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El inquietante "nuevo orden" político y económico

logotipo de Pulso Pulso 28-11-2016 Miriam Leiva P.

Hay lugares donde nadie creía que el mundo iba a volver a caminar. Y hoy esos mismos parajes los tenemos de vuelta tan abruptamente que muy pocos fueron capaces de gritar una alerta.

El nacionalismo y el proteccionismo han resurgido como los salvadores ante una economía que hace tiempo está estancada y que no logra cumplir con las expectativas que la misma población había colocado en el libre mercado, en el libre tránsito de las fronteras, en la integración de más culturas. 

Lo que deja más pasmado de este proceso es que lo lideran nada menos que los países desarrollados: Inglaterra con el Brexit; Estados Unidos con la elección de Donald Trump; Francia con  Marine Le Pen encabezando las encuestas; y el arribo de partidos nacionalistas en el resto de Europa. 

Parafraseando al escritor Héctor Aguilar Camín que lo decía para el caso de México, pero bien vale para cualquier nación: “Chile se está incorporando a una oleada de cambio mundial, una nueva era  nacionalista, globalibofóbica, antisistema y antiliberal”.

Y por lo mismo no puede quedar indiferente. Al menos los discursos contra la inmigración no han surgido en el país, pero sí se han multiplicado, con la cálida ayuda de las redes sociales, los grupos en contra de la globalización, lo que quieren borrar todo de un plumazo, basta ver el NO al TPP y No más AFP.

Estos discursos además se perfilan en aspiraciones presidenciales de las auto llamadas candidaturas ciudadanas, que subyacen las postulaciones de los dos grupos dominantes del escenario político. 

El año que viene se pronostica fructífero en discursos que culminarán con una elección presidencial donde aún no hay ganador claro. Si bien el ex Presidente, Sebastián Piñera, se perfila como uno de los nombres más mencionados aún no sobrepasa el 25% de respaldo que lo catapulte como carta segura a La Moneda, ni tampoco ha aceptado formalmente. Por el otro lado, en la Nueva Mayoría los nombres se superponen desde el ex Presidente Ricardo Lagos hasta el independiente Alejandro Guillier, pero sin una senda clara respecto de la coalición futura.

Ese es otro trance que pasaremos. Observar que sucederá con el actual bloque oficialista, si, como muchos incluso desde dentro de la Nueva Mayoría han anticipado, se dividirá porque la DC no puede seguir conviviendo con el PC, o se darán una segunda oportunidad para ver si esta alianza tiene algo de perenne.

Sin duda este lazo dependerá de cómo termine este gobierno de la Presidenta Bachelet, al cual muy pocos le creen pueda voltear las expectativas que según el Indice Mensual de Confianza Empresarial (IMCE) lleva 22 meses bajo el umbral de pesimismo. Pesimismo que se fundamenta en el bajo nivel de crecimiento, en torno a 2%; en un nivel de inversión que no repunta (cayó 1,2% en el tercer trimestre); un desempleo que si bien no se eleva brutalmente se compensa con un fuerte aumento del empleo por cuenta propia, el más precario de todos. 

Y todo esto navegando en un escenario mundial que se avecina turbulento, por usar palabras suaves. 

La elección de Trump ha alborotado los mercados, como bien lo advierte el consejero del Banco Central, Joaquín Vial, para delante: “Hay que ver el escenario internacional porque eso nos puede condicionar bastante en los próximos meses” refiriéndose a las decisiones de política monetaria.

Y el panorama se anticipa más cambiante. De partida están de  regreso las políticas de estímulo fiscal, ya lo anunció Trump para EEUU, en Inglaterra están reduciendo impuestos y en Japón aprobaron un presupuesto récord de 96,72 billones de yenes (cerca de US$ 800.000 millones) para empujar la economía. 

Ello puede apoyar las exportaciones de Chile hacia esos destinos, pero también podría generar mayor inflación y una mayor presión para que los bancos centrales del mundo eleven su tasa de interés. Por lo mismo, ya hay voces que están previendo que 2017 podría ser el último año de las tasas de largo plazo históricamente bajas, lo cual no necesariamente es una mala noticia para todos. Para los ahorrantes y personas en edad de jubilar podría ser un alivio ver que sus fondos no están con rendimientos tan débiles como los últimos años.

Y si de pensiones se trata, no es impensable que el próximo año el país sea testigo de la última reforma de esta administración que podría traer de regreso al sistema de reparto. Tanto los ministros de Hacienda, Rodrigo Valdés, como la flamante de Trabajo, Alejandra Krauss se han comprometido con que no se borrará el sistema de AFP, que la implementación de un nuevo mecanismo será gradual, y que se esforzarán porque se convierta en un gran acuerdo nacional, sin la lógica de la retroexcavadora. 

El nuevo orden que se impone también trae aparejado el proteccionismo, al menos en los discursos. 

Trump ya anunció que no suscribirá el TPP, lo que motivó al presidente chino Xi Jinping a defender más la apertura  entre los socios del Pacífico. No es descartable que en 2017 parta un gallito o una guerra comercial entre ambas potencias atendiendo las contrastantes miradas frente al libre comercio.

Esta proyectada volatilidad económica tiene un asiento no menor en el plano político.  

La última encuesta de Ipsos detectó que la mayoría de la gente en 25 países de todo el mundo piensa que las cosas en su nación van por el camino equivocado, liderando Francia e Italia, dos países que se acercan a elecciones la primera, y  a un referéndum la segunda que le podría abrir una puerta a la salida de la Unión Europea, convirtiéndose en el segundo país en emigrar del bloque.

Alemania también estará latente en 2017. En esta encuesta apareció como el país más preocupado por la inmigración siendo que su proporción real de inmigrantes es menor a muchos otros países, pero la percepción crea realidades y así es como el partido populista de derecha Alternativa para Alemania ha obtenido triunfos regionales. Y si bien la poderosa canciller Angela Merkel está dispuesta a ir a los próximos comicios de 2017 por una cuarta magistratura, muchos analistas ya previenen que “ya no es invencible”.

Estas preocupaciones, especialmente las oratorias contra la inmigración, tiene a todos preocupados tanto que la prestigiosa revista The Economist ha dedicado páginas y portadas con títulos sobrecogedores como “la liga de los nacionalistas” hasta llegar a insertar un concepto: “la política da la post verdad” donde se conjugan las verdades a medias con tal de conectar con el electorado, lo que a menudo hemos observado detrás de varios discursos. 

Alfredo Joignant y Gonzalo Cordero lo resumieron muy bien: “es una forma de participar en el debate público que utiliza el engaño como arma, pero en una forma que va más allá de la atávica costumbre de mentir, porque de lo que se trata ahora no es de falsear los hechos, sino de quitarle relevancia a la necesidad de ajustarse a ellos. Si lo que se sostiene es cierto o parece cierto, viene a ser más o menos lo mismo, en la medida que conecte con los sentimientos y creencias instaladas a nivel popular”.

Sin duda este 2017 estará sobrecargado de sorpresas donde la política irá dibujando los contornos de un nuevo orden o cambio de rumbo. Hacia dónde. Está por verse.

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