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El desafío económico de Chile Vamos

logotipo de Pulso Pulso 27-10-2016

El gran perdedor de la jornada electoral del 23 de octubre fue el oficialismo. Por primera vez desde 1992 la coalición de centroizquierda no gobernará en ninguna de las diez comunas más pobladas de Chile. Como si fuera poco, perdió a manos de Chile Vamos comunas emblemáticas y vio como la oposición se transformó en la gran vencedora.

Sin lugar a dudas, se trata de un voto que refleja la desaprobación del actual Gobierno y de sus reformas ideológicas y socializantes. Un buen ejemplo es el caso de las candidatas por Santiago, Ñuñoa y Puente Alto, todas ex ministras y cercanas a la Presidenta Bachelet, derrotadas con holgura por candidatos que tenían una propuesta orientada a los problemas y necesidades de los ciudadanos. Chile Vamos dio espacios al PRI, Evópoli y a nuevos movimientos como Republicanos, demostrando que se puede trabajar de manera unitaria.

Más allá de la abstención, los medios y analistas políticos rápidamente reconocieron el triunfo de la oposición y la derrota del Gobierno. Los mercados también. El peso chileno se apreció y la cotización del dólar sufrió una fuerte caída de 1,08% -cotizándose en $659,3, su nivel más bajo en lo que va de octubre. Por otro lado, los inversionistas adquirieron acciones chilenas, en gran medida debido a la cada vez mayor posibilidad de un cambio de orientación del Gobierno, signo de una posible recuperación de confianza. Sólo el Gobierno ha dilatado reconocer su derrota electoral.

La señal política fue muy potente y, por tanto, Chile Vamos tiene una gran responsabilidad. Más allá de quien sea finalmente su abanderado, debe trabajar en un proyecto político que presente una alternativa real, frente a un socialismo que no ha tenido un ideario de progreso. Y sin lugar a dudas, la ciudadanía tiene grandes expectativas en lo que serán las propuestas del bloque en materia económica. Hay varias tareas por delante: activar la economía, recuperar el crecimiento y la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros, facilitar la creación de puestos de trabajo, controlar el despilfarro de recursos en asesores y operadores políticos, y mantener a raya la inflación.

Chile Vamos puede y debe tomar la iniciativa al respecto. Deben revertirse los perniciosos efectos del alza de la carga tributaria -a lo que la alianza de oposición lamentablemente contribuyó- y la derogación del estatuto de inversión extranjera, así como el impacto de la reforma sindical, todavía no apreciado en su real magnitud. Por otro lado, la situación de Codelco, TVN y otras empresas estatales debe ser analizada sin prejuicios y pensando en el bien de los chilenos.

Esta tarea requiere que las agrupaciones y líderes que conforman el bloque opositor desarrollen una respuesta propia ante el estatismo y el populismo. No pueden limitarse a decir que las reformas son malas para Chile. Por el contrario, deben proponer soluciones inspiradas en las ideas de la economía del progreso, esa que ha generado crecimiento y mejorado la calidad de vida de millones de chilenos.

Si Chile Vamos considera que su tarea se limita tan sólo a denunciar los errores del bloque socialista sin impulsar cambios fundados en la justicia y la libertad, puede terminar perdiendo una oportunidad única de llegar al Gobierno y de regresar al país a la senda del desarrollo.

*El autor es director de formación Instituto Res Publica (@AIriarteIRP).

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