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Día de Circo

logotipo de Pulso Pulso 06-09-2016

Hoy, 6 de septiembre, es el Día Nacional del Circo. Y además, está presupuestado que en el Senado se vote en general el proyecto de ley que legaliza el aborto en Chile. Macabra coincidencia.

Y es que quienes han podido seguir de cerca la discusión de la iniciativa propuesta por Michelle Bachelet -mujer y madre antes que Presidenta- hemos sido testigos de una discusión legislativa con ribetes bastante circenses.

Desde su trámite en la Cámara de Diputados y sus comisiones de Salud, Constitución y Hacienda hasta su ingreso a la comisión de Salud del Senado, el proyecto ha sido expuesto de manera poco ecuánime y con un protagonismo desmedido de posturas ideológicas e intereses políticos, culturales y económicos de grupos nacionales y extranjeros.

Numerosos episodios durante la discusión dan a entender que a ciertos parlamentarios y fuerzas políticas no les interesa escuchar ni debatir. La frecuencia en su asistencia a las sesiones semanales de trabajo y la disposición al recibir y, si había suerte, escuchar a muchos expertos, dan fe de ello. La obsesión explícita de senadores como Guido Girardi y Fulvio Rossi por lanzar todos los argumentos que no comparten al rincón del fanatismo y la beatería, sumada a la desidia de un buen puñado de parlamentarios autodeclarados cristianos nos tienen a las puertas de legalizar -no sólo despenalizar- el exterminio de aquellos cuyo origen, condición o probabilidades les son adversas.

Es un hecho histórico que siempre que en un grupo, una parte de él se siente con poder sobre otra, se condena tarde o temprano al todo a la decadencia y la autodestrucción. Es algo evidente, pero que exige quitarse las vendas ideológicas y de intereses particulares.

Nuestro país está a un paso de sumarse al circo del aborto. Ese circo que enriquece a unos pocos bajo la excusa de entregar derechos a las mujeres (siempre y cuando estas ya hayan nacido); al circo donde muchas niñas quedan atrapadas en un espiral de violencia y abuso oficialmente silenciado; al circo donde los padres son privados del derecho de tener, junto a las madres, algo que decir respecto al futuro de sus hijos; al circo en el que bajo un discurso de tolerancia, inclusión e igualdad se te quita el derecho a la vida porque tu padre es un criminal, porque tu existencia pone eventualmente en riesgo la vida de otros o porque la fría estadística te juega en contra.

Chile está a un paso de ser parte de ese circo del que, vaya paradoja, es un hecho que ningún niño sale sonriendo; ese circo del que nuestra heredad -aquella a la que permitamos nacer- nos hará rendir cuentas.

*El autor es académico Universidad de los Andes (@albertopedro).

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