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Deuda fiscal, deuda de la clase política

logotipo de Pulso Pulso 05-01-2017

Las noticias en materia económica están lejos de mejorar para Chile, y los efectos de las reformas ideológicas y mal diseñadas continuarán afectando al país mientras la irresponsabilidad fiscal no sea detenida. Son preocupantes los niveles a los cuales se está llegando: las cifras de 2016 indican que la deuda pública de Chile llegó a 21,1% del PIB a septiembre -el más alto nivel registrado desde 1994 (22,9% del PIB)-. La situación sólo empeorará de acuerdo con las proyecciones oficiales. Para 2017 la deuda del gobierno central llegaría a 25,2% del producto, y la proyección para el año 2020 es que supere el 30%.

El Estado debe poner atención y controlar el aumento de esta deuda, o de lo contrario arriesga terminar con desequilibrios fiscales como los de los países de Europa, que están con niveles de deuda que superan la riqueza total del país. Una economía sana requiere cuentas sanas y controlar el gasto, sobre todo si se hace con cargo a deuda. Es un deber intergeneracional combatir la deuda. Si hoy uno de cada cinco pesos que ingresan al fisco tendrá que destinarse a pagar la deuda, en tres años se deberá destinar uno de cada tres pesos. La carga que se impone a las nuevas generaciones es demasiado grave, y da cuenta de una irresponsabilidad y un egoísmo sin límites: que otros paguen con su trabajo una deuda que probablemente ni siquiera habrán disfrutado. Mientras mayor es la deuda pública, más difícil será para las futuras generaciones lograr una mejor calidad de vida, y en la práctica estarán trabajando para pagar una deuda ajena.

Hay quienes critican y vociferan porque miles de familias tienen que destinar gran parte de sus ingresos a pagar deudas de diversa naturaleza. Es evidente el doble discurso cuando se trata del Estado: estas voces no aplican el mismo criterio a las finanzas fiscales y no se inmutan por su deuda.

El Gobierno de turno es el que más ha contribuido a escalar el gasto, y como consecuencia la deuda pública. No ha dudado en dilapidar los recursos en campañas como el proceso constituyente, ni tampoco en contratar onerosos operadores políticos. La actitud irresponsable molesta, pero es esperable de quienes comparten las ideas del socialismo. Lo que es verdaderamente preocupante es la actitud de quienes dicen defender las ideas de la libertad y el progreso social. Lamentablemente y contrario a lo que se esperaría, el Gobierno de centroderecha también contribuyó con el aumento de la deuda pública. A este registro se debe agregar que la oposición no ha sido capaz de articular un discurso potente en torno al riesgo del endeudamiento. Una vez más, la clase política chilena está en deuda, en especial la centroderecha. Ambas administraciones, además, aumentaron los impuestos, para que el Estado tuviera más dinero.

Es necesario un discurso económico coherente, que ponga el acento en el crecimiento económico y el progreso social. Y para conseguir este objetivo se requiere disminuir los niveles de deuda. Chile Vamos puede marcar la diferencia si levanta las banderas de responsabilidad fiscal: un primer paso sería disminuir la tasa de crecimiento de la deuda, para luego comenzar a disminuirla. Si, por el contrario, decide seguir los pasos del actual Gobierno, tendrá la misma responsabilidad en perjudicar a las futuras generaciones.

*El autor es director de investigación Instituto Res Publica (@AIriarteIRP).

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