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Daniel Concha, Senadis: "La inclusión es una inversión para la empresa, no un gasto"

logotipo de Pulso Pulso 07-10-2016 Paula Namur

En una carrera contra el tiempo para adaptarse a la normativa de accesibilidad universal, el Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis) hoy está enfocado no sólo en capacitar a los profesionales, sino también en cumplir con los plazos y lograr avances con el sistema de transporte público. El director nacional del Senadis, Daniel Concha, explica que las empresas deben entender que las modificaciones que deben hacer para adaptarse a la normativa no se tratan de un gasto, sino de una inversión.

¿Cómo está Chile en términos de accesibilidad tanto en lugares públicos como privados?
El diagnóstico es que primero existe una preocupación por generar entornos accesibles tanto en lugares públicos como privados, en plazas, sistema de transporte, y plataformas digitales. Hay que distinguir el diseño universal, que va desde el diseño curricular de una universidad que tiene que pensar que va a tener alumnos en situación de discapacidad, o con retos múltiples y que tiene que adecuar su curriculum, a la accesibilidad propiamente tal, que tiene que ver con accesibilidad física y sitios web. El diseño universal supone accesibilidad y si bien en Chile no hay una línea de base establecida, nosotros como Senadis, estamos desarrollando acciones para ver qué arroja y ya tenemos cifras a 2013: 25% de los edificios públicos cuenta con medidas de accesibilidad. Ya esa cifra nos muestra que hay un gran desafío. Y 40% de los sitios web son parcialmente accesibles. 

¿Cuál es su evaluación desde la publicación del decreto ley?
Hemos ido avanzando en capacitar a actores clave. Por ejemplo, Senadis firmó un convenio con el Colegio de Arquitectos. Con ellos vamos a crear en las facultades de arquitectura un ramo que les enseñe sobre accesibilidad universal y qué significa. Lo otro es el trabajo conjunto con el Ministerio de Vivienda, a través del Serviu y también capacitando a las personas del Serviu -que son los que trabajan con los departamentos de obras municipales- en las normativas de accesibilidad universal. La tercera fase de capacitación será a departamentos de obras municipales que reciben e inspeccionan las obras en sus comunas. Este nuevo escenario normativo se está arraigando en los proyectos. Lo vemos en la demanda por tener estas capacitaciones, especialmente en construcciones financiadas con fondos públicos. La otra etapa es cómo implementamos, y dónde priorizamos: empezar con edificios de uso público como bibliotecas, bancos, escuelas. La tercera etapa es con el sector privado, que vea que esto no es un costo, sino una inversión, y que debemos avanzar a una sociedad que genere accesibilidad para todos. 

¿Cuáles han sido las principales dificultades ante la aplicación?
Lo que más ha costado es que hay muy pocos profesionales capacitados en esto. Está el Servicio Nacional de la Discapacidad, que cuenta con un grupo de arquitectos, el Ministerio de Vivienda, y la Fundación Ciudad Accesible. Estos profesionales deben saber que una rampa debe tener pendiente de 7% y no más, deben conocer el ancho de las puertas para permitir la entrada de sillas de ruedas, los mesones deben ser más bajos, etc. Lo otro es el plazo. En tres años hay mucho que abarcar y esos años puede que se hagan muy cortos. Por eso se debe priorizar. Un tercer desafío es el sistema de transportes, donde tenemos que trabajar en conjunto con la Subsecretaría de Transportes. Ha habido avances con el Transantiago en rampas, paraderos más anchos, pero hay que mantener eso y avanzar con el sector de transportes en regiones.

¿Han encontrado mucha oposición por parte del sector privado para aplicar esta normativa, considerando que tienen que invertir y rehacer cosas que no tenían contempladas?
Algunos sí. El gran tema es que no tienen dinero, que el costo es muy alto. Pero también me he encontrado con un grupo de empresarios que están muy abiertos. Todo lo que es inclusión y accesibilidad es una inversión, y casi sin darnos cuenta, queda como un beneficio para toda la ciudadanía. El mejor ejemplo son las llaves que usamos para el agua. Las manillas que se levantan y se bajan, después de la segunda guerra mundial, empezaron a usarse porque eran más fáciles de utilizar por parte de las víctimas de la guerra, pero hoy casi todos tienen esas llaves porque son más cómodas. En la medida que incorporemos esto como un cambio cultural que nos beneficiará a todos, seguiremos derribando barreras y estereotipos. Ahora hay grupos de empresas que están colaborando, como Sofofa, grupos de Acción Empresa, y otros independientes, y hay otros que lo ven como un costo, pero es barrera que hay que superar, y eso sólo se hace mostrando con hechos que la inclusión es una inversión para la empresa, no es un gasto.

¿Uds. tienen rankings o registros de empresas que estén más avanzadas en esto?
A través del sello Chile Inclusivo hay un gran ejemplo, que es el BCI, que se adjudicó el sello hace tres años y decidió no sólo hacer de esto una acción de RSE, sino que incluirlo en su planificación estratégica. Se pusieron como meta hacer en tres años sus oficinas accesibles y ya están cumpliendo. También están diseñando productos financieros accesibles, como tarjetas de crédito en braille para que la persona pueda distinguir entre la tarjeta de crédito y la de débito, intérprete en lenguaje de señas en una pantalla, para que la persona sorda pueda hacer sus transacciones con su ejecutivo correspondiente, etc. Otro ejemplo es lo que está haciendo Marcelo Cicali en el Liguria, no sólo laboralmente, sino que también haciendo sus restaurantes accesibles. Falta que más empresas se sumen a esto.

¿Qué países son modelos a seguir en cuanto a accesibilidad?
Hay ciertas instituciones que sería importante destacar: American Disabilities Act de EEUU, que aborda la generación de los estándares técnicos de protección de derechos a personas con discapacidad. Lo otro que sirve de modelo es el plan de accesibilidad en España, que es la concreción de la estrategia nacional que se fue desarrollando, partiendo con un diagnóstico situacional. Ahí hay otro desafío para nosotros: hacer un diagnóstico situacional en Chile para tener una línea base. 

¿Lo tienen contemplado para el mediano plazo?
Sí, lo tenemos planificado y teniendo a las personas capacitadas, queremos hacer este diagnóstico, en un mediano plazo.

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