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Chile: inflación "controlada"

logotipo de Pulso Pulso 09-01-2017

La inflación medida por IPC en Chile durante el año 2016 cerró en 2,7%, un excelente resultado muy cerca de la meta de 3%. Sin embargo, tuvo un comportamiento muy distinto entre el primer semestre y el segundo. En efecto, durante los primeros seis meses del año pasado la inflación alcanzó un 0,35% promedio mensual mientras que en el segundo llegó a sólo 0,09%. Recordemos que la meta de 3% implica un 0,25% promedio mensual, por lo que esta se alcanzó gracias a la importante baja de la inflación en el segundo semestre. Adicionalmente el nivel actual del tipo de cambio está por debajo del promedio del primer semestre del año recién pasado, por lo que podría contribuir a una menor inflación medida en doce meses.

No hay que olvidar, sin embargo, que la inflación fue de 4,4% en el año 2015 y 4,6% en 2014. Ambas estuvieron incluso por sobre el rango de tolerancia del Banco Central, que va desde 2% a 4%. Es decir, incluso si existiera un momento en el cual se pudiera decir “la inflación está controlada, ya no hay que preocuparse”, ese momento no sería el actual, luego de sólo un año en la meta de las autoridades. Pero además sabemos que el control de la inflación es una tarea permanente; entre muchos argumentos posibles, si no fuera así entonces sería muy complicado explicar por qué numerosos países han establecido justamente a la inflación como una de las metas principales de sus bancos centrales.

Las expectativas para el presente año parecen estar cercanas al 3%, que no sólo es la meta del Banco Central, sino que es también el nivel actual de la inflación medida a través del IPCSAE, es decir, el IPC excluyendo alimentos y energía. En los dos años recién pasados la volatilidad del precio del petróleo ha provocado grandes cambios en la inflación medida según la canasta del IPC. Esto llegó a causar casi un punto de diferencia entre estas dos mediciones. Sin embargo, hacia adelante se espera una mayor moderación en las fluctuaciones del precio del petróleo, lo que debería implicar una mayor cercanía entre estos dos indicadores de inflación. Lo anterior unido a que el IPCSAE a diciembre mostraba un alza de 2,8% hace pensar que las estimaciones son muy razonables. La segunda y muy importante razón para confiar en la expectativa de 3% es precisamente la credibilidad adquirida por nuestro Banco Central durante sus últimos 25 años de experiencia con metas de inflación, en los cuales las metas (que no siempre fueron 3%) han sido alcanzadas con un buen nivel de aproximación, especialmente en términos de promedios de cinco años.

El análisis anterior permite cierto espacio, aunque limitado, a rebajas en la tasa de interés de política monetaria (TPM). Digo limitado porque si bien se está esperando una inflación por debajo de la meta por algunos meses, se espera la meta y no menos para fin de año, siendo que en ese caso sí se justificaría una reducción más agresiva de la TPM. Dada la trayectoria de este año por efecto de base se esperaría que si bien se observen inflaciones anuales cercanas al 2% en el primer semestre, esta volvería en dirección a la meta durante el segundo semestre.

Sin embargo, el análisis anterior puede ser complementado con otro que implica más dudas. En efecto, la inflación del IPC separada entre sus componentes transables y no transables, con todas las dificultades que significa definir la categoría de cada bien o servicio, ha sido un buen indicador de la dirección futura de la inflación. En particular la inflación de no transables ha sido aproximadamente un tercio menos volátil que la de los transables desde 2011. Eso implica que al momento de predecir la dirección de la inflación a futuro la inflación de no transables es posiblemente un mejor indicador que la inflación de transables. Lo importante de esto es que la inflación de los no transables está en torno al 4% mientras que la de los transables está por debajo del 2%, generando el promedio de 2,7% en el IPC completo. Lo anterior se puede complementar con la intuición de que la inflación de transables está más afectada por el tipo de cambio, y la volatilidad de este se transmite aunque de manera imperfecta y con rezagos a la inflación de los no transables. Por lo tanto si el tipo de cambio vuelve a subir (depreciarse) entonces podría verificarse una presión inflacionaria mayor que la que se prevé en estos momentos. Este argumento podría ser muy relevante hacia fines de año, cuando el cambio en la dirección del Banco Central de EEUU (Fed) sea más inminente y con alta probabilidad implique expectativas de alzas adicionales en la TPM del país del norte. Esto podría impulsar nuestro peso a la depreciación y generar ciertas presiones inflacionarias como las que ha vivido México recientemente, ante lo cual las autoridades de ese país han decidido dos alzas de su TPM.

En resumen, la proyección base de la inflación en 3% parece muy razonable pero es posible afirmar que los riesgos parecen más bien sesgados hacia el alza que hacia la baja, lo cual podría implicar que el Banco Central sea prudente en su muy probable relajación de política monetaria en los próximos meses.

*El autor es economista y estratega para Latinoamérica Principal International.

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