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Crecimiento no repunta. Probable bajo 3%

logotipo de Pulso Pulso 09-06-2014 Pulso

El Imacec de abril (2,3% en 12 meses y 0% respecto a marzo) no sorprendió, ya que ratificó la debilidad de la economía, presente especialmente desde octubre del año pasado, e implica una muy mala partida para el segundo trimestre, asegurando que la primera mitad del año tendrá un crecimiento bajo 3% y, tal vez, no superior al 2,6% del primer cuarto de 2014. La perspectiva de que la economía irá de menos a más durante el año, hoy parece solo un artilugio estadístico por la baja base de comparación que se producirá en el último trimestre, toda vez que hasta fines de la primera mitad es evidente que no ha ido a ninguna parte y parece probable que siga igual por un buen tiempo más.

Esta perspectiva negativa que ha sido insinuada por el propio Banco Central al anticipar una nueva corrección a la baja en la proyección de crecimiento en el próximo IPoM del 16 de junio, se explica por el desplome de la inversión desde el tercer trimestre del año pasado y que, todo lo indica así, continuará en la misma dirección en el segundo cuarto y seguramente en el tercero, para cerrar el año con una contracción marginalmente evitada el año pasado y que será la segunda desde 2009. Pero el débil crecimiento de 2014, liderado por la inversión, se mantendrá por la evidente desaceleración que está experimentando el consumo privado y que, de acentuarse, podría conducir a un resultado aun peor al anticipado en el párrafo anterior para el año completo y a uno muy mediocre en 2015.

La dinámica reciente de la economía nacional, más allá de la caída de la inversión, ha estado caracterizada por una gradual desaceleración en el crecimiento del consumo. Este proceso, que se insinuó en el cuarto trimestre del año pasado, se hizo más evidente en los primeros tres meses de este año y la evidencia parcial y sectorial anticipa una continuación del proceso en el segundo trimestre. La desaceleración en el crédito de consumo ha acompañado o explicado esta desaceleración, pero el impacto más importante se manifestará en los próximos meses por el deterioro en el crecimiento de la masa salarial. En efecto, si bien se ha acelerado el aumento de las remuneraciones nominales, la mayor inflación se ha traducido en una reducción en la expansión de su variación real. Al mismo tiempo, las condiciones en el mercado del trabajo se han deteriorado aunque ello no se refleja en la tasa de desempleo, todavía. En efecto, la ocupación aún muestra tasas de crecimiento extraordinariamente altas, a pesar del menor crecimiento de la actividad económica, pero su composición permite anticipar un menor dinamismo en los próximos meses y un incremento en la desocupación. Desde hace algunos meses es notorio el bajo crecimiento en el empleo asalariado y el muy alto en aquel por cuenta propia, lo que anticipa el deterioro en el empleo y un incremento en la desocupación.



EL TERCER factor que permite anticipar la mantención de un proceso de desaceleración en el crecimiento del consumo es el menor optimismo de los consumidores, lo que se refleja en las diversas encuestas de expectativas que exhiben una gradual disminución en el optimismo que, inevitablemente, se acentuará cuando aumente el desempleo, reforzando la menor expansión del consumo. Resumiendo lo anterior, entonces, nos encontramos en un escenario de crecimiento muy bajo, inicialmente explicado por una fuerte contracción en la inversión, a lo que se ha sumado un menor dinamismo en el consumo. La demanda externa ha estado compensando en alguna medida esta situación, pero es imposible que se haga cargo de la desaceleración de manera completa o sustancial por las muy diversas magnitudes relativas involucradas.

La descripción de los hechos y su probable evolución en el corto plazo no resulta muy controversial y parece haber pocas discrepancias al respecto entre los analistas. La explicación de por qué se ha producido esta desaceleración llevando al crecimiento a situarse claramente por debajo del potencial desde fines de 2012 es, sin embargo, más controversial. El crecimiento de 5,7% promedio entre 2010 y 2012 fue claramente circunstancial y fue posible por las holguras generadas por la baja expansión de 2008-09 y las necesidades de gasto provocadas por el terremoto de febrero de 2010. Por otro lado, el crecimiento efectivo entre 1999 y 2013 fue de 4,1%, marcado por un nulo aumento en la productividad total de factores, de manera que es dudoso que el crecimiento potencial de la economía chilena esté en torno al 5% como se dice insistentemente. Más bien creo que está entre 4% y 4,5%, especialmente en las circunstancias actuales de elevado costo de la energía. Así, la desaceleración a partir del año pasado se explica por el agotamiento de las holguras y el pleno empleo en el mercado del trabajo, el efecto acumulativo negativo del alto costo de la energía, mientras que la baja adicional a poco más de 2%, así como el desplome de la inversión, puede atribuirse, principalmente, a la incertidumbre generada por el inepto manejo del proyecto de reforma tributaria actualmente en discusión en el Parlamento, así como la perspectiva de otras reformas estructurales y un clima ideologizado y anti mercado que se ha ido imponiendo en el último tiempo. P



El autor es gerente de estudios de

Gemines S.A.

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