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De acierto a boomerang

logotipo de Pulso Pulso 22-08-2016

Hace unos días el ya irritado ambiente electoral norteamericano se incendió con una frase muy confusa del candidato Donald Trump, que algunos interpretaron como abrir la puerta a un ataque armado a su rival Hillary Clinton. Sus palabras abrieron un interesante debate en EEUU sobre el alcance que pueden tener las declaraciones públicas por parte de personas influyentes en la sociedad. Se trata de una discusión sumamente compleja, ya que cuestiona las responsabilidades de los que hablan, de los ciudadanos que escuchan y también de los medios de comunicación -finalmente, de todos-, pero indispensable en espacios como el nuestro, en que la crispación empieza a entorpecer la capacidad de diálogo.

Se entiende que las autoridades, candidatos y los líderes en cualquier ámbito deben diseñar sus mensajes de manera que sean eficientes a los fines que se proponen y que muchas veces deben dejar de lado detalles y mantener espacios abiertos a negociación. Pero otra cosa es apostar a una línea de comunicación confusa que permita ir ajustando a futuro el plan. Lo primero permite dejar un espacio a la buena política, la de los acuerdos, y la segunda es una olla a presión de expectativas frustradas y pasadas de cuenta al interior de las coaliciones. Una delgada línea separa ambas y en el caso de Chile, quizá se ha estado pasando al segundo caso más a menudo que lo habitual.

Un buen resumen de lo anterior lo hizo en CNN el ex director de la CIA Michael Hayden a propósito del mencionado comentario de Trump: “Cuando llegas a cierto nivel, ya no eres solamente responsable de lo que dices, eres responsable de lo que las personas escuchan”. Los personajes públicos con experiencia son exitosos precisamente porque saben cómo serán interpretadas sus palabras. Algunos se precian en privado de adelantar las movidas políticas que seguirán a una conferencia de prensa y hasta de qué pondrán en Twitter sus seguidores o adversarios. Dentro de ciertos márgenes, entonces, no pueden desentenderse cuando un mensaje confuso deja de ser un acierto electoral y se transforma en un boomerang.

Hoy estamos pagando el costo de anuncios o promesas tipo “educación gratis para todos” o la idea de una nueva Constitución sin método definido ni un temario a discutir. El legado de estas frases abiertas lo estamos viendo un par de años más tarde, con una agenda que va sumando temas sin ir cerrando los anteriores. El “no+AFP” que han levantado algunos en las últimas semanas traerá sin duda consecuencias no ahora, sino que en un tiempo más, cuando las tres palabras al voleo sumen rechazo o peor aún, desinterés en los que se vayan jubilando. De cara a una elección presidencial que ya se está empezando a delinear, es importante estar atentos al impacto que la inquietante ambigüedad de los mensajes políticos ha generado en nuestro país.

*La autora es decana Periodismo UAI (@marilyluders).

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