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Fiesta

logotipo de Pulso Pulso 23-12-2016

Las noticias acerca de una eventual baja en las ventas de Navidad nos dejan con un sentimiento encontrado. Por una parte lamentamos el hecho de que la economía siga sin repuntar y que, en este caso, afecte el consumo. Pero, por otra parte, recordamos que lo importante de una fiesta como esta no está precisamente en el aumento del consumo.

Esto último, sin embargo, no puede significar que el consumo sea algo negativo. Así como equivocadamente muchos han demonizado el lucro, no podemos hacer lo mismo con el consumo. Es necesario recordar que el salario que recibimos casi la totalidad de los chilenos depende de una estructura social de consumo. Esto no quiere decir que cualquier magnitud de consumo sea adecuada. En efecto, es posible que haya consumismo, incluso con un efecto económico negativo, especialmente cuando este implica una deuda imprudente de las familias. En estricto rigor, el consumo es bueno, pero como diría Aristóteles, con un criterio de justo medio, es decir, que no sea ni muy poco, ni exagerado.

En relación con esto podemos decir que consumo y fiesta no son valores contradictorios. La fiesta -la Navidad o cualquier otra- se basa en el don; en dar. Esto se refiere a la gratuidad con la que se entrega algo. Un regalo es un don que es recibido gratuitamente, sin necesariamente implicar un mérito por parte del que recibe ese regalo. Por eso es propio de la fiesta regalar y gastar más de lo que habitualmente gastamos. Es propio de casi cualquier familia usar la mejor loza para una fiesta, salirse algo del presupuesto y comer más de lo habitual -especialmente esos productos con etiquetas negras. En ese sentido entendemos que compramos algo de más, y consumimos más de lo habitual para la fiesta, lo que es bueno no sólo para la economía, sino también para el buen vivir y convivir; para ser de algún modo más felices con otras personas. Por este motivo es importante que nadie se quede sin regalo, aunque ello implique consumir más.

Sin embargo, regalar también debe tener algún criterio que permita comprender en qué sentido es bueno. Regalar no tiene que ver con una pura satisfacción personal mal entendida, como cuando un jefe o jefa de familia gasta en exceso para mostrar su nueva riqueza. Regalar en exceso también puede tener un efecto negativo en los niños que reciben todo lo que quieren. No se trata de regalar demasiado o demasiado poco, sino lo adecuado. El punto está en que regalar es siempre algún aumento en el consumo habitual, y eso es bueno. Gastamos y consumimos más, pero para otros; y esto es lo que ocurre en la fiesta.

En fin, feliz Navidad y feliz Janucá.

*El autor es profesor de ética empresarial Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Universidad de los Andes.

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