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Entre niños y muñecas

logotipo de Pulso Pulso 20-12-2016

No llama la atención que la muñeca inflable se haya tomado diarios, programas de radio y televisión, columnas de opinión, haya sido trending topic en Twitter y todo lo demás. Lo que sí parece merecedor de una pausa reflexiva, es el hecho de preguntarnos en qué estamos. Por qué en el momento reímos y posamos para la foto y horas después, tras la reacción escandalizada de la masa anónima en redes sociales, salimos todos rasgando vestiduras, pidiendo disculpas, culpando a otros y condenando a unos pocos.

La pregunta es: ¿qué estamos haciendo para cambiar esta dinámica? Porque la realidad es que nos seguimos riendo de chistes sexistas, vulgares y malos. Hasta hace poco, un humorista podía articular una rutina en torno a reírse de las mujeres, homosexuales o incluso de discapacitados. Y nadie decía nada. Y no sólo eso. No hace tanto -y con seguridad aún quedan algunos-, papás enseñaban a sus hijos que el que está con más mujeres es más macho, o los llevaban a prostíbulos para “hacerse hombre”. Mismos hombres que, paradójicamente, predicaban con fervor el respeto hacia la madre y el cuidado de sus hijas y hermanas, ejercicio que irremediablemente ignora que detrás de ese “hacerse hombre” había personas, seres humanos con su misma dignidad y derechos.

Y las mujeres no lo hacíamos mal. No estoy tan vieja y alcancé a escuchar la frase que dice “las mujeres más inteligentes son las que saben hacerse las tontas”, aludiendo, entre otras cosas, a que la mujer que dejaba que le pusieran el gorro era más inteligente que la que exigía respeto a su propio marido. Y lo peor: muchas veces por razones económicas. Pobre de aquella que, por exigir respeto, se quedaba literalmente sin pan ni pedazo. O, más bien, sin pan ni pelmazo.

La sociedad está cambiando y la clave es que el cambio se encamine en la dirección correcta. Porque vale la pena preguntarse por qué dedicamos horas de análisis a la muñeca y no nos escandalizamos igual (o peor) con la red de prostitución infantil que opera con niños del Sename. Lo de la muñeca inflable, una tontera. Lo de la de red de prostitución en el Sename, un escándalo nacional, para tomar medidas urgentes, ahora, con acuerdo transversal.

La semana pasada el ministro de Justicia vuelve a decir que el tema del Sename es terrible, dramático, dantesco y otros múltiples adjetivos conmovedores, que se tradujeron en nada. Nada en el presupuesto, ningún plan de acción concreto con medidas de urgencia.

La responsabilidad es de todos. Así como ya muchos enseñamos a nuestros hijos e hijas a respetar y hacerse respetar por igual, ojalá seamos capaces de transmitirles que exigir respeto (y acciones concretas que lo demuestren) por los más vulnerables de nuestra sociedad, también es nuestro deber. Como sociedad debemos darnos cuenta que somos responsables de lo que está pasando y exigir a nuestras autoridades tomar medidas ahora. Lo contrario es lo mismo que escandalizarse tres segundos una vez al año, porque hay niños en África que se mueren de hambre, sin hacer nada, porque es culpa de todos, por lo tanto es culpa de nadie, es una realidad con la que convivimos sin más.

Que nos hayamos demorado, pero que hayamos reaccionado como sociedad ante el regalito del año está bien. Sin embargo, mejor sería que el escándalo de la realidad que viven día a día los niños del Sename nos haga reaccionar como sociedad ahora y que no nos baste con pensar que es algo terrible, pero nunca es tan terrible como para hacer algo ahora, o no es tan dramático como para exigir a nuestras autoridades actuar ya. Con lo cliché que suena, esos niños y niñas no pueden esperar más.

*La autora es directora de Asuntos Públicos de Burson-Marsteller y ex subsecretaria de Carabineros (@CarolCBown).

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