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Encadenados a políticos porfiados

logotipo de Pulso Pulso 28-09-2016

Tantas veces nos ensimismamos en nuestros errores, sin darnos cuenta hasta que es demasiado tarde. Abundan historias de parejas desechas, amistades quebradas, familias desmembradas y empresas fallidas, por hacer caso omiso a las señales que delatan el error. 

Lo mismo les pasa a los países. En incontables ocasiones las naciones se embarcan por caminos equivocados. No es extraño, pues errar es humano. Sin embargo, la evidencia demuestra que aquellas naciones que progresan, son las que enmiendan el rumbo imitando a aquellos que han tenido éxito.

Jared Diamond, en su libro “Armas, gGérmenes y aAcero””, explica que el auge de la civilización occidental se debe a que las naciones fueron dejando atrás los errores y progresando tras  adaptar los pocos aciertos. Este mecanismo de progreso fue perentorio, pues aquellos reinos, feudos o estados--naciones que porfiaron en su error, pasaron rápidamente a ser conquistados por sus vecinos.

Algo similar sucede en EEUUstados Unidos. Cuando uno de sus estados realiza una reforma tributaria ininteligible o anuncia un régimen laboral que coarta el impulso emprendedor, el capital migra rápidamente y --más importante aún-- lo siguen las personas. Sin inversión no hay empleo. Sin empleo hay delincuencia y así se siguen los problemas. Detroit es hoy el caso emblemático.

Lant Pritchett, economista de Harvard, destaca la fluida migración entre estados norteamericanos como una de las principales ventajas de su economía y democracia. Los ciudadanos tienen pocas barreras para arrancar de los malos políticos, a diferencia de los múltiples países en Sudamérica y África, que condenan en sus fronteras a una población encadenada a la porfía en el error o la mera corrupción de sus líderes.

Lamentablemente en Chile vivimos circunstancias como eésta. Si bien el capital arranca rápido extinguiendo la inversión, como está pasando, no es fácil para los chilenos tomar las maletas y partir. Argentina, Ecuador o Perú están aún lejanos. Además,  las barreras migratorias son relevantes. Y seamos francos, a los chilenos nos gustan la empanada, la cordillera y la cueca. Por eso, estamos encadenados en nuestro ““chilito””, a pesar de cuanto haga el Ggobierno de turno. 

Lo peor de todo es que los más afectados son los más vulnerables. Son los que más sufren la porfía de los políticos mediocres, esos que escudan sus reformas nefastas en el anhelo voluntarista de que la historia y el tiempo les darán la razón.

*El autor es ingeniero civil PUC y MBA-MPA Harvard (@jieyzaguirre).

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