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Carlos Insunza: "Si lo que prima es falta de voluntad de acuerdo enfrentaremos un año muy complejo"

logotipo de Pulso Pulso 21-12-2016 Juan Pablo Palacios

Hijo del histórico dirigente comunista Jorge Insunza Becker y hermano del ex ministro de la Segpres de Michelle Bachelet, Jorge Insunza, quien renunció por un escándalo en que se le acusó de conflictos de interés, Carlos Insunza se convirtió la semana pasada en el primer militante del PC en ser electo presidente de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF). En esta entrevista muestra sus cartas para asumir el reemplazo en el gremio del histórico Raúl de la Puente y profundiza sus críticas al ministro de Hacienda Rodrigo Valdés. 

¿En lo formal, cuándo asume la presidencia de la ANEF?

-Estamos a la espera de que la Comisión Electoral emita las actas formales de los resultados del proceso. Después hay un plazo de 10 días para impugnaciones. Tras eso se convoca la constitución del nuevo directorio. Esperamos que todo eso ocurra dentro de las próximas dos semanas. Las tareas y desafíos que tiene esta organización son muchos. Estamos en un período que es complejo para el sector público por las renovaciones de contratas y la definición de los programas de mejoramiento de gestión. Para ayudar en eso necesitamos que el nuevo directorio esté constituido y funcionando.

¿Por dónde cree que pasó el triunfo de su lista, porque el favorito era el dirigente del PS José Pérez?

-Hemos recibido un respaldo de parte de los trabajadores afiliados a la ANEF en reconocimiento a una tarea ya largamente desarrollada. Somos dirigentes del PC y de izquierda que hemos asumido una mirada respecto de la ANEF y de hacer aportes a ella que se ha expresado en los últimos quince años. Presentamos un programa que representó a los trabajadores que votaron por nosotros. Ello no sólo se expresa en declaraciones, sino que en cosas concretas. Por ejemplo, soy dirigente del Servicio de Impuestos Internos (SII), donde desarrollamos una negociación que permitió un avance significativo de nuestras demandas. También está Marcelo Reyes, presidente de Aduanas, Claudio Banda, presidente del SAG y Cristián Becerra, presidente de Fonasa. Somos dirigentes que hemos mostrado compromiso y persistencia en avanzar en los intereses de los trabajadores.

¿Cuál es el sello que espera darle a la ANEF?

-La elección tuvo una marca muy central que fue la decisión de Raúl de la Puente de no repostularse. Él fue durante 20 años presidente de la organización, marcó una impronta, fue conductor de un conjunto de fuerzas que permitieron que la ANEF se transforme en la mayor confederación a nivel nacional y en una de las principales organizaciones sindicales en el debate público. Todos tenemos un reconocimiento a la labor que desarrolló De la Puente. Respecto del futuro, es evidente que las organizaciones sindicales por su formato de funcionamiento tienen continuidad. El nuevo directorio tiene el mandato de implementar el protocolo de acuerdo que suscribimos con el Gobierno en 2015, que tiene 19 puntos, donde algunos de ellos han avanzado, pero los más estructurales como trabajo decente en el Estado, cierre de las brechas salariales entre hombres y mujeres, entre otras materias, todavía están pendientes. Por lo tanto, la agenda ya está delineada para el año 2017. Pero es natural que un directorio con nuevos integrantes va a tener su propio sello, que tiene que ver con quien conduce, pero donde también hay un sello colectivo. Vamos a tener que mantener el posicionamiento que hemos tenido, con una dinamización de capacidades, un acercamiento más profundo respecto de sus asociaciones afiliadas y ser capaces de trabajar articuladamente con el resto de las organizaciones del sector público en los desafíos en común. En un año de elecciones las alternativas que se presenten tendrán que ser evaluadas en función de exigir avances y en la continuidad y profundización de los cambios que el país requiere para tener una sociedad más democrática, más equitativa y más justa.

¿Qué evaluación tiene de la última negociación del reajuste del sector público?

-En el conflicto que se vivió con el Gobierno los trabajadores demostraron una capacidad de unidad, de convocatoria y movilización en niveles que no se veían hace muchos años. Fuimos capaces de sostener una línea clara no sólo de cifras y de bonos, sino de lo que esto significaba para el conjunto de los trabajadores públicos y los trabajadores del país. La visión que se articuló desde el Ministerio de Hacienda no fue respecto de lo fiscal, sino que era más general, de dar una señal respecto de compromisos hacia el empresariado. Espero que el Gobierno haya tomado lecciones del proceso. Los procesos vividos con el ministro Valdés demostraron su profunda incomprensión de la relevancia que tiene esta negociación. Cuando un ministro de Hacienda intenta enfrentar esa negociación con una planilla Excel, es porque no entiende la relevancia que tiene esa negociación, ni a la contraparte que tiene al frente. Espero que para el 2017 el Gobierno en su conjunto modifique sus criterios y sea capaz de instalar un espacio de relación con las organizaciones sindicales, donde lo que prime sea la voluntad de diálogo, de acuerdos y de cumplir los compromisos adquiridos con cada uno de las organizaciones. Si ese giro se produce sin duda vamos a tener un proceso más fructífero. Si lo que prima son las lógicas de ausencia de diálogo, de falta de voluntad de acuerdo y de desconocimiento de los compromisos adquiridos, nos enfrentaremos a un año muy complejo. 

¿Qué visión tiene de los insultos que recibió Valdés de parte de la presidenta de la CUT?

-La reacción de la presidenta de la CUT se dio ante un escenario inédito, que fue un desalojo violento, cuando no había ningún elemento que diera cuenta de la necesidad de desalojar. Ese día yo fui uno de los dos detenidos en la Sala por oponerme al maltrato en las tribunas. Es evidente que en el debate público los insultos no debe ser lo que prime, pero cuando uno intenta hacer un aprovechamiento de una reacción que se produce en un contexto de violencia para intentar marcar a una dirigenta, me parece que eso no tiene nada que ver. Quienes intentan hacer ese planteamiento son quienes legislan en contra de los trabajadores.

¿Esperan que Valdés siga siendo el interlocutor de parte del Gobierno?

-Será tarea del Gobierno ver quiénes serán los mejores interlocutores en los procesos que vienen. Lo esencial es que los criterios con los que se actuó en la última negociación s e modifiquen.

¿Qué visión tiene sobre las críticas al PC, que siendo un partido de gobierno, descuidó al movimiento social?

-No hay un alejamiento del PC respecto del movimiento social. Lo que ocurre es que son los miembros de las organizaciones quienes han definido conducciones que no son las nuestras. El rol de ser partido de gobierno tiene responsabilidad que corresponde a quienes lideran los partidos políticos, pero los militantes que somos parte del movimiento social tenemos la tarea de liderar el cumplimiento de las demandas. Desde que soy militante del PC no he visto una visión distinta. Sin duda que hay evaluaciones y ajustes que hacer, pero en lo central creo que no hay ninguna contradicción entre tener militancia en un partido y ser parte del movimiento social, siempre que se entienda que el rol fundamental es representar a quienes a uno lo eligen.

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