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Debates: una historia llena de hechos que marcaron las presidenciales en EEUU

logotipo de Pulso Pulso 26-09-2016 Pulso

Llegó el gran día para Hillary Clinton y Donald Trump. Los candidatos a la Casa Blanca de EEUU se enfrentan hoy en el primero de tres debates presidenciales de cara a la elección del 8 de noviembre. Según los analistas el encuentro de hoy a las 22 horas podría ser el más decisivo de la historia. No sólo porque los dos candidatos llegan prácticamente empatados en preferencias, sino porque, hasta hoy, el millonario y experimentado conductor de televisión no se ha enfrentado en estas circunstancias a la ex secretaria de Estado.

© PULSO

Esto justo un día después que The New York Times le diera su apoyo a Hillary Clinton —una práctica habitual en la prensa de ese país en la que los medios transparentan al candidato que más los representa en  cada elección—,  señalando las razones por las cuales Donald Trump, “un hombre intolerante y fanfarrón, que hace falsas promesas” es una mala opción.

Los analistas apuestan a que el de hoy estará entre los más vistos de la historia de la televisión, superando los 81 millones de espectadores que marcó el enfrentamiento de Jimmy Carter y Ronald Reagan, en 1980. Esa es, al menos, la apuesta.

El encuentro de esta noche será moderado por el experimentado reportero afroamericano y principal conductor de la NBC, Lester Holt y durará  90 minutos.

El domingo 9 de octubre se realizará el segundo, que transmitirán las cadenas CNN y ABC en la Universidad Washington de St Louis, Missouri. El tercero se verá por Fox News diez días después, en la Universidad de Nevada, en Las Vegas.

Pero en EEUU los debates televisados siempre han sido muy importantes, de más de alguno ha marcado una elección.  Estos son los más memorables.

1960: El sudor de Nixon llevó a 16 años sin debates

Fue el primero, y sepultó la posibilidad de que se hicieran más. Al menos por 16 años.

Así de importante fue el debate de 1960, que enfrentó al joven senador demócrata por Massachusetts, John Kennedy con el vicepresidente de Dwight Eisenhower, Richard Nixon.

Nixon tenía fiebre y además no se había maquillado, lo que lo hizo parecer nervioso y enfermo, frente a un Kennedy guapo y seguro. Tan buen desempeño tuvo en el debate que revirtió el aplastante favoritismo que hasta ese momento tenía Nixon.

De hecho, el fenómeno televisivo fue tan fuerte que, mientras una aplastante mayoría creyó que Kenndy había ganado el debate, Nixon resultó ganador para quienes sólo lo siguieron a través de la radio.

Este fenómeno llevó a que, durante 16 años, los partidos no pudieran acordar un nuevo debate televisado.

1976: Una afirmación que llevó a perder la presidencia

Luego de muchas negativas, en 1976 el presidente Gerard Ford aceptó a debatir ad portas su reelección con Jimmy Carter. Ford estaba subiendo en las encuestas, por lo que estuvo seguro casi todo el debate, hasta que  se le ocurrió decir “No existe ninguna denominación soviética en la Europa del Este”. Inmediatamente un desorientado moderador le preguntó si estaba seguro de esa afirmación, la que Ford Confirmó y complementó con los ejemplos de Rumania y Polonia.

En plena Guerra Fría, fue un error que le costó las elecciones.

1980: Una pregunta que hizo dudar a los electores

Más que un error, lo que destaca sobre el debate de 1980 es la habilidad del novato republicano Ronald Reagan frente al presidente Jimmy Carter. Reagan era un exitoso actor de Hollywood, por lo que sus habilidades comunicativas le sirvieron todo el debate para “huir” de los ataques de Carter: "Ahí vas otra vez", fue la frase que repitió todo el encuentro.

Sin embargo, la frase que más lo ayudó fue una pregunta que lanzó en su comentario final. Aprovechando los estragos que estaba causando sobre el estadounidense promedio la segunda crisis del petróleo en menos de una década, Reagan preguntó ¿Está usted hoy mejor económicamente que hace cuatro años? Y la apuesta convenció.

1984: Cuestión de juventud

Cuatro años después Reagan iba a la reelección cumpliendo un récord: con 73 años  era el presidente en ejercicio más viejo de la historia de ese país. Esa fue la carta que aceptó explotar su oponente, Walter Mondale.

Por eso, y muy hábilmente, ante una pregunta sobre su edad, el republicano respondió “no voy a convertir mi edad en un tema de esta campaña. No voy a explotar, por razones políticas, la juventud y la inexperiencia de mi opositor”.

Semanas después Reagan era reelecto en una de las elecciones más aplastantes de la historia de EE.UU.

1992: Cercanía

En 1992 el debate se realizó en formato town hall, o sea, con gente común preguntando a los candidatos sobre temas de interés.

En esa elección se enfrentaban el presidente George H. Bush con Bill Clinton, un demócrata conocido por tener un gran carisma, su principal carta contra el parco Bush.

En eso estaba cuando, junto en el momento en que una mujer le hacía una pregunta sobre cómo el tamaño de la deuda pública de ese país lo afectaba personalmente, el mandatario republicano miró su reloj, con tan mala suerte que fue enfocado por la transmisión del debate.

El gesto hizo quedar a Bush como arrogante y distante, pero principalmente como alguien que sentía que estaba perdiendo el tiempo, lo que él mismo admitió más tarde, cuando dijo que en ese momento había pensado algo así como: "10 minutos más de estas tonterías".

Clinton terminó ganando las elecciones.

2008. “Ese tipo”

Un senador afroamericano con mucho carisma, que era considerado un gran orador y que sólo llego a la candidatura demócrata porque muchos de sus contrincantes fueron bajándose de la carrera en el camino. Ese era el currículum de Barack Obama en 2008.

Por otro lado el republicano John McCain, héroe de guerra condecorado y experimentado senador, que suspendió su campaña para buscar soluciones de la crisis financiera que justo durante las elecciones estaba en su apogeo y amenazaba con ser más profunda que la Gran Depresión.

La competencia no estaba corrida, pero en un torpe intento por demostrar quién tenía más galones McCain optó por no nombrar a su oponente durante el debate, y no halló nada mejor referirse a él como "That one" ("Ese tipo").

¿Condescendencia? ¿Desprecio? ¿Confusión? El hecho es que nadie entendió cuál era la estrategia del republicano, lo que le impidió remontar en las encuestas y a la larga ver cómo Obama se hacía de la presidencia.

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