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El año en que Bachelet se consolidó bajo el 30%

logotipo de Pulso Pulso 23-12-2016 Jorge Arellano

“Hay muchas personas que en privado podrían estar de acuerdo con las reformas, pero que quieren generar un coste político al Gobierno y por lo tanto nos acusan de improvisaciones y errores que no son tales, pero sí logran instalar las dudas en la mirada de los ciudadanos”. Así la Presidenta Michelle Bachelet, en entrevista con el diario español El Mundo publicada ayer, enfrentó en parte las críticas que surgen a la hora de buscar las causas del bajo respaldo en las encuestas de opinión pública que hoy ostenta.

Efectivamente este 2016, la aprobación a la gestión de la Presidenta se ha consolidado por debajo del 30% de apoyo, situación histórica para un gobernante chileno. Si uno toma en cuenta los datos que otorga mes a mes la encuesta Adimark, en enero de este año Bachelet marcaba un 28% de respaldo  y un 68% de desaprobación, mientras en su última entrega, noviembre, la aprobación alcanza sólo un 24% y el rechazo un 70%. La cifras son aún más gráficas, si se toma encuenta que en marzo de 2014, al inicio de su administración, la aprobación de la jefa de Estado llegaba a 54% y el rechazo sólo a 20%. 

¿Pero cuáles son los factores que explican estos número? Las causas son múltiples. Según un grupo de analistas que fueron consultados por PULSO, las consecuencias del Caso Caval, la insistencia en reformas mal diseñadas, el escenario de desconfianza de la política, los problemas de conducción, entre otros, explican el escenario.

El diseño y la rectificación

Para el abogado y columnista, Jorge Navarrete, el problema parte por una disociación entre el diagnóstico que hizo del país la Nueva Mayoría, con la percepción y sentimientos que manifiestan a diario la mayoría de los ciudadanos. “En Chile, las personas no estaban porque “se acabara la fiesta”; más bien querían que los invitaran a la misma y ser beneficiarios de los frutos de nuestro modelo de desarrollo”, sostiene.

Respecto del diseño de las reformas impulsadas por Bachelet,  el ex militante DC asegura que hay  “desconfianza que los ciudadanos manifiestan hacia la calidad profesional y técnica de los funcionarios que diseñaron e implementaron las reformas”.

Para el militante UDI, abogado y columnista Gonzalo Cordero, las reformas fallaron tanto en su “contenido como en su oportunidad”.

En la misma línea, el militante UDI y analista, Gonzalo Müller, asegura que además la persistencia en las reformas mal diseñadas complican la visión que tiene la ciudadanía de esta administración. “Lo segundo es que el Gobierno en al menos dos o tres oportunidades entre rectificar e insistir, ha decidido siempre insistir. Así recordamos frases como el realismo, pero sin renuncia, en el fondo, que se va a seguir avanzando con las reformas”.

Para el analista Max Colodro “hubo un error en la lectura y en el diagnóstico general que definió el programa de reformas del Gobierno, la Presidenta impulsó reformas que al final fueron vistas como atentatorias contras las posiciones de la clase media particularmente en el tema educacional”. 

Para la directora de la Escuela de  Periodismo de la Universidad Católica, Ingrid Bachmann, uno de los factores pasa por una mala relación entre las expectativas de la ciudadanía y la realidad. “Hubo un programa que anunció mucho cambio y que al final no tiene a nadie contento”, subraya.

Caso Caval, no deja descansar

La académica también recalca un punto en el que también coinciden todos: las consecuencias del Caso Caval. “Sigue dando noticia permanentemente, entonces es un recordatorio de ese problema”, explica Bachmann.

“El caso Caval la golpea en sus atributos blandos: en su credibilidad, la cercanía, el sentir que ella estaba preocupada de todos, o el discurso de la igualdad, que muere oficialmente con esto”, explica Müller.  

Por su parte, Colodro plantea que “el Caso Caval fue probablemente un hito de pérdida de confianza personal que la sigue golpeando y del cual la Presidenta no se ha podido reponer”.

En la misma dirección, el decano la Facultad de Ciencia Política y Administración Pública de la Universidad Central, Marco Moreno, sostiene que “el caso Caval efectivamente minó y afectó de manera muy importante su capital político”.

Conducción política y personalismo

Pero para Moreno las malas cifras también son consecuencias de una mala gestión política. “Se ha tenido problemas para conseguir los apoyos políticos en el Parlamento para poder sacar adelante los proyectos y eso tiene que ver con problemas de diseño, de falta de diálogo, de falta de conversación, de falta de generar acuerdos con su propio sector”, explica.

También hay coincidencias en que la forma personalista con que ha abordado este gobierno la Presidenta, la afecta directamente cuando las cosas no funcionan. “Ella transmitió muy fuerte el mensaje de que este era “su” Gobierno, que lo había armado con la gente de su personal confianza y que el programa respondía a sus convicciones propias”, puntualiza Cordero.

“La Presidenta optó por no modificar el diseño político de su Gobierno y más bien desestimar lo que han sido las críticas sobre todo de su propia coalición”, sostiene Colodro.

Proyecciones poco alentadoras

Pese a que los analistas coinciden que con las elecciones presidenciales moverán el foco desde La Moneda, y que históricamente en el último año de las administraciones anteriores los presidentes aumentan su respaldo, nadie se atreve a señalar que esta alza será muy significativa. 

“La situación en este caso puede ser distinta a lo que ha ocurrido en períodos anteriores precisamente porque no se ven perspectivas de mejorías sustantivas a la situación económica y porque el daño que se le ha producido a la imagen de la Presidenta por el caso Caval y al Gobierno por el rechazo a las reformas, es muy alta”, apuesta Colodro.

“Es difícil en lo que queda de esta administración que existan cuestiones que puedan mejorar sustantivamente los apoyos de la Presidenta. Si logra estar por sobre el 30% debería darse por satisfecha”, puntualiza Moreno.

“Sin dudas hay varios factores que la podrían beneficiar, pero su insistencia -aunque algunos podrán decir valentía-, en seguir haciendo lo mismo, hace difícil esperar un resultado distinto”, puntualiza Müller.

Con todo, y a pesar de las críticas, la Presidenta tiene convicción en lo que hace y así lo dijo a diario El Mundo. “Estamos instalando las bases para un país más justo. Si hay reconocimiento de ello, no lo sé. Pero yo no opté a la Presidencia de la República para tener estatuas o calles con mi nombre, sino para hacer lo que tenemos que hacer”.

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