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Codina y la Papelera

logotipo de Pulso Pulso 04-01-2017

Una de las últimas gracias de 2016 fue del alcalde Codina, de Puente Alto, anunciando expropiar a la Papelera.

Un chasco del Día de los Inocentes, dijeron algunos. Broma perfecta: alcalde RN de respetable trayectoria, en comuna con empleo e inversión, anuncia expropiar a la Papelera, ícono de la historia de Chile en la batalla del empresariado contra las expropiaciones de Allende. Sólo faltaba el trending topic #LaPapeleraSi, en respuesta a “¡La Papelera No!”, eslogan de los 70.

Pero era cierto. “Frente a los abusos de la CMPC, y ante la impunidad de los casos de colusión, hemos determinado como un acto de justicia que esta empresa compense a la comunidad de Puente Alto”, dijo Codina con el respaldo del concejo municipal.

El alcalde se equivocó. CMPC cometió fechorías, de las feas, pero ninguna que justifique amenazar por la prensa su propiedad privada. Cuando caigamos en los códigos de quién roba a ladrón tendrá mil años de perdón, nos jodimos.

La insólita intervención de Codina confunde la moralidad de los individuos con la aplicación de principios fundamentales, y de paso transgrede barreras invisibles de nuestro ordenamiento social. Pues la expropiación toca uno de los meollos más complejos de la sociedad moderna. Contrapone el respeto a los derechos individuales con la imposición del Estado justificando el bien común. Un encono eterno de la tradición anglosajona y la francesa, entre Locke y Rousseau.

Otra cosa habría sido intentar un acto expropiatorio siguiendo los procesos que establece la Constitución, sin insultos ni amenazas. Porque es verdad que la planta de 50 hectáreas de CMPC en Puente Alto, si bien lleva casi 100 años instalada, entorpece el tráfico comunal cerrando el paso a dos de sus avenidas principales.

Pareciera ser que el alcalde se ha equivocado, pero también la Papelera. Sí, CMPC llegó antes, mucho antes, pero los tiempos no están para trifulcas. Menos para las grandes empresas que deben cuidar la relación con sus comunidades. Según argumenta Codina, han pasado más de doce años intentado encontrar una solución.

Probablemente el costo de una salida amigable es menor a los problemas reputacionales que este conflicto trae a una empresa desesperada por aprobación pública. Ojalá la Papelera haga desplante de la gestión y eficiencia que por años la caracterizaron y tengamos una solución antes, mucho antes, del próximo Día de los Inocentes.

*El autor es ingeniero civil PUC y MBA-MPA Harvard (@jieyzaguirre).

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