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Callejón Bachelet

logotipo de Pulso Pulso 27-12-2016

La Presidenta ha brindado una nueva entrevista a un medio extranjero. Una estrategia política común para introducir alguna cuña en la copada agenda noticiosa local. En esta ocasión, la mandataria ha tenido un extenso diálogo con un nada inquisidor periodista, quedando como resultado un espacio en el que Bachelet, ajena a toda autocrítica, ha hablado de un Chile desconocido para cuatro de cada cinco de sus compatriotas.

“Yo no opté a la Presidencia de la República para tener calles […] con mi nombre”, dijo, y –lamentablemente- parece estar haciendo un buen trabajo para que así ocurra.

La Michelle Bachelet de 2010, que terminó su administración con una popularidad superior al 80%, seguramente merecía dar denominación a una avenida importante del país. Más allá de cualquier ideología, fue la primera mujer en llegar a La Moneda y, guste o no cómo lo haya hecho, el apoyo ciudadano durante buena parte de su primer Gobierno fue algo inédito.

Sin embargo, la Bachelet de la Nueva Mayoría está lejos de alcanzar algo así y cualquier virtud que colgase de la figura política de la mandataria años atrás se ha ido desgastando crudamente con el pasar del tiempo. Ad portas de un nuevo año y a quince meses de que abandone nuevamente La Moneda, su trabajo parece digno de un discreto callejón sin salida.

Y es que a diferencia de las calles y avenidas, los callejones están repletos de incertidumbres. Se juega buen fútbol, eso sí, al punto de poder ganar dos copas continentales, pero el callejón seguirá siendo callejón hasta que no se tomen medidas concretas.

El único pavimento que se logra distinguir aquí es una mixtura de ideologías sectarias que han llevado a que muchos chilenos se sientan en permanente riesgo de meter un pie en un charco fangoso que estropee todo lo que han construido con esfuerzo y devoción.

Además, este callejón en el que se ha convertido el Ejecutivo no cuenta con señalética alguna. Nadie sabe si se viene o si se va y cada semana se dan muestras de una improvisación insaciable. Todo lo ocurrido en torno al feriado del próximo lunes es sintomático de que lo ha sido este Gobierno.

Este callejón en el que está Bachelet carece además de toda luminaria, lo que genera inseguridad -de todo tipo- y confusión generalizada en asuntos prioritarios como educación y economía. Además, la falta de celeridad por alumbrar el camino permite que periódicamente se descubran nuevos chanchullos realizados en las narices de los vecinos.

Por último, este callejón parece no tener salida, principalmente por la ausencia de autocrítica y la obstinación en centrarse en un puñado de reformas estructurales de las que ninguna ha echado raíces.

Es lamentable cómo en una década la Avenida Presidenta Michelle Bachelet devino en un descolorido callejón Bachelet.

*El autor es académico Universidad de los Andes (@albertopedro).

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