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El supermercado y la escasez de productos

logotipo de Pulso Pulso 21-09-2016

¿Alguna vez se detuvo a pensar por qué cuando va al supermercado en Chile encuentra todo lo que necesita? Si lo que necesita es leche, en la góndola de lácteos encuentra leche de muchas marcas y variedades: de vaca, de soya, entera, descremada, etcétera; si necesita aceite también encuentra múltiples marcas y variedades: de oliva, de girasol, de coco, etcétera; lo mismo con el café o con los cereales. Sin embargo, nadie le preguntó a usted o a su vecino la lista de lo que pensaba comprar esta semana para tenerlo disponible en el supermercado cuando usted fuera a comprar, ni tampoco nadie le preguntó si hoy quería comer pollo o carne de vacuno o de cerdo o pescado, pero cuando se dirige a la sección de carnes correspondiente, encuentra lo que necesita.

¿No le parece algo casi “mágico” que el supermercado tenga siempre lo que usted necesita, habiendo tanta variedad de productos y diversidad de personas con gustos y necesidades diferentes? Usted podría pensar que en realidad el supermercado simplemente compra de todo para asegurarse que el cliente siempre encuentre lo que necesita, ¿Pero cómo puede saber cuánto comprar de cada producto? Porque si se equivoca y compra poco de un producto (por ejemplo, leche), entonces el producto se agota y si usted fuera al supermercado a comprar la leche, no la encontraría. De la misma forma si el supermercado comprara demasiada leche, haría un mal negocio porque tardaría demasiado en venderse y necesita hacerse del efectivo para poder pagar sus gastos, y si eso pasara con demasiados productos, podría poner en riesgo la viabilidad de su negocio.

Esta es una de las características más fascinantes del libre mercado: para que funcione bien, no se necesita que haya ninguna persona superlativamente inteligente e informada a nivel del Estado ni tampoco se requiere de un órgano rector estatal que determine cuánto se debe producir de cada uno de los productos de la economía de tal forma que haya suficiente para todos los consumidores (leche, aceite o cereales). Tampoco se necesita de ninguna autoridad estatal que fije los precios a los cuales se deben vender los productos, sino que tanto las cantidades como los precios se determinan libremente de acuerdo con la oferta y la demanda.

En días recientes, el Gobierno de Venezuela anunció que para hacer frente a la creciente escasez de productos (los reportes periodísticos indican que las góndolas de los supermercados se encuentran vacías), designó a 18 militares para que se hagan cargo del abastecimiento de los productos de la canasta más difíciles de encontrar, lo cual incluye alimentos pero también medicamentos, papel higiénico y pañales. Lamentablemente estas medidas están condenadas al fracaso y lo único que conseguirán será que aumenten el desabastecimiento y la corrupción; ya fueron probadas anteriormente sin éxito por los países que funcionaban con economías centralizadas, como fue el caso de los países socialistas de Europa del Este en los cuales también había desabastecimiento y en el mejor de los casos un solo producto por categoría y que jamás alcanzaron los niveles de bienestar de los países con economías de libre mercado.

La única manera de mejorar la situación económica en Venezuela no es aplicando más restricciones a la economía de libre mercado, sino al contrario, permitiendo que esta funcione, es decir, dando mayor libertad a las empresas para tomar sus decisiones de producción y de precios de sus productos.

*El autor es consejero Centro de Estudios Financieros ESE Business School Universidad de los Andes.

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