son?

-Actualmente tenemos intervenidos tres: Bajos de Mena, La Legua y Parinacota.

¿Qué significa exactamente que estén “intervenidos”?

-Ha habido promesas de muchos gobiernos, pero lo que queremos es partir con una línea base para evaluar los problemas de conectividad, de seguridad, de espacios públicos, de servicios y calidad de vida. O sea, cuál es el tejido social, para así tomar el siguiente paso. Por ejemplo, en el caso de Bajos de Mena, tener un centro cívico, con al menos una oficina del Registro Civil que permita sacar carnet de identidad, una Comisaría de Carabineros, una compañía de bomberos, espacios públicos recuperados y un tejido social rearmado. Además de mejorar las fachadas de los edificios y demoler edificios deteriorados.

¿Eso lo haría un barrio más seguro?

-No necesariamente reduce la delincuencia de forma inmediata, pero se transforma en un barrio disponible para recibir recursos durante un largo tiempo y producir una mejora. Comienzan a llegar proyectos de salud, obras públicas, conectividad y de vivienda. O sea, mejorar todos los aspectos para salir del bolsón de marginalidad donde proliferan las bandas. Por ejemplo, en Bajos de Mena no hay conectividad. ¡Ni siquiera llega el Transantiago! Si uno no hace intervenciones, las bandas proliferan. Esto es como el concepto de “ejército de reserva” que decía Marx. Tenemos una apuesta de empezar trabajar en esos barrios de alta marginalidad, creando una línea base. No vamos a crear esa gran promesa de que se solucionará todo, pero vamos a dejar todo listo para que comiencen a llegar más políticas públicas y recursos. 

Pero en La Legua se han hecho muchas intervenciones durante décadas…

-Todos hablan de intervenir, incluso el gobierno anterior inyecto muchos recursos en dinero. Pero nadie implanta un punto de partida y hacia donde se quiere llegar. Sólo son promesas. La marginalidad no es un problema de recursos, sino de un rediseño urbano y del tejido social, o bien, de una reactivación del mismo, para así sacar de forma definitiva al narcotráfico y las organizaciones criminales detrás de ese proceso. 

¿Hay algún ejemplo que están siguiendo para esta propuesta?

-Por ejemplo las autoridades de Ciudad de Cabo, establecieron un proceso de cambio en los barrios marginales que estaban tomados por los “gangs”. Lo que hicieron fue reactivar el tejido social con los mismos vecinos (la mayoría parientes de los mismos narcos), quienes reconstruyeron sus barrios con sus propias manos y a apropiarse de tal manera de esta iniciativa, que terminaron por expulsar a los gangs. En general, en los barrios marginales se ve que los mismos vecinos toleran a las bandas, sin necesariamente pertenecer a ellas, debido a que son parte de su vida cotidiana. Es una relación de dependencia. Por ejemplo, hay una fiesta organizada por los narcos y van, o llega dinero de los narcos para subvencionar los colegios y lo aceptan. Es una dinámica propia de los bolsones de marginalidad. Por eso la policía tiene poca eficacia: no tienen información.

¿Y qué hacen en esos casos?

- Una intervención fuerte, por ejemplo con la PDI, el OS7, la Fiscalía o la Brigada de Homicidios. Por eso es un gran desafío, lograr el rediseño, para no tener que llegar a los extremos. Países con un mayor grado de violencia como México y Colombia ya han realizado planes de este tipo con buenos resultados.

¿Cuánto demora un barrio en dejar de ser un bolsón de marginalidad con este tipo de estrategia?

-No es algo de la noche a la mañana. Es una operación de 20 o 30 años.

¿Cuál es el costo de la intervención en Barrios de Alta Complejidad?

-Para llevarlo a cabo transferimos a la Intendencia Metropolitana más de $2.500 millones. Pareciera mucho, pero estamos hablando de 120 mil personas en Bajos de Mena, muchas de las cuales viven en condiciones de marginalidad.

¿Esta es la primera experiencia de rediseño de barrios en Chile?

-En el caso de La Legua se ha tratado de hacer varias veces y es una gran demanda de los vecinos y vecinas. Por ejemplo, en ese lugar se están construyendo nuevas viviendas y esperamos que más temprano que tarde podamos destapar una serie de pasajes que son verdaderos nidos del narcotráfico. Además de implementar áreas verdes en sitios eriazos. Todo este proceso de mejora -principalmente en Santiago que reúne los mayores bolsones de exclusión social- hay que hacerlo responsablemente y sin promesas que no tengan sentido.

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