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Crónicas Institutanas

logotipo de Pulso Pulso 02-09-2016

Texto que explica decadencia del Instituto Nacional, antiguo liceo que por 200 años fuera emblema de la educación pública chilena. Anónimo, circa 2035.  

Todo comenzó con un simple jarro de agua. ¿Agua maldita? Quizás pensó así la Ministra cuando la recibió en su cara. Agua fría y sorpresiva, como un latigazo. María Música (1) se llamaba la niña de 14 años. Un clásico instantáneo. La gran mayoría del país, en lugar de recriminar la falta de respeto, celebró su osadía y su arrojo. 

Fue una chispa. Los estudiantes del Instituto Nacional comenzaron a realizar recurrentes cabildos (2) y paralizaciones. Inesperadamente, y contra la usanza anterior, la autoridad apoyó y alentó el proceso. Muchos profesores estaban de acuerdo con los movimientos, a pesar de ser ilegales. También pararon, para apoyar a los estudiantes. Esperaron por meses, conversando y consumiendo ingentes cantidades de café y cigarrillos (3). Muchos padres, que todos imaginaban severos y preocupados, también apoyaron.  Valía la pena perder semanas, y hasta meses de clases, por apoyar una buena causa. Como era predecible, dada la corta edad de los muchachos, la causa no era tan clara. Pero eso era de poca relevancia. 

Pasaron los años. Se impusieron ideas consideradas antes y después muy poco lógicas. En lugar de celebrar la excelencia del Instituto, cuna de varios Presidentes de Chile, se la consideró un problema. Lo importante era la igualdad. Se hablaba de “bajar a los estudiantes de los patines”(4). El Instituto ya no podía ser un faro ni un objetivo. Era mejor que fuera un colegio más. Que no destacara. Un argumento, ex post, difícil de entender, porque la gente bien preparada que salía del Instituto multiplicaba su impacto positivo en la sociedad. ¿No era acaso esa la idea central de la educación?. Extrañamente, en aquellos años, se consideró esto como secundario.Sólo el rector opuso alguna resistencia. Buscaba ordenar las cosas y trabajar para mejorar la calidad del establecimiento. Por eso la alcaldesa (5) no lo quería. A ella también le parecía importante movilizarse. Hasta que sucedió lo inevitable. Muchos alumnos, podridos de ver TV (6) todo el día en sus casas, se retiraron. Las postulaciones (7) bajaron. El edificio se vino abajo por la falta de cuidado. La alcaldesa se aburrió de gastar plata en arreglos y se puso momia (8). Los profesores buenos buscaron trabajo en otros colegios.  El Instituto perdió los fondos que premiaban el buen rendimiento de sus alumnos, que mintieron diciendo que habían boicoteado el Test Simce (9).Y así, en esta impredecible e inexplicable cadena de hechos, el Instituto perdió el orgullo. Perdió la autoestima. Se miró al espejo y una mañana, ya no se reconoció. Nunca más se recuperaría…

(1)  María Música Sepúlveda, estudiante que lanzó jarro de agua (limpia) a ministra de Educación, Mónica Jiménez (2) Expresión de origen colonial; asamblea, reunión política o constitucional. Muy de moda en 2016. Luego cayó en desuso (3) Droga cancerígena de tabaco prensado, vendida por “poderosas multinacionales” (4) Nicolás Eyzaguirre, ministro de Educación (2014-2015). La analogía ha sido muy estudiada, pero nunca se ha comprendido a cabalidad (5) Carolina Tohá, alcaldesa de Santiago (2010-2016) (6) Aparato audiovisual, común a finales  S XX y principios S XXI. (7) Proceso de aplicación a un determinado colegio. Reemplazado en 2016 por “el método del sismógrafo” (8) Conservadora, reaccionaria, “facha”. (9) Antiguo test para medir rendimiento escolar. Se eliminó el 2017, al igual que la PSU.P 

*El autor es panelista de radio Duna. 


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