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De Top 10 a Top 50

logotipo de Pulso Pulso 23-09-2016

Una caída de esta magnitud para un tenista es muy dura. Pero para un país es mucho peor: son millones los que la sufren. No hay que olvidarlo, los países sí se joden. Y es posible intuir cuándo y por qué.  El economista argentino José Luis Espert publicó hace un par de días en Twitter una imagen para reflexionar. Muestra la posición relativa en el ranking mundial de PGB per cápita de Argentina desde 1875 en adelante. Como es de suponer, las conclusiones son desesperanzadoras.

La cosa es más o menos así: entre 1875 y 1950 Argentina está siempre (¡¡durante largos 75 años!!) entre los top 15 países del mundo en PGB por cabeza, con las notorias excepciones de 1881 y 1882. En 1896 incluso alcanza el top 5. Su posición promedio durante todo el periodo, calculado al ojo,  debe ser del orden de 9°lugar. Nuestros vecinos tuvieron hasta entonces un modelo económico que podría denominarse liberal: Estado relativamente chico y un país abierto al comercio internacional, focalizado en sus ventajas competitivas.

Juan Domingo Perón, sindicado casi universalmente como el arquitecto de la debacle por venir, asume por primera vez a la presidencia en 1946. Argentina ocupa aún el lugar 9 del ranking, su promedio histórico. Aplica la conocida pócima económica latinoamericana, tan imitada y siempre fracasada: Poder a los grupos de presión, crecimiento del Estado, gasto fiscal, cierre de la economía vía sustitución de importaciones y protección a la Industria Nacional. 

Como era de esperarse, las geniales medidas surten efecto rápido.  El año 49 es el último top 10 de las historia argentina. Se inicia una caída inexorable en el ranking: En el año 50 es 13, en el 55, cuando Perón es derrocado, número 19. Luego vendrían los floridos 60, con renovadas dosis de economía de “Tercera Vía”. Parten en el lugar 21 y finalizan en el 26. 

Casi tres décadas después de haber alcanzado el poder y 15 lugares más abajo en el ranking, Perón la hace de nuevo y retoma el poder el 73. Muere al año, siguiente no sin antes caer otro escaloncito. Isabelita y los milicos aportan lo suyo: caen en promedio 1 puesto por año, para entregar el gobierno a Alfonsín en la posición 35.

Bajo el radicalismo, las genialidades se suceden con las dosis habituales de voluntarismo latinoamericano, sintetizados en el Plan Austral. El 89 la crisis obliga a entregar anticipadamente el gobierno a Menem en el lugar 38.  Luego de un shock, en que Argentina trepa hasta pasado los 50, baja a la zona de los 40, con el neoliberalismo de pizza y champán funcionando todo vapor. El Turco se retira sin reconocer que ha sembrado las semillas del próximo desastre, que De la Rúa no sabe evitar. Corralito, devaluación, default. El 2001 marcó un récord: 53 en el mundo. 

Termina la historia con la incompetencia y la mentira económica de los K y su “década ganada”. Sin  pagar deudas, afanando la plata de las AFJP, y beneficiándose de la explosión de China y de la soya, Argentina termina el 2015 en un triste lugar 47.

A los giles de siempre, que dirán que no importa el PGB per cápita, que es un promedio, que hay otras medidas de bienestar mucho mejores, dos consejos. Primero, conversen con los viejos. Ellos les dirán que en los 50 ir de Santiago a Buenos Aires era como llegar de Pelotillehue a Constantinopla.  Después, saquen la cuenta que esos mismos viejos están acá gracias a que en Chile el PGB per cápita anduvo muy bien. Y si no lo creen, de nuevo, a los números. En 1960 el chileno medio se moría 8 años antes que un argentino. Hoy día vive 4 años más. La economía sí importa, burros. El PGB también.

*El autor es panelista del programa Información Privilegiada de Radio Duna.

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