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Derribando mitos sobre la ética empresarial

logotipo de Pulso Pulso 14-10-2016

En nuestra labor cotidiana como fundación abocada a promover la ética en las organizaciones, solemos encontrar algunos mitos o concepciones erradas que dificultan el trabajo de formación, gestión e inculturación sistemática de la ética corporativa. El primero apunta a pensar que la ética es un asunto exclusivamente individual y que una rigurosa selección de personal es suficiente para evitar conflictos éticos o transgresiones en una organización. Pero la experiencia nos ha demostrado que el contexto importa, que una mala influencia, un incentivo mal planteado, una falla en las relaciones interpersonales o incluso objetivos mal explicados, bien pueden transformar a una persona de rigurosos valores éticos en alguien capaz de construir una justificación para violar la ley o buscar atajos poco aceptables para cumplir metas personales o corporativas. Es decir, la ética empresarial es individual, por cierto, pero también y sobre todo cultural. El ambiente ético de una organización es crucial, por eso debe ser construido, protegido, fortalecido y reparado -en caso de fallas- desde el gobierno corporativo.

Un segundo mito es que es imposible saber lo que ocurre en cada rincón de la compañía, por lo que evitar transgresiones en empresas grandes es una tarea casi imposible. Aquí, hay que decir que los graves costos en que incurren las empresas, tanto en licencia social para operar, reputación, posición de mercado e incluso valor bursátil, justifican con creces minimizar la probabilidad de ocurrencia de infracciones graves en cualquier nivel de la compañía, convirtiendo este objetivo en asunto de primer orden y preocupación permanente de sus directivos.

Las empresas chilenas han sido enormemente hábiles y exitosas para construir estructuras que minimizan los errores en materias financieras, contables, legales, de calidad de producto, control de gestión, entre muchas otras que son vitales para su éxito. Una estructura que vele sistemáticamente por la ética y el cumplimiento en todos los rincones de la compañía no será muy diferente a las ya existentes y funcionará exitosamente si cuenta con herramientas adecuadas, cuya implementación y seguimiento sean responsabilidad del gobierno corporativo.

Un último mito dice relación con que la ética en la empresa es un asunto prácticamente inasible y muy difícil de gestionar. Sin embargo, existe un sinnúmero de herramientas de gestión que permiten enfrentarse a estos desafíos de modo integral. La cultura ética de una compañía se puede medir y modificar de forma sistemática. La brecha entre lo que el gobierno corporativo espera de la empresa y lo que sucede en la realidad se puede acortar. Los valores y la forma en que estos se aplican, así como lo que se espera de los colaboradores ante decisiones difíciles, son temas que se pueden transmitir y comunicar efectivamente. La información puede fluir de forma fidedigna y efectiva desde donde hay dudas o transgresiones éticas hacia la alta dirección, para permitir la intervención temprana y evitar así problemas mayores. Mecanismos como líneas de denuncia, por ejemplo, ya son amplia y exitosamente utilizados por muchas empresas para este fin.

En síntesis, asumiendo la importancia de la ética en la empresa, la responsabilidad que cabe a los gobiernos corporativos en ella, así como conociendo las mejores herramientas para gestionarla, podremos pasar de la convicción de que es necesario hacer mejor las cosas a la acción necesaria para hacer de esta aspiración una realidad. Y es que al promover culturas éticas no sólo se evitan riesgos para las compañías, sino que se aporta diferenciación al negocio y se colabora con el bien común.

*La autora es gerente general Fundación Generación Empresarial.

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